COMITÉ INTERAMERICANO CONTRA EL TERRORISMO (CICTE)

 

 

SEGUNDO PERÍODO ORDINARIO DE SESIONES                          OEA/Ser.L./X.2.2

28 a 29 de enero de 2002                                                    CICTE/doc.8/02

Washington, D.C. 30 enero 2002                                           Original: portugués

 

INFORMES Y DECLARACIONES DE LOS ESTADOS MIEMBROS SOBRE LAS
MEDIDAS ADOPTADAS EN APLICACIÓN DE LAS DECISIONES DE LOS
MINISTROS DE RELACIONES EXTERIORES
(RC.23/RES. 1/01 rev. 1 corr. 1)

 

(Brasil)

 

DECLARACIÓN DEL SEÑOR. ALBERTO MENDES CARDOSO,
JEFE DE LA DELEGACIÓN DEL BRASIL, ANTE EL
SEGUNDO PERÍODO ORDINARIO DE SESIONES DEL CICTE

 

"Si se conoce al enemigo y a uno mismo, no habrá que temer
el resultado de cien batallas. Si se conoce a si mismo, pero
no al enemigo, por cada victoria obtenida, se sufrirá también
una derrota. Si no se conoce al enemigo ni a uno mismo, se
sucumbirá en todas las batallas."

Sun Tzu, El Arte de la Guerra,  cap. 3

 

 

            Al iniciar esta declaración, permítame saludarlo, señor Presidente, por el excelente trabajo que viene desarrollando al frente del Comité Interamericano contra el Terrorismo y garantizarle la total disposición del Brasil para contribuir a que esta reunión alcance plenamente sus objetivos.

           
Saludo, igualmente, al doctor César Gaviria, Secretario General de la OEA, bajo cuya dirección nuestra Organización regional ha procurado, con espíritu de fraternidad, responder con rapidez y eficiencia al gran desafío que representa el flagelo del terrorismo.

           
El terrorismo no es un fenómeno reciente. Ninguna de las civilizaciones que enriquecen y humanizan nuestro planeta puede decir que no conoció en su interior los fenómenos de la violencia y del terror. Desde la década de 1960, organismos como la ONU y la propia OEA se han dedicado a combatirlo, aunque, casi siempre, de manera reactiva y puntual. La mayoría de las 14 convenciones internacionales e interamericanas contra el terrorismo son ejemplos de esa afirmación. Además, el CICTE, creado en 1998, se reunió en Miami, en octubre de 1999, en un encuentro que representó el inicio de su funcionamiento. La reunión siguiente sólo se convocó porque los luctuosos acontecimientos del 11 de septiembre dirigieron nuestra atención al Comité. A  la persistencia de las acciones terroristas debe corresponder, sin embargo, un esfuerzo continuo de nuestra parte para combatirlas.

           
El Brasil, como otros numerosos países, brindó su solidaridad firme al pueblo y al Gobierno de los Estados Unidos, tras los atentados de septiembre. Pero esa solidaridad no se limita a las palabras, sino que también está hecha de acción. En el ámbito de la OEA, tomamos la iniciativa de proponer la convocación del órgano de consulta del Tratado Interamericano de Asistencia Recípcora, el Tratado de Río. Asimismo, tuvimos una participación activa en las deliberaciones de la vigésima tercera Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores. Hemos participado intensamente en los trabajos del CICTE y en el Grupo de Trabajo encargado de la elaboración de la Convención Interamericana contra el Terrorismo. 

           
En el plano internacional, el Brasil firmó las 14 convenciones contra el terrorismo; diez ya están incorporadas al derecho interno y cuatro están en proceso de aprobación.

            La Constitución Federal de 1988, en su artículo 4º, repudia el terrorismo y el racismo. En la legislación brasilera, el terrorismo es considerado delito común abyecto, no sujeto a fianza ni a gracia o amnistía; los condenados por este delito no pueden beneficiarse del derecho a la progresión de la pena. Paralelamente a esas medidas, el país estableció en 1999 un programa federal de protección de las víctimas y testigos, instrumento indispensable para la correcta y oportuna investigación de los delitos en general y del terrorismo en particular.

