Discursos y otros documentos del Secretario General

"CARTA DEMOCRTICA INTERAMERICANA", CLUB DE MADRID

10 de septiembre de 2021 - Washington, DC

Conmemoramos el vigésimo aniversario de la firma de la Carta Democrática Interamericana.

La Carta Democrática fue concebida como un instrumento jurídico y de diplomacia preventiva en caso de posibles rupturas del orden democrático, ya sea por medio de un golpe militar clásico, que conocíamos muy bien en nuestra región, o bien por las acciones de presidentes que arribados al poder a través del voto pudieran no obstante usar ese poder para alterar el orden constitucional o quebrarlo, destruyendo las instituciones democráticas.

Fue firmada en Lima, precisamente, porque el Perú de la década de 1990 había sido un caso de texto de nueva forma de autoritarismo.

La OEA condenó en 1992 cuando se disolvió en Perú el Congreso, se suspendió la Constitución y se desmanteló el Poder Judicial destituyendo más de cien jueces y fiscales por parte de Alberto Fujimori.

La OEA condenó el golpe y exigió el retorno al ordenamiento legal democrático. Brasil, Costa Rica y Argentina retiraron sus embajadores. Argentina y Chile solicitaron la suspensión de Perú de la OEA, Panamá y Venezuela rompieron relaciones diplomáticas y el expresidente Alan García se exilió en Colombia.

Estos ejemplos ilustran que se trataba de una dictadura, pura y dura. Cuando se convoca a una Constituyente para una nueva Carta Fundamental que fue aprobada por medio de un referéndum, el gobierno se basó en la censura, la intimidación de jueces y periodistas, la corrupción y las masivas violaciones de derechos humanos, las más conocidas fueron las masacres de Barrios Altos y La Cantuta.

Desafortunadamente muchas de estas cosas se repiten hoy en otros lugares del hemisferio. La respuesta que dimos a la crisis peruana entonces nos enseña la importancia del multilateralismo: que ninguna crisis democrática es una materia exclusiva jurisdicción nacional.

La Carta de la OEA también es clara, a veces se acusa a la Carta Democrática de ser intervencionista o injerencista, nada más lejos de la realidad. El artículo 1º refiere claramente a los asuntos de exclusiva jurisdicción domestica de los Estados, la defensa de la democracia y de los derechos humanos no son jurisdicción absoluta y exclusiva de los Estados, la complementariedad internacional siempre está ahí.

La Carta Democrática fue nuestra respuesta, al tiempo que una elección de creatividad y desafíos desconocidos exigen innovaciones institucionales.

Con frecuencia nos hemos referido a la Carta Democrática como “La Constitución de las Américas”. Es más que una metáfora, pues la Carta es un tratado, una resolución aprobada voluntariamente por todas las naciones del hemisferio. “Los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla”, dice el artículo primero.

Es un compromiso de los gobiernos con los pueblos: asegurar la democracia porque es un derecho de los pueblos. Solo en eso y desde su propio comienzo, nuestra Carta Democrática es única.

Así, el articulo 3º especifica exactamente qué es la democracia: “Son elementos esenciales de la democracia representativa, entre otros, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al Estado de Derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos”.

Recientemente la opinión consultiva emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos agrega que la democracia también requiere alternancia en el poder, en tanto la reelección indefinida no es un derecho humano.

No hay lugar para la ambigüedad. Como se la vea, los componentes de una democracia que funciona están allí. Las piezas de un orden político que verdaderamente merezca ser llamado “democracia” están a nuestra vista. Cualquier cosa que difiera de ello no es democracia.

La Carta Democrática es sabia es un muy buen instrumento, un excelente instrumento. Nos recuerda que, por definición, los derechos humanos descansan sobre un conjunto de pactos y tratados internacionales, obligaciones entre Estados que a menudo son incorporados en sus legislaciones nacionales. Todo lo cual supone un cierto grado de delegación de los Estados en el sistema internacional; en nuestro caso, en el Sistema Interamericano y así lo dice el último de los considerandos, esto forma parte de la evolución del derecho, del derecho internacional y del propio Sistema Interamericano.

La Carta ha sido criticada muchas veces, la Carta es una verdadera Constitución de las Américas y ha sido criticada porque ha sido violada, pero eso es como criticar el Código Penal porque todavía hay criminales, o criticar la constitución de un país porque hay alguien que la viola.

Eso no es un racionamiento lógico, no es algo conducente a lo que significa este documento, que es un documento del deber ser y ojalá todos los Estados, todos los gobernantes y todos los actores políticos estuvieran agarrados a ese deber ser. Ojalá todos sujetaran mucho más fuerte los principios contemplados ahí, que es su propia ideología.

La Carta subraya que nadie puede invocar la soberanía para destruir la democracia y violar los derechos humanos. Pues en ella, esa porción de la soberanía es libre y voluntariamente transferida y representada por los compromisos que hemos decidido observar y complementar. Así lo hemos hecho porque los crímenes masivos y las violaciones graves a los derechos humanos son una amenaza a la paz y la seguridad y en este caso, a la paz y la seguridad regional.

Como en todo régimen internacional, la reciprocidad es el principio fundante de la Carta Interamericana y la estabilidad es el producto de las normas compartidas y la mutua fiscalización. De este modo, los Estados tienen incentivos racionales de aceptar los trabajos, los mecanismos y el arreglo supranacional que supone la Carta Democrática en los mecanismos previstos entre los artículos 17 al 21.

Tenemos que proteger la democracia, la Carta es el mejor instrumento para defender la democracia que existe. Está clara la normativa, están claros los mecanismos y está claro que si nosotros tenemos el compromiso de defenderla y promoverla, la Carta va a funcionar. Ojalá que cada gobierno y cada institución en cualquier parte del hemisferio esté siempre en esa sintonía y esté sintonizado a la Carta Democrática Interamericana.

Necesitamos más democracia para resolver la crisis o los problemas que enfrentamos, la Carta Democrática es fundamental al respecto.

Cada gobierno debería leerla con cuidado y estudiarla para recordar que el Sistema Interamericano del cual hablamos todo el tiempo es un sistema de democracia y de derechos humanos, que tienen responsabilidades al respecto. La Carta le da el derecho de la democracia a los pueblos de las Américas, estos son requisitos de membresía.

Hoy tenemos que trabajar con más ahínco para poder satisfacer estos requisitos, cada uno está obligado por estos requisitos, cada uno está obligado por estos elementos esenciales y los instrumentos que pone a disposición la Carta, que recoge exactamente los temas de las Misiones de Observación Electoral, que son un Instrumento esencial para proteger y promover la democracia en el hemisferio.

Muchas gracias.