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Variabilidad climática

La variabilidad climática difiere de lo que se denomina “clima”, el cual, dentro de un área geográfica determinada, consiste en los promedios de temperatura, dirección y velocidad del viento, presión atmosférica, humedad, y otros parámetros meteorológicos, calculados a lo largo de un período lo suficientemente largo como para poder denominarlo “normal”. En cambio, la “variabilidad climática” depende de condiciones atmosféricas extremas que exceden con mucho de lo normal. Los fenómenos que producen esos contrastes son frentes fríos muy organizados, células estacionarias secas, huracanes, perturbaciones tropicales y células con una humedad desproporcionada. Paradójicamente, los eventos meteorológicos extremos pueden incluir tanto una precipitación pluvial excesiva como sequías prolongadas. Al igual que en muchas partes del mundo, se considera que tales fenómenos en dicha región están relacionados con la OSEN—la Oscilación Sur de El Niño.

La OSEN es un fenómeno cíclico que se inicia con cambios en las temperaturas del Océano Pacífico Tropical (Mapa 4). Las dos fases del ciclo (El Niño, la fase cálida, y La Niña, la fase fría) influyen en la presión del aire, en los totales de precipitación y en las temperaturas en todo el mundo, que pueden estar por encima o por debajo de lo normal, dependiendo de dónde se midan. Significativamente, los episodios de El Niño causan más precipitación en el Pacífico, aproximadamente hasta los 86° de latitud oeste, y menos precipitación desde ese punto hacia el este; los episodios de La Niña tienen el efecto contrario (Figura 1). En consecuencia, como Costa Rica y Nicaragua se encuentran en la latitud en donde cambian los efectos de El Niño, los efectos de la OSEN varían según dónde se halle uno en los dos países. Pero puede haber efectos bien definidos cuando El Niño tiene una intensidad considerable, como ocurrió en 1982 y 1997, años en los que la precipitación pluvial total en la zona estuvo muy por debajo de la normal. El evento de 1997 fue probablemente el más intenso del siglo XX, y la vertiente del Pacífico y el valle central de Costa Rica tuvieron un gran déficit de precipitación, mientras que en la vertiente del Atlántico fue un 40% superior a la normal. Sin embargo, es interesante observar que durante el año 2001, toda América Central sufrió condiciones de sequía sin que aconteciera una OSEN.

Cada fase tiene un período medio de repetición de unos cuatro años, aunque los antecedentes históricos muestran variaciones de entre dos y siete años. Generalmente, cada episodio de El Niño dura entre nueve y doce meses comenzando de junio a agosto. La mayoría llega a su máximo durante diciembre a abril, debilitándose de mayo a julio del año siguiente. No obstante, algunos episodios pueden durar dos o más años. Las investigaciones recientes también sugieren que la OSEN puede influir en la formación de huracanes, ocurriendo que un fenómeno El Niño intenso puede inhibir tal formación, mientras que un episodio intenso de La Niña puede crear condiciones relativamente más favorables para la formación de huracanes en el Atlántico.

Por ejemplo, la sequía regional de 1997-98 en América Central fue un evento de El Niño, mientras que los dos huracanes importantes más recientes en dicha región (César en 1996 y Mitch en 1998) ocurrieron hallándose activa La Niña. El huracán César fue uno de los más destructivos de la historia de Costa Rica, y se considera que el huracán Mitch ha sido el más destructivo de toda América Central, habiendo causado miles de muertes y lesiones, y miles de millones de dólares en daños a las viviendas, la infraestructura, agricultura, ganadería y pesca, lo cual sigue retrasando el desarrollo socioeconómico de la región.

Es indudable que los individuos y comunidades de la cuenca no cuentan con la debida protección contra la variabilidad del clima, por lo que sufren las consecuencias. La pobreza, que magnifica los efectos negativos de los contrastes climáticos, frecuentemente no permite dedicar los recursos necesarios para prevenir o mitigar debidamente los problemas causados por tal variabilidad. No obstante, los pobladores permanecen en la cuenca y, pese a su insuficiencia, es evidente que existen mecanismos para enfrentar esos problemas, aparentemente con cierto grado de éxito.

MINAE MARENA GEF UNEP OAS