           
Con respecto al financiamiento del terrorismo, el Brasil está comprometido a combatir esta nueva modalidad delictiva. Desde 1991, con la incorporación al derecho interno de la Convención de Viena contra el Tráfico de Drogas, de 1988, el lavado de dinero constituye delito en el país. La ley 9613 de 1998 tipifica ese ilícito, establece una lista de delitos antecedentes –entre ellos, el terrorismo- y detalla las normas procesales aplicables. Más recientemente, la Ley Complementaria n.º 105, de 2001, prevé la posibilidad del levantamiento del secreto de las operaciones de las instituciones financieras para la investigación de posibles ilícitos, incluido el terrorismo.  El  Brasil es el único miembro pleno del Grupo de Acción Financiera Internacional contra el Lavado de Dinero (GAFI), en la región de las Américas, que cumplió integralmente las 28 Recomendaciones de ese órgano que exigen acciones específicas. Importa señalar, asimismo, que, de las ocho Recomendaciones Especiales contra el financiamiento del terrorismo, formuladas por el GAFI en octubre de 2001, el Brasil ya cumplió siete.

           
El 10 de noviembre pasado, el ejecutivo brasilero firmó la Convención para la Eliminación del Financiamiento del Terrorismo y aprobó  decretos que reglamentan el cumplimiento de las Resoluciones 1333 (2001) y 1373 (2001) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El acto de suministrar recursos financieros a entidades terroristas puede enmarcarse en otras figuras penales o modalidades delictivas ya existentes en la legislación interna (asociación delictiva, evasión de divisas, etc.).

           
En ese contexto, corresponde señalar que, hasta el momento, el país no identificó en su territorio actividad alguna de organizaciones vinculadas al financiamiento del terrorismo y, por tanto, no congeló ninguna cuenta bancaria ni confiscó recursos conexos.

           
La vinculación de ciertas modalidades del delito organizado con el terrorismo es innegable. En un discurso pronunciado en la apertura del debate general del quincuagésimo sexto período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la ONU, en noviembre de 2001, el Presidente Fernando Henrique Cardoso subrayó que "en todo el mundo, los problemas de la seguridad pública, el consumo y tráfico de drogas, y el contrabando de armas son males afines al terrorismo que debemos extirpar."

           
De la misma forma, el consumo de drogas, flagelo que ataca a nuestros países, puede contribuir al florecimiento del terrorismo, por medio del lavado de activos utilizados para adquirirla. El Presidente Cardoso sugirió en el mencionado discurso "la realización de una campaña mundial de opinión pública que conscientice a los usuarios de drogas de todos los países acerca del hecho de que están involuntariamente contribuyendo a financiar el terrorismo. Si pretendemos estrangular el flujo de financiamiento de que las redes o facciones terroristas se valen para sembrar la destrucción y la muerte, es imprescindible reducir drásticamente el consumo de drogas en nuestras sociedades ".

           
La cooperación contra el terrorismo en el ámbito del MERCOSUR antecede en muchos años a los dolorosos hechos de Washington y Nueva York. En 1996, se creó entre Brasil, Argentina y Paraguay el Comando Tripartito de la Triple Frontera para coordinar acciones policiales y de inteligencia en esa región. En noviembre de 1999, la Reunión de Ministros del Interior y de Justicia del MERCOSUR aprobó el Plan de Cooperación y Coordinación Recíprocas para la Seguridad Regional, marco en el que los cuatro Estados Partes (Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay) y los dos asociados (Bolivia y Chile) unen esfuerzos en las áreas operacional y de inteligencia para combatir las diversas modalidades de organizaciones delictivas transnacionales, incluido el terrorismo. Además, el servicio de inteligencia del Estado brasilero - ABIN - realiza hace muchos años operaciones conjuntas en esa área con contrapartes de países amigos en busca de indicios de apoyo al terrorismo.

           
En septiembre de 2001, los Ministros del Interior y de Justicia del MERCOSUR aprobaron la creación de un Grupo de Trabajo Permanente  para evaluar y proponer acciones conjuntas y coordinadas de los cuatro países contra el terrorismo.

           
Situada en el centro del MERCOSUR, la Triple Frontera ha sido blanco constante de sospechas a nivel internacional por ser supuestamente refugio de posibles terroristas. Después de más de una década de continua vigilancia de organismos policiales y de inteligencia, no se encontró, hasta ahora, nada concreto que vincule a sus habitantes al terrorismo. De la misma manera, hasta el momento, no se identificó actividad alguna vinculada al financiamiento de ese delito en la región.

