Discursos

MIGUEL ANGEL RODRÍGUEZ ECHEVERRÍA, SECRETARIO GENERAL DE LA ORGANIZACION DE LOS ESTADOS AMERICANOS
EN LA ORGANIZACIÓN PANAMERICANA DE LA SALUD

27 de septiembre de 2004 - Washington, DC


Director General de la Organización Mundial de la Salud, Dr. Lee Jong-Wook
Directora de la Organización Panamericana de la Salud, Dra. Mirta Rosés
Señoras y Señores Ministros de Salud de las Américas
Señoras y Señores

Constituye para mí un gran honor poder dirigirme a ustedes en esta cuadragésima quinta (45) Sesión del Consejo Directivo de la Organización Panamericana de la Salud en la que ustedes analizarán la situación de la salud en nuestra región y adoptarán decisiones de la mayor importancia para abordar los retos que todos nuestros países enfrentan en el campo de la salud pública.

Me siento particularmente honrado por esta oportunidad que me están dando. Esto es una muestra más del renovado espíritu de cooperación y coordinación que todos deseamos que impere en las relaciones entre las distintas organizaciones interamericanas. Igualmente hemos tenido a la Dra. Rosés representando a la OPS en recientes reuniones del Consejo Permanente de la OEA y en reuniones de directores de las agencias hemisféricas, y seguramente contaremos nuevamente con su presencia en futuras oportunidades. La señora Directora siempre ha estado presta y dispuesta, lo cual agradezco.

Es muy grato iniciar estas palabras felicitando y haciendo un reconocimiento muy especial a la importante labor que OPS ha venido desarrollando para mejorar la salud y el nivel de vida de las personas de nuestro continente por más de 100 años, lo cual la hace ser el organismo internacional especializado en salud más antiguo del mundo. Esta organización ha evolucionado continuamente, y ha diseñado estrategias y enfoques pragmáticos para hacer frente a los desafíos presentes y futuros. Muchas veces desarrollando una labor callada, para llevar la salud a los que la necesitan, lo cual da pie para grandes reconocimientos. Sin embargo, lo más importante no son los reconocimientos con pompa y circunstancia, sino ese agradecimiento sincero del indígena del altiplano de algún país sudamericano que ha sido tratado del cólera, o el pescador de algún país hermano del caribe que se ha beneficiado de un programa de prevención del VIH/SIDA, o la madre cuyo hijo ha sido curado de dengue o tantos otros que han sido tocados por la mano amiga de la OPS.

Ustedes, que con una gran vocación desarrollan la noble labor de doctores, lo saben mejor que nadie: lo verdaderamente importante y a lo que nos debemos es el ser humano, cuya libertad y dignidad reclaman una alta calidad de vida. Muchas veces nos perdemos en la maraña de las estadísticas y los números, y olvidamos que estos representan personas y sus circunstancias.

Esos números tienen un rostro y las tareas de Uds., señoras y señores ministros, y de la OPS nos recuerda constantemente que la salud es un derecho humano fundamental. Las enfermedades, la pobreza, la desnutrición, y tantos males que nos aquejan son de carne y hueso. Sabemos que todavía hay mucho por hacer. Por ejemplo, el Banco Mundial en su informe anual sobre Financiamiento para el Desarrollo, en el cual enfocan particularmente la necesidad de maximizar los beneficios de los ciclos positivos de crecimiento haciendo inversiones que puedan sentar las bases para un crecimiento económico sostenido, destaca la importancia de la inversión en infraestructura para resolver problemas como el hecho de que más de un billón de personas en el mundo carecen de agua potable, o que 2.4 billones de personas no tienen acceso a condiciones de salubridad adecuada.

Si bien es cierto que nuestra región no es la que padece los problemas más agudos en este campo, no estamos en una situación óptima. Un ejemplo de ello son los más de 2 millones de personas en América Latina y el Caribe que están viviendo con el flagelo del VIH y que no obstante grandes avances en muchos de nuestros países la epidemia continúa creciendo, particularmente en Centroamérica y en el Caribe. Ustedes han reconocido la urgencia de abordar el tema y por ello deseo felicitarlos y al mismo tiempo agradecerles por los esfuerzos que están haciendo para reducir el impacto de esta devastadora enfermedad. Es importante destacar que el porcentaje de cobertura que se ha logrado tener en América Latina y el Caribe es el más alto entre las distintas regiones y a través de la implementación de la iniciativa “3 por 5” estamos esperanzados que se expanda el número de personas recibiendo tratamiento antiretroviral a 600,000 para el año 2005. Pero aún alcanzando esta alta meta quedará mucho por hacer en este campo.

Señoras y Señores,

Tanto la OPS como la OEA tenemos la gran responsabilidad y al mismo tiempo el gran reto de lograr una mejor América a través de cooperar con y entre los gobiernos para incrementar la calidad de vida de las personas que viven en nuestra región. No las podemos defraudar. Y, aunque lo hacemos desde ángulos distintos, debemos trabajar incansablemente para alcanzar los más altos ideales de libertad, desarrollo, paz, justicia y solidaridad para esta nuestra América. Para ello, he propuesto en la OEA que trabajemos con especial énfasis en las cuatro áreas de Derechos Humanos, Democracia y Resolución de Conflictos, Desarrollo Integral y Lucha contra la Pobreza y en los aspectos multidimensionales de la Seguridad.

