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DISCURSO
DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA,
ALEJANDRO TOLEDO, EN EL SEMINARIO
"REFLEXIONES EN EL PRIMER ANIVERSARIO DE LA
CARTA DEMOCRÁTICA INTERAMERICANA
Washington, 16 de Setiembre de 2002
Señoras
y señores:
Hace un año, en Lima, con ocasión del Vigésimo Octavo Período
Extraordinario de Sesiones de la Asamblea General de la OEA que
fue el marco para la suscripción de la Carta Democrática
Interamericana, hicimos énfasis en su efecto en favor del proceso
globalización de la democracia en América.
Hoy,
a un año de la suscripción, y tomando en consideración los
sucesos de la región, puedo decir con una firme convicción que
el instrumento que adoptamos hace 12 meses, se ha revelado como básico
para la comprensión de la nueva realidad de los pueblos de América
y el tratamiento de sus problemas.
Los
críticos y escépticos sobre la pertinencia y eficacia de la
Carta deben estar en problemas. Los esfuerzos que la OEA realizó
en abril pasado a raíz de los sucesos en el hermano país de
Venezuela, y los que estos días lleva adelante con ese mismo propósito,
nos indican claramente la conveniencia de una reflexión fundada
en los principios señalados en los 28 artículos de la Carta.
Nuestras naciones deben sentirse orgullosas de lo que hemos hecho.
Amigas
y amigos:
Al
iniciar sus funciones, nuestro Gobierno se vio en la urgente
necesidad de establecer una serie de medidas y metas políticas
prioritarias para superar el legado autoritario luego de una década
de violación sistemática de los derechos humanos, corrupción
generalizada y destrucción del Estado de Derecho.
Hay
una lección a aprenderse. En el ámbito de la política exterior,
advertimos con satisfacción que la concepción peruana sobre las
relaciones hemisféricas coincidía con la agenda de la Organización
de los Estados Americanos, que vive una transformación que si
bien no es tan rápida como muchos deseamos, nos permite abordar
con mayor coherencia los desafíos del entorno internacional.
Estamos progresando.
Encontramos
que el Perú podía contribuir de manera sustantiva en este período
de cambios, con un enfoque que confluya con los esfuerzos
desplegados por los Estados miembros en el organismo hemisférico.
En
la lucha por la democracia y en base a nuestras experiencias
pasadas, estábamos convencidos de que el Perú poseía una
importante experiencia que compartir con las demás naciones del
continente en el ámbito del fortalecimiento del Estado de Derecho
y contra los procesos que buscan debilitarlo. Esperamos nunca más
experimentar lo que ocurrió el Perú.
La
naturaleza misma del modelo autoritario que se instauró en el Perú
en la década pasada, con un régimen de democracia formal que no
encajaba en las definiciones clásicas de dictadura, lo hizo en
cierta forma inmune a la acción de los mecanismos hemisféricos
entonces existentes; mecanismos que de algún modo también
sufrieron el desgaste del tiempo y la limitación de las
declaraciones a medias.
Todo
esto fortaleció nuestra convicción de que era necesario un
cambio, e ir más allá de la resolución 1,080, más allá y de
las disposiciones reformadas de la Carta de la OEA, incluidas en
1992 a través del Protocolo de Washington de ese mismo año y que
entraron en vigor en setiembre de 1997.
Es
así que mi Gobierno impulsó con entusiasmo la idea que
propusiera por primera vez el entonces Presidente del Consejo de
Ministros y Canciller del Perú, Embajador Javier Pérez de Cuéllar,
ante el Congreso de la República en diciembre de 2001, sobre la
adopción de una Carta Democrática Interamericana, como un medio
para prevenir el surgimiento de nuevos autoritarismos en el
hemisferio.
Sin
embargo, la idea se fue enriqueciendo. Cuando la iniciativa fue
presentada por el Perú en la III Cumbre de las Américas en
Quebec, se inscribió en cuatro objetivos:
Primero, profundizar y mejorar los mecanismos hemisféricos de
protección y de promoción de la institucionalidad democrática
en los Estados miembros.
