Discursos y otros documentos del Secretario General

IV REUNIN DE AUTORIDADES RESPONSABLES DE LAS POLTICAS PENITENCIARIAS Y CARCELARIAS DE LOS ESTADOS MIEMBROS DE LA OEA

3 de febrero de 2020 - Santo Domingo, Repblica Dominicana

Señor presidente de la República Dominicana, Danilo Medina Sánchez; excelentísimo ministro de Relaciones Exteriores, Miguel Vargas Maldonado Moreno; distinguido Procurador General de la República Dominicana; señores ministros, viceministros, me complace poder compartir con ustedes esta sesión inaugural de la Cuarta Reunión de Autoridades Responsables de las Políticas Penitenciarias y Carcelarias de los Estados Miembros de la Organización de Estados Americanos. Agradezco la oportunidad de poder pronunciar estas palabras, a modo de inicio.

En primer lugar, quiero agradecer el compromiso de la República Dominicana con el sistema interamericano. República Dominicana es un país absolutamente respetuoso de los derechos humanos, un defensor de la democracia, un fomentador del diálogo regional. Todos estos valores y principios fundamentales son esenciales en nuestro trabajo y, por lo tanto, tener a República Dominicana como miembro fundamental de la Organización de Estados Americanos, comprometido con la realización de los pilares fundamentales de la Organización y la realización de este evento, transforma este acto en un profundo honor para la Organización de Estados Americanos.

Respetados ministros y ministras, jefes de las delegaciones que nos acompañan, estimadas autoridades y funcionarios del Estado Dominicano, apreciado público presente y representantes de la sociedad civil, reciban todos ustedes un muy cordial saludo.

Luego de casi ocho años de la última reunión, quisiera reconocer y felicitar públicamente al gobierno de República Dominicana por la iniciativa de reactivar este foro de alto nivel. Me satisface enormemente que el tema elegido para esta reunión sea la humanización de la privación de la libertad; esta consigna cobra especial relevancia en un contexto en donde se han hecho cada vez más fuertes los reclamos de la ciudadanía.

Hablar de humanizar la privación de la libertad en este contexto requiere de coraje y de convicciones bien arraigadas, que van más allá de la visión cortoplacista y del cálculo político-electoral. Es encomiable que el Plan de Humanización del Sistema Carcelario de la República Dominicana no se trata únicamente de un relato de buenas intenciones, sino que viene acompañado de decisión política y de los recursos necesarios para su implementación.

Lo dije en la Séptima Reunión de Ministros en Materia de Seguridad Pública de las Américas, celebrada en octubre del año pasado en Quito, Ecuador, y lo vuelvo a repetir en este cónclave: no podemos hacer seguridad criminalizando los problemas sociales; no podemos hacer seguridad pensando únicamente en el control y la represión del delito, sobrecargando y sobre responsabilizando a las policías; no podemos hacer seguridad y pretender reducir el delito abarrotando cárceles.

El problema del delito no se soluciona vía el encarcelamiento y la construcción de más recintos penitenciarios. Estas medidas inhabilitan temporalmente a quienes cometieron delitos y pueden llegar a disuadir el comportamiento delictivo de otros, en la medida en que exista la percepción y la certeza de la pena. Sin embargo, dado el funcionamiento de nuestros sistemas de justicia penal y los altos niveles de impunidad, el potencial efecto disuasivo de la pena muchas veces ha quedado trunco.

La consigna de humanizar la privación de la libertad en la región es integral y puede concebirse desde cinco aristas:

1. Contar con infraestructura adecuada, salubre y libre de hacinamiento;
2. Tener la capacidad para satisfacer necesidades y servicios básicos, desde un enfoque diferenciado;
3. Profesionalizar y brindar apoyo y asistencia al personal penitenciario;
4. Hacer valer un enfoque y una práctica basada en el respeto de los derechos, y
5. Creer en el potencial humano y la redención de las personas recluidas, poniendo un mayor énfasis en la posibilidad de cambiar conductas y en la reintegración.

Todas estas aristas serán abordadas a lo largo de la Cuarta Reunión de Autoridades Responsables de las Políticas Penitenciarias y Carcelarias que hoy y mañana nos tiene congregados aquí en Santo Domingo.

Una perspectiva de humanización de la privación de la libertad nos invita a centrarnos en la persona, tanto en los funcionarios como en los reclusos. Nos invita, también, a concebir la pena no únicamente como un castigo o como una manera de resarcir a la sociedad por los daños causados, sino también como una oportunidad para transformar y despertar el potencial humano de las personas recluidas.

