Contenido Caracterización

Mejores prácticas

Los resultados de la investigación de campo sugieren que una gran parte de la cuenca —tal vez debido a su historial de huracanes, sequías e inundaciones— responde de manera relativamente adecuada durante las emergencias generadas por los fenómenos extremos de variabilidad climática. Por supuesto que se dan excepciones, pero debido a este historial se han instaurado estrategias de protección a nivel de los hogares y las comunidades hasta el punto en que todos estos sucesos, excepto los más extremos, se manejan de manera acertada.

Las excepciones se dan en las comunidades más pobres, sobre todo en las rurales, donde los fenómenos como inundaciones y sequías no sólo generan problemas porque sus fuentes acuíferas son más precarias y están menos protegidas, sino también porque carecen de la infraestructura de transporte y salud que tiende a reducir los efectos de los desastres. Para las poblaciones rurales pobres la manera de sobrellevar estos problemas se basa casi exclusivamente en dos estrategias principales: migrar y recurrir a la ayuda de terceros.
En la mayoría de los casos, la mitigación de la pobreza reduce el impacto de los fenómenos climáticos extremos sobre las poblaciones humanas, en particular en lo que se refiere a la calidad y el abastecimiento de agua. La planificación participativa integrada tiende a tener más éxito en este sentido, además de ser menos costosa y menos conflictiva. La planificación para mitigación de desastres es parte integral de la planificación para el desarrollo y no se puede abordar de manera aislada.

Más específicamente para los propósitos de la IS/DWC, la investigación de campo puede ofrecer sugerencias de la parte más poblada de la CRSJ que, en muchos sentidos, está en mayor riesgo. Es en las regiones más áridas (la Zona I y la porción meridional de la Zona II) donde son más evidentes las “mejores prácticas” a nivel de los hogares y comunidades:

  • Es común el uso de tanques y cisternas para almacenamiento, así como la recolección de agua.
  • Se usa extensamente la cloración de estos depósitos, se capacita al personal de los centros de salud y se dispone de las sustancias químicas necesarias.
  • Se pueden perforar pozos a profundidades mucho mayores que los excavados a mano. En consecuencia, la fuente acuífera es más confiable y las posibilidades de que se contamine son mucho menores.
  • Los pozos perforados están sellados y no abiertos y los brocales o cabezales se elevan por encima de los niveles normales de las inundaciones, lo que reduce las posibilidades de contaminación.
  • Los pozos se ubican de tal manera que se eviten las fuentes de contaminación, como letrinas y corrales.
  • Los ganaderos tienen acceso a tierras en las montañas con más forraje y agua, a los cuales trasladan su ganado durante las sequías intensas.
  • Los agricultores emplean variedades resistentes a las sequías o a las inundaciones y ajustan los ciclos de siembra según las predicciones meteorológicas.
  • Las relaciones entre el manejo forestal y el volumen y calidad de las fuentes acuíferas se están haciendo más evidentes. Como resultado, cada vez más hogares y comunidades están adoptando medidas de protección de los bosques y reforestación como formas de protección de sus fuentes acuíferas.
  • Asimismo, se están comprendiendo mejor las relaciones entre la pureza del agua y la salud. Por lo tanto, las escuelas y organizaciones de servicio comunitario están “adoptando” secciones de arroyos y ríos y haciendo esfuerzos para conservar la vegetación ribereña y mantenerlos libres de suciedad, basura, etc.
  • Las comunidades se están dando cuenta del valor de los esfuerzos por atender a sus propias necesidades. Con grados variables de éxito, han integrado comités de aguas comunitarios y municipales para enfrentar los problemas de calidad y cantidad de agua.
  • Las industrias, ya sean mataderos, plantas de procesamiento de lácteos o cítricos u hoteles turísticos, tienen sus propios pozos perforados y tanques de depósito que les permiten sobrellevar la mayoría de las sequías.
  • Gran parte de la población de la CRSJ se concentra en grupos semiurbanizados , donde hay instituciones gubernamentales encargadas de suministrarles agua potable.
  • Estas instituciones distribuyen agua potable mediante camiones cisterna cuando la sequía alcanza niveles suficientes para generar problemas de abastecimiento, y reducen así las probabilidades de que algunas porciones de la comunidad recurran a los ríos y arroyos contaminados y a las aguas estancadas como fuentes de agua potable.
  • Estas instituciones pueden racionar el agua durante sequías extremas, y de hecho lo hacen.
  • Estas instituciones cuentan con presupuesto y personal para proteger sus fuentes acuíferas en lo que se refiere al mantenimiento de los sitios, reforestación y conservación forestal.
  • Una institución organizada que presta servicios de salud tiene una mejor capacidad de manejar las actividades relacionadas con la vigilancia del agua, cloración, fumigación y otros servicios de extensión que se requieren durante las emergencias.
  • Estas instituciones también tienen comisiones locales y comunitarias de emergencia que ayudan a prevenir y responder ante emergencias.