Segundo,
fortalecer la capacidad de la OEA en el cumplimiento de uno de los
mandatos más importantes que le encomienda su Carta constitutiva,
la que estipula como uno de sus propósitos esenciales la promoción
y consolidación de la democracia representativa.
Tercero,
establecer a escala continental una evaluación común de los
contenidos valorativos de la democracia, especialmente en los
campos sociales e institucionales, y
Cuarto,
afirmar la gobernabilidad democrática como un valor hemisférico
que trasciende las fronteras de los países miembros.
El
proceso de negociación que se desarrolló en el Consejo
Permanente, y que culminó en la adopción del texto definitivo de
la Carta Democrática Interamericana, constituyó un ejercicio
excepcional de concertación de voluntades políticas
El documento original presentado por el Perú fue enriquecido
notablemente y ampliado con los aportes de las delegaciones de
todos los países miembros, y se convirtió en un texto integral
de carácter colectivo y patrimonio de todos los países del
hemisferio.
Más
aún durante el proceso de elaboración de la Carta, se recogieron
las opiniones de la sociedad civil organizada, hecho que le otorga
a la Carta Democrática Interamericana un nivel de legitimidad
pocas veces logrado en las Américas.
Por
tal razón, no nos equivocamos al afirmar que la Carta constituye
un claro ejemplo de un nuevo consenso de Latinoamérica y del
hemisferio. Un consenso que encara el reto de este país que sobre
la base de buscar mejoras, ahora tenemos un documento que orientará
a la democracia en la región.
Amigos y amigas:
La coyuntura dramática de la aprobación de la Carta en Lima, el
11 de setiembre de 2001, una fecha que quedará grabada en la
memoria colectiva por haber marcado un cambio radical en la
historia contemporánea, y nos ha presentado ahora un gran reto
para el futuro.
Pero,
su especial significación política e innovación radica en que
la Carta además de mejorar los mecanismos ya existentes para la
defensa y promoción de la democracia, crea un nuevo mecanismo
frente a las sutiles alteraciones del orden constitucional que
afecten gravemente el orden democrático, diferentes al golpe de
estado tradicional.
La
Carta autoriza al Consejo Permanente y la Asamblea General de la
Organización y a la Asamblea General a que tome decisiones a las
que puede llegar para suspender a un Estado miembro de la
organización en casos de la alteración del orden constitucional
o de ruptura del orden democrático.
Desde
ese punto de vista su papel procesal y no sólo doctrinario para
la defensa de la democracia, sino significa también un paso hacia
delante como una contribución sumamente innovadora en los
procedimientos para defender la democracia en la región.
Sin
embargo, la Carta Democrática Interamericana no es sólo un
instrumento sancionador. También contempla importantes aspectos
preventivos a ser desarrollados en más profundidad, dirigidos a
permitir que cualquier Estado miembro que vea amenazado su proceso
político democrático o su legítimo ejercicio del poder, pueda
recurrir voluntariamente y solicitar la ayuda y cooperación de la
OEA.
Estamos
aquí reunidos para conmemorar el primer aniversario de la Carta
Democrática Interamericana, y examinar algunos de los desafíos
que nuestras Naciones y nuestra organización hemisférica tienen
por delante en el campo de la democracia.
Celebramos
lo que hemos hecho, pero todavía tenemos un largo camino por
recorrer.
Ahora nos toca concretar los compromisos asumidos y llevar a la práctica
en nuestros países los elementos esenciales de la democracia
representativa que la Carta proclama.
Por
nuestra parte, los Presidentes de la Comunidad Andina hemos
asumido el reto de la defensa de la democracia y los derechos
humanos al adoptar recientemente la “Carta Andina para la
Promoción y Protección de los Derechos Humanos”.
También
debemos enfrentar el desafío de las nuevas amenazas a la
gobernabilidad y a la democracia, que provienen ya no de la acción
de estamentos con cierto grado de poder dentro de nuestras
sociedades, si no más bien de los sectores más desfavorecidos
que advierten una falta de atención a sus demandas, y se sienten
excluidos y marginados.
La
pobreza conspira contra la democracia.
