Discursos y otros documentos del Secretario General

SESIN CONJUNTA DE LA EUROLAT Y LA AFET EN EL PARLAMENTO EUROPEO

25 de enero de 2017 - Bruselas

Buenos días a todas y todos,

Es un placer estar nuevamente en un foro Parlamentario. Tuve una breve experiencia como verificador. Hice valorar y apreciar, como también lo hice cuando era Ministro de Relaciones Exteriores, los controles y los aportes que hacen los órganos legislativos.

Desde hace varios siglos, Europa y la región de América Latina y el Caribe han mantenido estrechas relaciones facilitados por idiomas compartidos, marcados por cultura, historia común, por fuertes vínculos políticos sociales y económicos. La Unión Europea se ha convertido en el principal inversionista en América Latina. Es también principal socio comercial de todos los países, desde Alaska a Tierra del Fuego. A su vez, varios países europeos cuentan con una presencia amplia de ciudadanos latinoamericanos y caribeños que contribuyen a prosperidad y diversidad dentro del propio continente europeo.

La migración europea, por su parte, ha marcado el desarrollo de las Américas, desde los primeros tiempos y, hoy en día, esa migración no desvanece. Según informa la Organización Internacional de Migración, los flujos hoy son incluso más desde Europa hacia América Latina que en sentido inverso. Ambas regiones mantienen estrechas relaciones políticas. La gema de acuerdos es permanente entre países de la Unión Europea y los países del continente y además el apoyo sustancial, por ejemplo, como mencionaba parlamentario Jauregui al proceso de Paz en Colombia mediante un establecimiento de un fondo especial de casi 600 millones de Euros, demuestran el compromiso europeo de promover la cooperación, el desarrollo económico, la paz y la seguridad en la región. 

Hemos firmado un memorando de entendimiento en el pasado, en el 2009, la Unión Europea, en la Organización de Estados Americanos han incrementado y profundizado su cooperación. De manera periódica, organizamos diálogos políticos para discutir temas de interés común entre América Latina y el Caribe.

Estamos particularmente agradecidos por el apoyo de la Unión Europea que brinda a la OEA a lo largo de años, algunas de nuestras áreas prioritarias, como es la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para la solución pacífica de la controversia territorial entre Belize y Guatemala,; la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia (MAPP/OEA), la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH), el registro de ciudadanos y registro civil en Haití, entre otros. No vamos a compartir una lista exhaustiva, estos son algunos testimonios de profundos lazos sociales, culturales, económicos y políticos entre los dos continentes, entre las dos organizaciones sobre la base de principios y valores compartidos.

Las Américas hemos sentado la base de una visión común de los valores en los que creemos, una visión de integración, democracia, libertades fundamentales, de derechos humanos.

Hoy en día, la OEA reúne a todos los Estados independientes del continente y constituye el principal foro político de la región. Sus principios están claramente plasmados en sus documentos fundacionales. En la Carta Democrática Interamericana de la OEA se encuentran las creencias e ideales fundamentales que hemos convenido y en ella se reconoce una serie de derechos y obligaciones que permiten garantizar el bienestar básico de los países de Las Américas. La promesa y oportunidad del continente se encuentran en estos valores compartidos de la Organización.

La clave de nuestro desarrollo está en democracias cada vez más fuertes. Hemos visto como el desarrollo institucional o cuando hay un deterioro en los derechos civiles y políticos de los países, eso también tiene una seria implicación sobre los niveles de desarrollo, sobre el bienestar general de la gente, sobre el propio funcionamiento de un clima más propicio y confiable de negocios y de trabajo. El lema de campaña que presentamos para ser electos fue “Más derechos para más gente”. Esto constituye el eje fundamental de nuestro compromiso. Sigue habiendo desigualdades en la región y sus ciudadanos definitivamente han demostrado, de muchas formas, el cansancio de ser excluidos, hartos de racismos, en caso de persecución, prejuicios, de conflictos estériles. Nuestra responsabilidad es asegurarnos que los derechos consagrados en todos los convenios internacionales estén al alcance de los ciudadanos de la región. Debemos asegurarnos que haya más democracia, más derechos, más seguridad y más prosperidad para todos.

Ciertamente, existen en la región países con diferentes sistemas, con diferentes niveles de madurez política y diferentes niveles de consolidación democrática institucional; pero, en general, hoy en día tenemos gobiernos democráticos más sólidos, mejores políticas de protección social y económica y economías más integradas. Sin embargo, no podemos dar por garantido lo que hemos ganado en gobernabilidad democrática y en progreso económico, pues, la región enfrenta peligros reales. Algunos de nuestros países pasan por duras pruebas en sus sistemas democráticos.

Algunos de los desafíos económicos que tienen algunos países también afectan algunos niveles de apoyo social y de los programas de igualdad que se han generado.