En todos esos temas indudablemente la OPS puede y debe estar presente. De hecho, ya hay muchas iniciativas y actividades en las que nos apoyamos mutuamente, así como esfuerzos en los que participamos conjuntamente con otras organizaciones, como es el caso del grupo de Trabajo Conjunto de Cumbres de las Américas que coordina el apoyo institucional al seguimiento de los Mandatos de las Cumbres, o la Agenda Ministerial de Salud y Medio Ambiente apoyando la celebración de de la reunión especial de Ministros de Salud y Ambiente, o en el Comité Interamericano para la Reducción de los Desastres Naturales, tema que en estos momentos reviste de la máxima importancia. Este es un tema que desafortunadamente es recurrente todos los años y todos los años traen consigo alguna tragedia. Es por ello que debemos intensificar nuestra unificación de esfuerzos para lograr una estrategia de reducción de la vulnerabilidad y mitigación de los efectos de los desastres naturales.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA ha realizado en conjunto con la OPS varios seminarios muy exitosos en toda la región sobre el tema de salud y derechos humanos, y la OPS tiene con nuestra Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas proyectos conjuntos de prevención así como de tratamiento de los daños atribuibles al abuso de substancias. La OPS también ha participado en las reuniones de Ministros de Turismo que se dan en la OEA para colaborar en el abordaje de problemas como el SARS o la intoxicación en los cruceros. Así como éstas, tenemos muchas otras áreas de contacto que esperamos continuar fortaleciendo aún más y en las que nos proponemos lograr tener una acción cooperativa más coordinada y de mayor impacto.

Señores y señoras,

Otro importante tema que deseo particularizar ya que ustedes, durante esta sesión del Consejo Directivo, recibirán un informe sobre él, es la iniciativa sobre Salud y Seguridad Ocupacional en la Conferencia Interamericana de Ministros de Trabajo que se realiza bajo los auspicios de la OEA. Este es un tema que los Ministros de Trabajo han identificado como prioritario y así ha quedado claramente reflejado en todas sus Declaraciones. Todos nos preocupamos porque muchas veces las declaraciones no se transforman en acción. En este caso no ha sido así y para ir avanzando en el proceso hemos contado con el valioso concurso de la OPS. Esta alianza estratégica entre OPS y OEA se ha venido traduciendo en acciones concretas dirigidas a la prevención de accidentes y enfermedades ocupacionales y la promoción del bienestar y la calidad de vida de los trabajadores.

Dentro de ese contexto, un esfuerzo digno de destacar, ya que puede ser replicado por otras regiones, es la iniciativa del Centro Regional de Salud y Seguridad Ocupacional en Centroamérica. Este programa, que recibe apoyo de la OEA y que ha contado con el permanente acompañamiento de la OPS, ha colaborado con los países centroamericanos y República Dominicana para reducir la incidencia de accidentes y enfermedades relacionados con el trabajo, así como para fortalecer las capacidades de los Ministerios de Trabajo y otros organismos locales que actúan en procura de la seguridad y salud en el Trabajo.

Un aspecto que es de la mayor importancia para la región y que ustedes también abordarán como uno de los puntos centrales de esta reunión es el de la reducción del impacto de los desastres naturales. En estos últimos días hemos visto como pueblos hermanos, particularmente del Caribe, han sido devastados por las fuerzas de la naturaleza. Hace unas semanas eran Florida en los Estados Unidos y los países del caribe angloparlante, Bahamas, Jamaica, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía y Granada, donde el 90% de las construcciones, incluyendo hospitales y centros de salud, fueron dañadas severamente y más recientemente otros Estados de los Estados Unidos, República Dominicana, Gran Caimán y Haití, donde no podemos dar la espalda a lo que está pasando en Gonaives. En Haití han muerto más de dos mil personas y hay más de mil desaparecidos; más de un cuarto de millón de personas se ha quedado sin vivienda. La situación es crítica en términos de la epidemia que puede desatarse debido a la falta de agua potable y la contaminación que ya se ha generado.

Desafortunadamente, si de algo podemos estar seguros es que habrán desastres naturales, y es por ello que debemos apoyar a los países volcando nuestra acción cooperativa en el desarrollo e implementación de proyectos de prevención, de reducción de la vulnerabilidad y de mitigación de desastres naturales. Por ejemplo, algo en lo que podemos trabajar y que ha probado ser muy efectivo para reducir el nivel de la tragedia humana, es la aplicación adecuada de normas de construcción de las viviendas y su ubicación, así como medidas de evacuación temprana.

Además de accidentes de trabajo y desastres naturales, hay otros temas como los accidentes de tránsito, la violencia intra-familiar, y la criminalidad, que se suman a ellos para colocarnos en América en una triste situación de enorme pérdida de vidas y constituyen no sólo un problema de salud pública y por ende de desarrollo, sino que incluso afectan la nueva concepción de la seguridad.