Muchas instituciones gubernamentales que tienen presencia en la CRSJ participan cuando surgen emergencias generadas por sequías, inundaciones o huracanes. Además de los dos ministerios de ambiente (el MINAE en Costa Rica y el MARENA en Nicaragua), las compañías de suministro de agua (AyA en Costa Rica y ENACAL en Nicaragua) y las organizaciones de la salud (los SILAIS en Nicaragua y los EBAIS en Costa Rica) desempeñan papeles importantes para la prevención y mitigación de los efectos de las emergencias generadas por la variabilidad climática. Sin embargo, hasta hace relativamente poco tiempo, pocas de las actividades de estas y otras instituciones tanto públicas como privadas podían ser tan pro-activas como era necesario o tener la organización y la coordinación necesarias durante las emergencias. Esta situación mejoró tras las tragedias provocadas por el episodio de El Niño de 1997-98 y el huracán Mitch en 1998.

Por ejemplo, la Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias (CNE) de Costa Rica es el mecanismo fundamental para enfrentar las emergencias en ese país. Su Junta Directiva incluye a representantes del Ministerio de Agricultura y Ganadería, del Ministerio de Salud, del MINAE y del Ministerio de Obras Públicas y Transportes. Sin embargo, antes del episodio de El Niño de 1997-1998, legalmente se circunscribía sólo a reaccionar ante emergencias, y no a hacer preparativos para una emergencia, incluso si se sabía que era inminente. Después de este episodio, la CNE puede ser pro-activa y de hecho lo es, en gran medida a través de la creación de comités regionales y locales de emergencia entre cuyas obligaciones se incluyen actividades de prevención, mitigación, preparación y respuesta a los desastres.

Asimismo, el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (INETER) es un instituto meteorológico que vigila y evalúa las posibles emergencias provocadas por la variabilidad climática. El INETER trabaja junto con la Dirección de Defensa Civil Nacional (DCN) para prevenir y mitigar estos desastres. Nicaragua tiene un Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres.

Cabe hacer notar que cada uno de los comités o comisiones locales de emergencia:

  • Participaría activamente en las actividades de las comisiones nacionales y regionales.
  • Elaboraría un plan de emergencia congruente con una respuesta a los peligros existentes en la zona que cubre el comité local.
  • Activaría el plan durante algún suceso que requiriera actividades coordinadas.
  • Controlaría y vigilaría todas las operaciones locales y solicitaría el apoyo de la CNE en caso de que la situación excediera los grados manejables a nivel local.
  • Apoyaría las labores necesarias para evaluar los daños.
  • Coordinaría grupos de trabajo especializados integrados por representantes de agencias e instituciones públicas y privadas activas en la zona.
  • Organizaría grupos de trabajo en las siguientes áreas de necesidad sugeridas:
    • Albergues temporales
    • Comunicaciones
    • Capacitación e instrucción
    • Evacuación y rescate
    • Salud
    • Seguridad
    • Provisiones y transporte
    • Apoyo técnico
    • Apoyo voluntario
  • Apoyaría la organización de comisiones comunitarias de emergencia que se encargarían de:
    • Cooperar para trazar un mapa de la comunidad
    • Identificar y trazar un mapa de las amenazas existentes a la comunidad
    • Promover actividades comunitarias para reducir las amenazas
    • Ser capaces de ofrecer primeros auxilios
    • Identificar, trazar mapas y hacer públicas las rutas de evacuación y lugares de albergue
    • Participar en actividades de vigilancia y seguimiento
    • Apoyar las actividades de rescate
    • Localizar, trazar mapas y reforzar pozos, otras fuentes de agua potable y sistemas de distribución
    • Localizar y almacenar provisiones para casos de emergencia
    • Ayudar a diseñar, financiar y mantener sistemas de alerta
    • Celebrar acuerdos de colaboración con comités vecinos y con instituciones gubernamentales y no gubernamentales (incluidos los del otro lado de la frontera)
    • Capacitar a un equipo de voluntarios locales para casos de emergencia
    • Ayudar a diseñar, financiar y poner en práctica un programa de protección comunitario (amarres contra huracanes, albergues, tanques de depósito, diques protectores, gestión del uso del suelo, etc.).
    • Organizar programas de trabajo comunitario obligatorios o voluntarios para proteger las fuentes acuíferas y los sistemas de distribución, incluidas actividades de reforestación, cercado, limpieza y mantenimiento.
MINAE MARENA GEF UNEP OAS