Definitivamente, los principales retos y amenazas dimanan de instituciones débiles y servicios sociales deficientes, así como de la creciente demanda de la ciudadanía. Un Estado de Derecho débil y creciente inseguridad, la desigualdad y exclusión social, la polarización política, la corrupción, la erosión de los derechos humanos y políticos, los partidos políticos débiles y el cierre de espacios cívicos son solo algunos de los problemas que afectan la consolidación política en la región. La estabilidad, la prosperidad, así como la seguridad de las familias y amigos conciudadanos se ven permanentemente amenazadas en las Américas. 

Estamos en una coyuntura interesante de la historia moderna. Se observa además un creciente interés por políticas populistas en las economías más desarrolladas. Ahora que se observan crecientes tendencias hacia aislacionismo, debemos reforzar el compromiso de la Unión Europea y de la Organización de los Estados Americanos por el pluralismo, la transparencia y la capacidad de integración.

Uno de los papeles que está llamado a representar la OEA en el continente es a facilitar el diálogo para prevenir, controlar y solucionar crisis y conflictos. La OEA siempre busca, en todo caso, un esquema de trabajo positivo con todos los países. Busca generar espacios que permitan resolver esos problemas estructurales que se puedan presentar en nuestras democracias. Algunos de ellos vinculados específicamente a problemas de diálogo dentro de los sistemas políticos, a veces por una ecuación política que es perjudicial para ello como es que el cincuenta por ciento más uno es igual al cien por ciento y el cincuenta por ciento menos uno es igual a cero. Nosotros hemos trabajado desde el comienzo en hacer a los países conscientes de su responsabilidad con el Sistema Interamericano. En lo que refiere a pautas de democracia, en los que refiere a Derechos Humanos. En ese sentido, el año pasado presentamos un informe que activaba la Carta Democrática de acuerdo a su artículo 20 para el caso de Venezuela. En él, hacíamos referencia específicamente a los problemas existentes y de funcionamiento del sistema político venezolano, respecto a sus obligaciones con el Sistema Interamericano. Las mismas estaban dadas por la existencia de presos políticos, lo que consideramos que es algo afrentoso para cualquier sistema que se aprecie de ser democrático.

La existencia de presos políticos es completamente la antítesis de lo que es el funcionamiento democrático y el respeto de la libertad de expresión y de ideas y de asociación dentro de un sistema político. La cooptación de poder judicial, la falta de reconocimiento o de desconocimiento directo de los poderes del legislativo. Eso fue hace 7 meses. Debemos, como comunidad internacional, buscar soluciones definitivamente para Venezuela. Esas soluciones deben estar basadas dentro del propio sistema político venezolano. Sí, es necesario el diálogo, pero ese diálogo debe ser para resolver los problemas que hemos planteado. El diálogo es más que palabras: significa el compromiso de las partes para que las acciones den resultados que puedan observarse en un tiempo razonable. El diálogo no puede existir o es difícil que subsista cuando quienes lo defienden son encarcelados por sus ideas. La falta de diálogo es la primera señal de fracaso de un sistema político.

Debemos lograr que en Venezuela ese proceso de diálogo se transforme en una realidad fuerte de soluciones para la vida venezolana. Debemos procurar que esas soluciones sean reales, específicas, que los problemas definitivamente sean resueltos. Y debemos actuar en consecuencia. Y debemos marcar los errores cuando los mismos ocurren en esos procesos de diálogo. Y debemos marcar también los retrocesos que han tenido esos procesos. Ese proceso de diálogo que ha significado más desconocimiento para los poderes de la asamblea nacional, mayor cooptación del poder judicial, mayor cooptación del poder electoral, mayor encarcelamiento, mayor cantidad de presos políticos.

Nuestras soluciones deben ser positivas, deben ser siempre constructivas. Y deben evolucionar hacia campos que permitan soluciones específicas. Nosotros, en ese sentido, hemos participado en diferentes esquemas de trabajo en la región. Hemos apoyado el proceso y cronograma electoral en Haití, que finalmente ha logrado como resultado un Presidente legitimado por una elección muy clara. Hemos establecido un diálogo político con Nicaragua, con la expectativa de que se alcancen resultados específicos de acuerdo a los compromisos de ese país con el sistema interamericano, sin dejar de lado ninguno de los principios que tenemos a la hora de encarar estos trabajos. Hemos abordado el proceso de paz en Colombia, con una dimensión de compromiso muy fuerte que implica prácticamente duplicar y, posteriormente, triplicar la misión de acompañamiento al proceso de paz. Una misión que está involucrada en el terreno específicamente, que tiene que ver con el trabajo de las comunidades, que tiene que ver con resolver conflictos sociales, conflictos territoriales, que tiene que ver con resolver los temas de aumento de criminalidad que pueden haber en las áreas que sean abandonadas por las FARC.

Tenemos por delante muchísimo trabajo, el trabajo que estamos realizando en Honduras, como señalaba hoy, en el cual hemos eliminado la certeza a la impunidad que podía haber hace años en el sistema político hondureño. Con procesamientos muy fuertes para el caso del fraude al seguro social y manteniendo la vista sobre los procedimientos que tienen que ver con el asesinato de Berta Cáceres y el juicio y castigo a los culpables, ideólogos y autores materiales de los hechos.