Estas
amenazas internas surgen por necesidades básicas no satisfechas
de sectores de la población que no encuentran canales
institucionales para presentar sus demandas, un hecho
especialmente evidente en países como el Perú donde durante una
década se dañó tanto la autoestima nacional, se perdió la fe,
se dividió a los ciudadanos, se les mintió y manipuló. En estos
países una cuestión clave es la credibilidad de la democracia.
Nuestros
Estados tienen el imperativo categórico de crear esos canales
institucionales y mecanismos de diálogo para atender dichas
demandas, las demandas de los pobres. Debemos desarrollar un
mecanismo de inclusión, así como una cohesión social que
permita que los pobres sientan que se les está ayudando y que hay
esperanza en el futuro.
Tenemos el deber urgente e ineludible de revertir esta pérdida de
fe en las políticas, en los políticos y en la democracia.
Señoras
y señores:
El
tema de la democracia ya no puede ser considerado en forma
separada de otros temas de importancia en la agenda hemisférica.
La libertad no es solamente un acto político que se celebra en el
día de una elección.
Los
pobres necesitan recibir poder a través de la libertad y aquellos
millones de latinoamericanos que esta noche van a acostarse sin
saber si mañana tendrán algo que comer o tendrán un empleo
decente, no son libres.
Ha
llegado el momento en que nuestras naciones tengan que reconocer
que la pobreza socava la democracia. No es un problema solamente
de una acción democrática durante una elección dada, sea esta
nacional o regional.
Señor
Secretario General:
Esta
organización encara un tremendo reto. No es simplemente cuestión
de reunirse para celebrar Asambleas Generales o reuniones, tenemos
que mirarnos a nosotros mismos en el espejo. Necesitamos resolver
los problemas centrales que socavan la democracia.
Esta
Carta es muy grande. Es un símbolo del cambio. Establece ciertos
principios que no podemos violar. Pero señor Secretario General,
esto no es suficiente.
Tenemos
que escuchar las voces del hombre de la calle y tenemos que
resolver el dilema entre Wall Street y Main Street. No podemos
cerrar los ojos o nuestro oídos a lo que dice la gente en la
calle.
Yo
sé que ésta quizás no sea la organización que tenga el poder
para resolver dicho dilema, el dilema entre Wall Street y Main
Street pero es la responsabilidad de los gobiernos el ser
creativos y presentar propuestas para resolver ese dilema.
Grandes
son las metas que tienen nuestros países por cumplir, en aras de
promover el bienestar económico y social de sus pueblos, en
democracia.
Ha
llegado el momento en que los países industrializados vayan más
allá de la convicción en cuanto a la democracia y el
fortalecimiento de las instituciones democráticas.
Hay
un costo a pagar en el proceso de fortalecer la democracia. Ésta
no es una crítica, los países industrializados necesitan darse
las manos con las naciones en desarrollo para construir una ruta
de comercio libre que vaya en ambas direcciones. No nos pidan
ustedes a nosotros que hagamos lo que ustedes no hacen. Tenemos
que construir una vía libre de comercio que se encamine en ambas
direcciones.
Creemos en la economía de mercado, creemos en la competitividad,
creemos en la globalización, pero para que la globalización sea
sostenible ha llegado el momento de ponerle una cara humana a la
competitividad y a la globalización.
Deseo
culminar mi intervención, expresando nuestro profundo
reconocimiento a la Secretaría General de la OEA y a la
Universidad George Washington, por haber organizado este foro de
reflexión.
Celebro
que este primer aniversario de la Carta Democrático, pero me
siento aún más entusiasta respecto a los retos que tenemos que
encarar en el futuro.
Le
pido a Washington que nos ayude a oír y
mirar mejor lo que está ocurriendo políticamente en la región.
Tenemos un reto y ésta Carta tendrá que pasar por la prueba. Yo
sé que tenemos la capacidad de encarar tales retos.
Yo
soy la persona que vive con el cáncer del optimismo y yo sé que
la OEA, que sus representantes y nuestros gobiernos no van a
decepcionar las esperanzas de los pobres.
Muchas
Gracias
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