Para analizar y abordar desde esta perspectiva estas y otras situaciones que atentan contra el ser humano, es que hemos creado en la OEA un Departamento de Seguridad Multidimensional. Con ello, hemos querido responder más a la realidad que nos toca vivir y alejarnos un tanto del tradicional concepto de seguridad, que giraba primordialmente alrededor de conflictos entre Estados. Consideramos que hay que expandir el espectro y ser más incluyentes. Debemos tratar el tema también bajo el punto de vista de la seguridad humana, la cual tiene múltiples dimensiones. Por ello, nuestro Departamento de Seguridad Multidimensional, conjuntamente con el de Desarrollo Integral, deberán trabajar con la OPS y otras instancias para generar conocimiento y conciencia sobre estos temas, y así promover acciones específicas tal como Uds. han ayudado a hacer en los campos de accidentes de trabajo y desastres naturales.

Señoras y señores,

Nuestras Organizaciones no pueden ser indiferentes ante estas situaciones, así como ante el subdesarrollo y la pobreza. Estamos llamados a apoyar a los países en sus esfuerzos de lograr un mayor bienestar para sus ciudadanos y lo tenemos que hacer con un gran espíritu de solidaridad, que debe ser el valor esencial de nuestra convivencia. Es por ello que nos hemos propuesto una mayor coordinación entre todas las agencias internacionales que trabajan afanosamente en lograr que nuestros países avancen en su desarrollo y superen la pobreza. En este esfuerzo la OPS juega un papel fundamental y estoy muy agradecido con la Doctora Mirta Rosés por la convicción y compromiso mostrado frente a éste planteamiento.

Quiero finalizar haciendo una reflexión y un llamado muy especial en favor de un país hermano que nos plantea un gigantesco desafío a la conciencia moral de las Américas. Me refiero a Haití, donde encontramos reflejado el dolor de la pobreza con toda su descarnada dureza. No podemos ser ajenos al sufrimiento de su gente. El sitio en Internet de la OPS nos pone ese sufrimiento en duras cifras: 109,6 por mil de mortalidad infantil de menores de 5 años, esperanza de vida al nacer de 50 años, menos de la mitad de la población general tiene acceso a agua potable, menos de la mitad de la población de hasta un año de vida está vacunada contra tuberculosis, o poliomielitis, o dpt, o sarampión y menos de una cuarta parte de los partos son atendidos por personal calificado. Debemos de tener un compromiso firme de apoyar a la población de Haiti, tanto en los retos de corto plazo, como lo es la situación en Gonaives, como para los de mediano y largo plazo. La situación en Haití requiere de un prolongado apoyo de gran magnitud. Deben lograrse cambios estructurales que les permitan alcanzar un desarrollo integral sostenible, para lo cual nuestras organizaciones están llamadas a ejecutar tareas, a “hacer las cosas”, claro, de la mano con el gobierno para que éste pueda luego institucionalizarlas. La OPS puede convertirse en gran brazo ejecutor de programas como el propuesto por Costa Rica en diciembre de 2003, para ayudar a levantar los terribles índices de salud que en Haití se sufren.

Todos somos parte de un mismo continente, de esta gran América y no podemos dejar de tender una mano amiga a un país que está sufriendo y es el más pobre de nuestro hemisferio. Sólo si somos solidarios con Haití, -como en el campo de la seguridad y el acompañamiento hacia la plena democracia lo están siendo las naciones del CARICOM y de América Latina tomando en sus manos responsabilidades como nunca antes-, podremos exigir a la conciencia universal solidaridad con nosotros en campos como la cooperación internacional, el financiamiento al desarrollo y la apertura comercial a los productos como los agrícolas y los intensivos en mano de obra en los cuales tenemos ventajas competitivas.

Por ello les pido Señoras y Señores Ministros de Salud de las Américas, que consideren dentro de sus deliberaciones, la posibilidad de apoyo urgente, así como el de mediano y largo plazo, para Haití. Yo sé, reconozco y agradezco lo mucho que Uds., sus gobiernos, sus organizaciones de voluntariado y la OPS están haciendo. Pero nuestro reto es gigantesco, y estamos llamados a una acción efectiva, práctica y urgente.

Señoras, señores,

Para abordar estos y otros desafíos, creo que podemos ser creativos y aprovechar las capacidades y experiencias aprendidas por parte de los distintos países. La solidaridad es un valor fundamental.

Debemos trabajar intensamente desde la Península de Boothia hasta Tierra del Fuego, en tierra firme, así como en el Caribe insular para lograr un hemisferio con menos padecimientos, con menos violencia y crimen, con menos muertes e incapacidades por accidentes de trabajo y de tráfico, con menos pérdidas de vidas humanas y destrucción como resultado de los desastres naturales, con menos epidemias. Nuestro sueño para este siglo XXI debe ser un hemisferio con mayor bienestar para todos y todas.

Para ello es nuestra tarea colaborar con acciones concretas y efectivas, a crear en América una esperanza realista en el progreso y el bienestar.

Les deseo muchos éxitos en sus deliberaciones durante este cuadragésimo quinto Consejo Directivo.
Muchas gracias.