Antecedentes
En 1996, los Estados miembros de la OEA adoptaron la
Convención Interamericana contra la Corrupción.
Esta Convención, que fue el primer instrumento jurídico
internacional en este campo, menciona expresamente entre sus fundamentos el
reconocimiento de la trascendencia internacional de la corrupción y la
necesidad de contar con un instrumento de tal carácter que promueva y facilite
la cooperación entre los países para combatirla, y consecuentemente con esta
motivación, se fijaron dos propósitos:
- El primero,
promover y fortalecer el desarrollo, por cada uno de los Estados Parte, de los
mecanismos necesarios para prevenir, detectar, sancionar y erradicar la
corrupción.
- El segundo, promover, facilitar y regular la cooperación entre los Estados Parte a
fin de asegurar la eficacia de las medidas y acciones para prevenir, detectar,
sancionar y erradicar los actos de corrupción en el ejercicio de las funciones
públicas y los actos de corrupción específicamente vinculados con tal
ejercicio.
La CICC establece obligaciones vinculantes dentro del marco
del derecho internacional e identifica los actos de corrupción a los que se
aplicará, así como principios para combatir eficazmente la corrupción. Subraya
la importancia de las medidas para prevenirla; aborda el desarrollo
institucional y la aplicación efectiva de las medidas que se adopten para
enfrentarla; exige la tipificación de ciertas conductas corruptas específicas;
y contiene disposiciones sobre extradición, incautación de activos, asistencia
jurídica recíproca y asistencia técnica en casos de corrupción que ocurran en
otros Estados Parte o que los afecten.