La democracia y los derechos humanos en el Sistema Interamericano son la esencia de cómo hemos estructurado nuestros modelo político y nuestros modelos de vida y de nuestras sociedades. Las libertades fundamentales, los derechos humanos y la democracia no existen sólo cuando es conveniente o sólo cuando sirven de apoyo para lograr lo que queremos. Deben estar presentes siempre, debemos preocuparnos por expresar nuestras opiniones pero también porque los opositores tengan derecho a expresar sus ideas.

Los valores éticos y morales que plasmamos en la Carta Democrática Interamericana, la carta de la Organización de los Estados Americanos y la Convención Americana sobre Derechos Humanos tienen poco sentido si solamente van a pertenecer a la biblioteca o a los archivos de la organización. Tienen que ser materia disponible para ser ejecutada, para ser llevada adelante, para ser puesta en práctica por cada uno de los países de las Américas. Cuando perdemos estos valores todos perdemos, porque la sociedad entera pierde. Cuando ocurren violaciones nuestra obligación es atenderlas: no basta con palabras ni con tácticas disuasivas ni con mirar para el otro lado porque seríamos cómplices de esas situaciones que se generan.

Debemos estar preparados para actuar, en particular cuando es difícil hacerlo. Como dijera Desmond Tutu: “si eres neutral en situaciones de injusticia has elegido el lado del opresor”. Ningún país es pequeño cuando se defienden grandes principios. Todos los países pueden demostrar su compromiso con esos ideales.

La OEA y su comunidad de estados es vital para garantizar el mayor grado posible de respeto por los derechos humanos en el hemisferio, y es un elemento primordial para salvaguardar la democracia. Como Secretario General de la OEA, mi deber es promover y proteger estos valores que son la esencia de esta institución y que están arraigados en el corazón de las Américas. Como secretario General, debo representar a los gobiernos, pero también debo representar a la oposición. Debo ser la voz de aquellos que no la tienen, debo ser la voz de los más discriminados, debo ser la voz de quienes sufren la desigualdad y la falta de protección de sus derechos. Y debo ser el más aguerrido defensor de estos derechos.

José Antonio Marina afirma que “la razón por la que fracasan nuestras sociedades es porque creamos sociedades injustas”. La democracia carece de sentido si no nos comprometemos a trabajar todos los días por ella. Si no damos igual acceso a derechos. Si mantenemos a las sociedades de las Américas entre las más desiguales del mundo nunca podremos lograr que funcione adecuadamente la democracia.

Esa es la razón por la que asumí este puesto. Asumí el compromiso de asegurar que en las Américas podemos lograr más derechos para más gente. Y vuelvo a mi razón de ser: “más derechos para más gente”, la desigualdad en la distribución del ingreso, el acceso a bienes o servicios básicos negados y cuando la justicia constituye un factor constante que incide directamente en el pleno goce de los derechos políticos, económicos, sociales y culturales.

Los derechos humanos son esenciales cuando se habla de igualdad. La promoción y protección de los derechos humanos es condición fundamental para la existencia de una sociedad democrática. Y la democracia sólo se consolida cuando se reconoce la importancia, el continuo desarrollo y fortalecimiento del Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Es nuestro deber como líderes políticos, diplomáticos, sociedad civil y ciudadanos de las Américas lograr mayor igualdad para nuestros pueblos.

Otro desafío importante que tenemos por delante en este tiempo es la lucha contra la corrupción. Además de minar la confianza en los gobiernos, la corrupción incide en la economía, incide en la totalidad del sistema político. La lucha contra la corrupción es parte del ejercicio democrático del poder consagrado en la OEA, y es prioridad para todos los Estados Miembros. Este también ha sido un tema de interés desde el principio de mi gestión en la organización. La corrupción entre los políticos ha llevado a que los ciudadanos de toda la región tomen las calles para demandar transparencia y al fin de la corruptela y la impunidad. Lo hemos visto en Honduras, lo hemos visto en Brasil, lo hemos visto en muchos de los países de las Américas. El Mecanismo de Seguimiento, la Convención Interamericana, la propia misión de acompañamiento contra la corrupción y la impunidad de Honduras es un nuevo mecanismo que lleva más allá lo que es el papel de la OEA en combatir la corrupción.

Hoy Latinoamérica es totalmente diferente a lo que era hace treinta años. Los valores compartidos y el compromiso también compartido con la transparencia, la democracia y la cooperación nos definen como continente. Ya sea que se trate de defender los derechos humanos, combatir la corrupción o trabajar por la paz y la reconciliación, todos estos objetivos conforman una visión común y compartida a las Américas. Este es el papel de la Organización de los Estados Americanos. Es un foro para el diálogo constructivo, que nos impulsa hacia el logro de la visión que todos hemos expresado, que compartimos y queremos para nuestras Américas, y con lo que estamos todos comprometidos e involucrados.

Muchas gracias