           
No obstante, seguimos dispuestos a investigar toda información que nos llegue sobre la presencia de terroristas o de sus actividades, no sólo en la Triple Frontera, sino también en cualquier punto del territorio de nuestro país. En ese sentido, pedimos a las autoridades, a todos los niveles, de los países aquí representados, que colaboren con los órganos policiales y de inteligencia de nuestros países, para permitirles profundizar las investigaciones sobre cualquier información de que dispongan, como forma de poder argumentar contra las especulaciones sensacionalistas de la prensa.

           
Desde septiembre de 2000, el Brasil ha sido sede de reuniones de inteligencia de los países interesados en anticipar las consecuencias de la ejecución del componente militar del Plan Colombia en sus territorios. En el próximo mes de junio, se realizará la cuarta reunión, ampliando esta vez el ámbito al terrorismo y al narcotráfico. Los países aquí representados serán bienvenidos.

           
De modo que hemos luchado contra el terrorismo en forma amplia, mediante la modernización de la legislación interna, la participación en la formulación de normas internacionales y la cooperación bilateral y multilateral, con miras a prevenir y reprimir la acción de grupos terroristas y cortar sus fuentes de financiamiento. Para nosotros, la cooperación es el camino natural en la lucha contra el enemigo común. Estamos, como siempre estuvimos, dispuestos a estrecharla aún más, dándole sentido más operacional y menos académico. De esa manera, podemos decir que cumplimos con la resolución nº 1 de la vigésimo tercera Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de los Estados Americanos, sobre el fortalecimiento de la cooperación hemisférica para prevenir, combatir y eliminar el terrorismo.

           
Además, corresponde señalar que el informe del Brasil referente a la aplicación de la Resolución 1373 (2001) fue entregado el 26 de diciembre pasado –antes, por tanto, de cumplirse el plazo estipulado en la misma- al Comité Antiterrorismo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

            Todas las medidas antes descritas son importantísimas; son indispensables para la eliminación del terrorismo. Sin embargo, entendemos que no bastan; no es suficiente prevenir y combatir las acciones terroristas, sin un esfuerzo paralelo para detectar sus orígenes, causas y motivaciones.

 

            El Gobierno del Brasil está convencido de que la democracia y la estabilidad económica de nuestros países son dos de las armas principales de que disponemos para combatir el terrorismo. Por ello, nuestra cooperación debería abarcar también la promoción del desarrollo económico y social de nuestros pueblos, la consolidación de la democracia y el respeto por los derechos humanos en nuestros países, como forma de forjar una alianza indestructible en la lucha contra el terrorismo y las organizaciones delictivas. En ese contexto, las iniciativas de promoción del libre comercio deben, necesariamente, tener como objetivo principal el desarrollo económico y social, con la progresiva eliminación de las asimetrías de bienestar entre nuestros pueblos. Las asimetrías exageradas generan un sentimiento de exclusión que, a su vez, sirve también de combustible del instinto destructivo siempre presente en las actividades terroristas.

            El Presidente Fernando Henrique Cardoso declaró recientemente estar convencido de que las implicaciones de los atentados contra los Estados Unidos de América exigen un ejercicio renovado de diálogo y reflexión conjunta en el plano internacional. A su entender, esa tarea debe tener un doble objetivo: avanzar en la cooperación para combatir el terrorismo y, al mismo tiempo, fortalecer las bases de un nuevo orden mundial, inspirado en la solidaridad entre las naciones y en un esfuerzo conjunto para promover el desarrollo de todos, los países grandes y los pequeños, los ricos y los pobres, y así minimizar las asimetrías de todo tipo que todavía caracterizan a las relaciones internacionales.

           
El CICTE no puede ser ajeno a estas consideraciones. Por el contrario, aparte de sus decisiones de orden práctico, debe actuar también como foro de reflexión básica para el verdadero conocimiento de la amenaza, de las causas más profundas de las motivaciones terroristas y encontrar medios constructivos para eliminarlas. Mi delegación está a disposición de las demás aquí presentes para trabajar conjuntamente en ese sentido.

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