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La
Convención Interamericana contra la Corrupción, aprobada en Caracas,
Venezuela, en marzo de 1996, constituye el primer instrumento
jurídico internacional en este campo que reconoce la trascendencia
internacional de la corrupción y la necesidad de promover y
facilitar la cooperación entre los Estados para combatirla.
Los propósitos de la Convención son:
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Promover y fortalecer el desarrollo de los mecanismos
necesarios para prevenir, detectar, sancionar y erradicar la
corrupción.
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Promover, facilitar y regular la cooperación entre los Estados a fin
de asegurar la eficacia de las medidas y acciones para prevenir,
detectar, sancionar y erradicar los actos de corrupción en el
ejercicio de las funciones públicas y los actos de corrupción
específicamente vinculados con tal ejercicio.
La Convención establece un conjunto de medidas preventivas; prevé la
tipificación como delitos de determinados actos de corrupción,
incluyendo el soborno transnacional y el enriquecimiento ilícito; y
contiene una serie de disposiciones para fortalecer la cooperación
entre sus Estados Parte en áreas tales como asistencia jurídica
recíproca y cooperación técnica, extradición e identificación,
rastreo, inmovilización, confiscación y decomiso de bienes obtenidos
o derivados de la comisión de actos de corrupción, entre otras.
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