Discursos

JOSÉ MIGUEL INSULZA, SECRETARIO GENERAL DE LA ORGANIZACION DE LOS ESTADOS AMERICANOS
PALABRAS DEL SECRETARIO GENERAL DE LA OEA CON MOTIVO DE LA TOMA DE POSESION DE LA NUEVA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

30 de noviembre de 2005 - Quito, Ecuador


Señor Presidente Constitucional de la República, Doctor Alfredo Palacio
Señor Vicepresidente de la República, Doctor Alejandro Serrano
Señor Presidente del Congreso, Doctor Wilfrido Lucero
Señores ministros y secretarios de Estado
Señor Alcalde del Distrito Metropolitano de Quito, General Francisco Moncayo
Señor Presidente del Comité de Calificación, Doctor Carlos Estarellas
Señores magistrados y conjueces electos de la Corte Suprema de Justicia
Señora Subsecretaria de Asuntos Políticos de la Organización de las Naciones Unidas, Doctora Angela Kane
Señor Relator de las Naciones Unidas sobre la Independencia de Jueces y Magistrados, Doctor Leandro Despouy
Señor Secretario General de la Comunidad Andina de Naciones, Doctor Allan Wagner
Señores Presidentes de las Cortes Supremas de Justicia de Chile y Panamá
Autoridades civiles, militares y eclesiásticas
Señores representantes del cuerpo diplomático y de organismos internacionales
Señores veedores internacionales
Señores y señoras

Vengo con satisfacción a compartir este día de júbilo en el Ecuador y en toda América. La toma de posesión de los magistrados y conjueces de la nueva Corte Suprema de Justicia es motivo de celebración para la Organización de los Estados Americanos. Este importante acto constituye el paso decisivo en el proceso de normalización de la institucionalidad democrática en el país. Con el reestablecimiento de la instancia principal del Poder Judicial, el pueblo ecuatoriano reafirma una vez más su clara vocación democrática ante la comunidad interamericana y ante el mundo.

Hoy instalamos una institución fundamental del Estado Democrático de Derecho. Sin embargo, para que el proceso sea completo, bien lo sabemos, es necesario producir en el tiempo la concurrencia de dos factores. El primero de ellos es la disposición de todos los sectores políticos y sociales de la sociedad ecuatoriana de respaldar a su Corte Suprema de Justicia y de acatar sus resoluciones. La tentación de cuestionar la Corte en su génesis y conformación existe y puede incluso crecer cuando ella comience a adoptar decisiones difíciles que algunos puedan ver como dañinas para sus intereses. Con pleno respeto por auto-determinación y la soberanía que tienen los ecuatorianos para resolver sus propios asuntos, quiero hacer ver que esto sería negativo para la normalización institucional que este país necesita. Ojalá nunca más en nuestra América un poder del Estado sea derrocado o disuelto por los otros poderes.

El Ecuador no es en este sentido distinto de los demás países de nuestra América que disponen de enormes recursos y de un capital humano rico y variado, pero que han carecido en muchos casos de la voluntad de construir, fortalecer y respetar instituciones estables. Este es un camino que requerirá generosidad y, por ello, hoy llamo a todos los sectores a respaldar y acatar esta Corte Suprema de Justicia.

Al mismo tiempo esta Corte debe responder a la confianza que en ella depositen los ecuatorianos. Los ojos de todos están puestos en las difíciles tareas que deberá emprender en las próximas semanas. De la eficiencia, trabajo consensuado y probidad que demuestren sus actuaciones dependerá, de manera fundamental, la legitimidad que le asigne el pueblo ecuatoriano y la contribución que ésta pueda hacer a la democracia en este gran país.

La labor, el compromiso y el invaluable esfuerzo realizado por los miembros del Comité de Calificación, aún en las momentos más críticos, demuestran que es posible encontrar caminos de entendimiento para superar las crisis que afectan nuestro hemisferio. Pese a las dificultades inherentes a situaciones de esta naturaleza, la conclusión exitosa de este arduo proceso es una clara señal de la importancia que el pueblo ecuatoriano concede a los postulados de la Carta Democrática Interamericana y, en especial, a la separación e independencia de poderes para el funcionamiento del sistema democrático.

Como Secretario General de la OEA, agradezco al Señor Presidente de la República, Excelentísimo Señor Alfredo Palacio y a los miembros de su Gabinete por el apoyo brindado a los observadores de este proceso. Mi gratitud también para el Honorable Congreso, en especial, a usted Señor Presidente Lucero, por la actitud patriótica asumida ante este desafío. Gracias a ellos este proceso ha podido culminar y han podido actuar las veedurías nacionales, las organizaciones de la sociedad civil, los medios de comunicación y los diversos actores nacionales e internacionales. El gran triunfador es por cierto el pueblo ecuatoriano, que ha depositado en todos nosotros la confianza, con la certeza de que respaldará la estabilidad, la perdurabilidad y el funcionamiento imparcial e independiente del Poder Judicial.

Hemos emprendido la veeduría del proceso de selección de la Corte Suprema de Justicia, en estrecha coordinación con las Organización de las Naciones Unidas y la Comunidad Andina de Naciones. Esta iniciativa conjunta es un claro ejemplo de la importancia de unificar los esfuerzos de la comunidad internacional en apoyo a causas compartidas para el desarrollo democrático. Nuestra Organización está comprometida en respaldar aquellas iniciativas que fortalecen el buen funcionamiento de las instituciones democráticas.

Agradezco a los veedores de la OEA, Sonia Picado y José Antonio Viera-Gallo, así como a todos los veedores internacionales en quienes depositamos nuestra confianza en este proceso, por su notable dedicación y compromiso en este emprendimiento.

Nuestra América enfrenta grandes retos y graves amenazas. Este valioso momento establece un precedente para el hemisferio y el mundo. En un futuro próximo, las autoridades, los dirigentes y el pueblo ecuatoriano tendrán el desafío de integrar el Tribunal Constitucional (TC) y los demás organismos de control para asegurar el funcionamiento de las instituciones fundamentales del sistema jurídico. Reitero el compromiso de la OEA de continuar acompañando al Estado ecuatoriano, al Señor Presidente de la República, a su Congreso y, en especial, a la nueva Corte Suprema de Justicia, en todas aquellas iniciativas que coadyuven al fortalecimiento de la magistratura y de la democracia.
Estimados y estimadas magistrados, magistrados, conjueces y conjuezas. Ustedes tienen la responsabilidad de administrar justicia de manera imparcial e independiente, de reestablecer el Estado de Derecho, de legitimar la nueva Corte con su ejercicio y, sobretodo, de recuperar la confianza de los ciudadanos en la función judicial. A todos ustedes extiendo mi más cordial felicitación, les deseo el mayor de los éxitos en sus funciones y les reitero que cuentan con todo nuestro respeto y apoyo.

Señores miembros del Comité de Calificación, Dr. Estarellas, Dra. Romoleroux, Dr. Torres y Dr. López. Ustedes han marcado un importante capítulo en la historia de su país cumpliendo con la responsabilidad que les fue conferida. Al retornar a sus labores cotidianas, tengan presente siempre este momento, símbolo de la gratitud hacia ustedes tanto de su Patria como de la Comunidad Internacional.

Participar en esta ceremonia constituye para nosotros un gran honor y una luz de esperanza que compartiremos con esta América, llena de problemas y desafíos, pero también de sueños e ilusiones.

Muchas gracias.