Desafortunadamente, un elemento común de las prisiones en la región es la composición de la población penitenciaria. Está compuesta, mayoritariamente, por gente joven, no blanca, de nivel socioeconómico humilde con bajos niveles de escolarización, sin acceso a oportunidades o con ínfimas posibilidades de movilidad social ascendente. La discriminación y el racismo se encuentran fuertemente arraigados en las instituciones de nuestro sistema interamericano, incluyendo las que conforman los sistemas de justicia penal.

El desafío para los sistemas penitenciarios es enorme. Directores y comisionados enfrentan enormes retos, día a día, de la gestión penitenciaria, incluyendo situaciones de violencia y corrupción. También tienen que lidiar con limitaciones presupuestarias, de infraestructura, equipamiento y de personal. Y a esto se suman otros desafíos más estructurales.

El núcleo central de los sistemas penitenciarios son los seres humanos por eso es que la humanización de la privación de libertad es esencial. El elemento fundamental de la gestión penitenciaria es la gestión de seres humanos, tanto de funcionarios como de reclusos.

Este enfoque humano nos permite, entonces, enfocarnos en la profesionalización del servicio penitenciario y en la rehabilitación y reinserción de las personas privadas de libertad. Esto involucra, al menos, cuatro enfoques complementarios: el enfoque de sustentabilidad, el enfoque de derechos humanos, el enfoque diferenciado y el enfoque de desarrollo de capacidades.

Quisiera enfocarme en el cuarto: en el enfoque de desarrollo de capacidades. Por el lado de los funcionarios penitenciarios, se trata de impartir una capacitación adecuada a las funciones generales y específicas que desempeñan, ofrecer cursos continuos de formación, brindar condiciones dignas y seguras de trabajo y desarrollar las capacidades interpersonales. Son estas capacidades las que contribuyen al establecimiento de relaciones profesionales positivas y humanas entre el personal penitenciario y las personas recluidas.

Por el lado de las personas privadas de libertad, el enfoque en el desarrollo de capacidades es lo que permite generar oportunidades que satisfagan las necesidades individuales, aquellas que en el momento, probablemente, llevaron a la comisión de delitos, así como a las necesidades de la comunidad: empoderan, mejoran la autoestima y posibilitan la resignificación como persona. Porque, una vez cumplida la pena, si la persona no tiene capacidades ni herramientas para poder elegir y tomar decisiones, se trata de una libertad limitada. Es desde este enfoque desde donde podemos pensar en una efectiva reinserción de las personas recluidas.

Esta consigna de humanización con la que República Dominicana nos recibe para guiar estas discusiones de los próximos dos días, nos inspira a seguir adelante con la elaboración de una estrategia interamericana para el fortalecimiento de los sistemas penitenciarios. Aprovecho para pedirles, en este espacio, que nos acompañen en ese proceso de modo tal, que la estrategia se convierta en un instrumento útil, que permita guiar las decisiones y los cambios que debemos realizar para humanizar, dignificar y transformar el concepto y la práctica del encierro en la región.

Espero que hagan de este foro un espacio de encuentro, de intercambio y de aprendizaje; que los inspire y los invite a innovar. Agradecemos los esfuerzos que se lleven adelante, lo que ha desarrollado República Dominicana, la Cancillería, la Procuraduría General, para realizar este evento.

Celebro el hecho de las reuniones anteriores de Ministros de Seguridad Pública, que constituyen un paso importante previo a esta reunión.

Los invito a que le demos continuidad a estas reuniones de autoridades penitenciarias y carcelarias y que no dejemos pasar tantos años para la próxima reunión. Son muchos los desafíos, es mucho el trabajo que tenemos por delante; este es un espacio de apoyo, de aliento y de referencia para acompañarlos en esa compleja y subvalorada tarea que cada uno de ustedes desempeña.

Les deseo el mayor éxito en estos días. Les deseo que esta reunión sea importante para los puestos de trabajo que ustedes ocupan, para nuevas posibilidades de colaboración. Que se lleven nuevos aprendizajes y experiencias novedosas que dignifiquen y transformen la vida de las personas que se encuentran a su cargo, por medio del desarrollo de sus capacidades.

Agradezco, una vez más, al gobierno de la República, a su Presidente, a su Canciller y al Procurador General por haber hecho posible esta reunión, por haber posicionado nuevamente estos temas en la agenda hemisférica y por brindar un nuevo paradigma con el cual abordar los temas penitenciarios en la región: el tema de la humanización de la privación de la libertad.

Muchas gracias a todos y a todas por su atención.