Discursos y otros documentos del Secretario General

CRISIS HUMANITARIA EN VENEZUELA - PALABRAS DEL SECRETARIO GENERAL LUIS ALMAGRO EN LA SESIN EXTRAORDINARIA DEL CONSEJO PERMANENTE

30 de abril de 2018 - Washington, DC

La situación en Venezuela es más que una “situación”. Es una crisis profunda, incitada y sostenida por un Régimen que ha destruido sistemáticamente la democracia, el Estado de Derecho y el respeto por los derechos humanos, así como el aparato productivo económico.

Una mirada a los hechos y datos que se describieron hoy, el sufrimiento y desamparo que viven a diario los venezolanos y venezolanas es un recordatorio de la tragedia humana en ese país.

La crisis humanitaria en Venezuela no es un invento mediático. Decir tal cosa es una falta de respeto a los venezolanos y venezolanas que hoy se acostarán con hambre, que están enfermos y no tienen acceso a medicinas y servicios médicos básicos, y a los que han perdido la vida por razones evitables en un país tan rico como Venezuela. A los que han debido irse del país.

No es posible negar que tenemos en nuestra región una de las crisis humanitarias más graves del mundo; y cada día empeora más. El desplazamiento de personas a gran escala es obvio.

La Secretaría General ha documentado con detalle este deterioro de la crisis humanitaria en los cuatro reportes publicados desde el 2016. Sin duda, la combinación de una fórmula que no funciona, la corrupción y la arrogancia desmesurada de un gobierno, ha provocado un espiral descendente para la calidad de vida del pueblo venezolano.

Dos tercios de la población venezolana vive en la pobreza extrema y 91.3% vive en la pobreza . La economía está colapsada. El PIB cayó 35.1% entre 2015 y 2017 , la mayor caída en el mundo para un periodo consecutivo de tres años, con la excepción de Libia y Sudan. Al cierre de 2017 el PIB se contrajo en un 14% del PIB y la hiperinflación llegó al 2,700%: una situación económica es una similar a la de una economía de guerra .

Lo que enfrentamos es una crisis humanitaria con dos notables dimensiones: la crisis de salud y la crisis alimentaria.

La grave crisis de salud es una de las caras.

El Sistema Público Nacional de Salud está colapsado; el presupuesto asignado a la salud en 2016 se redujo un 62% con relación al año anterior . La infraestructura hospitalaria se encuentra en estado crítico. No hay suficiente personal médico capacitado.

Human Rights Watch estima que 76% de los hospitales públicos no tienen los medicamentos básicos que deberían estar disponibles en cualquier hospital público en funcionamiento.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Hospitales 2017 , 51% de los quirófanos de centros de salud venezolanos están inoperativos y que se cumple un 13% del servicio de alimentación hospitalaria. La encuesta indicó que 39% de las camas existentes están fuera de servicio.

Naciones Unidas constató que 78% de los hospitales públicos tienen escasez o insuficiencia de medicinas y el 75% insuficientes equipos quirúrgicos .

Hay déficit de medicamentos, vacunas e insumos médicos. La Federación Farmacéutica de Venezuela (Fefarven) señala que de 150 medicamentos establecidos por la OMS como de acceso obligatorio, no hay 70% de éstos.

De acuerdo al reporte recientemente publicado por la CIDH, 80% de los servicios de diagnóstico no son disponibles.

Cada persona enferma sufre un calvario diario en Venezuela.

Como por ejemplo, los pacientes que padecen enfermedades previamente erradicadas como la malaria y difteria. Según información oficial publicada en mayo de 2017, los casos de malaria aumentaron en un 76.4%, con respecto al año anterior.

La OMS indicó que el estado de la malaria alcanzó en Venezuela el punto más grave en su historia. En 2016 se reportó el número más alto de casos desde que se tiene registro, y Venezuela se convirtió en el país que más contribuye a la carga de paludismo en las Américas.

La difteria, después de 40 años de haber sido erradicada, reapareció. Al 26 de septiembre de 2017, se registraron 447 casos en el país, de acuerdo con la Alianza Venezolana por la Salud (AVS) .

Los pacientes que padecen de una Enfermedad Renal Crónica por diversas causas, los pacientes en diálisis y los pacientes trasplantados, pasan también por una situación crítica.

La Sociedad Venezolana de Nefrología observa un “deterioro progresivo” de la calidad de la infraestructura de salud, del número de médicos especializados, de disponibilidad de recursos y materiales para los tratamientos.

El deterioro es tal que la Asociación Centroamericana y del Caribe de Nefrología inclusive declaró que los pacientes crónicos renales en Venezuela “están condenados a morir”.

El Ministerio de Salud suspendió oficialmente la actividad de trasplante en 2017.

Los pacientes de cáncer tampoco tienen acceso a tratamientos necesarios para sobrevivir. La Sociedad Venezolana de Oncología (SVO) indicó debido a la falta de fármacos para suministrar tratamiento a los pacientes oncológicos, se curan a cuatro de cada diez personas en lugar de curar a ocho de 10 como en el pasado .

En algunos casos, ante la falta de alternativas, se utilizan tratamientos que se empleaban en los ochentas.

De los 40 servicios ofrecidos por 8 centros de oncología, figuran como activos 17 . No obstante, de los que aparecen activos, todos reportan limitaciones y fallas.

El derecho a la salud para niños y niñas está siendo vulnerado. Según información oficial, la mortalidad infantil aumentó en dimensión de crisis y la mortalidad materna en un 65.79% en un año.

Caritas Venezuela estima que en 2016 murieron 11,400 niños antes de cumplir un año, mientras que en 2007 murieron 4,000. Lo anterior representa un incremento de 184% en casi una década.

La Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría (SVPP) señala que hay déficit de vacunas para niños, niñas y adolescentes, “observándose producto de este déficit el resurgimiento de enfermedades erradicadas por más de 25 años”.

80% de los niños y niñas menores de 5 años se encuentran en algún estado de desnutrición infantil .

Según un informe de Caritas Venezuela, la mitad de los menores de cinco años (48%) sufre de malnutrición o está en riesgo inminente de sufrirla .

El hambre sin duda es la otra dimensión trágica de la crisis humanitaria que azota a la población.

De acuerdo con la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), 80% de los hogares venezolanos presentan inseguridad alimentaria. 78.6% de los venezolanos dice que ha comido menos porque no consigue alimentos para comprar y 61.2% se acuesta con hambre .

El precio de la canasta básica familiar incrementó un 81% tan solo entre noviembre de 2017 y diciembre de 2017.

De acuerdo con el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros, para que una familia de cinco miembros pueda adquirir la canasta, necesitaría 141.5 salarios mínimos .

En las parroquias evaluadas por Caritas Venezuela entre abril y agosto de 2017, los niveles de las formas más intensas de desnutrición superan, en todos los casos, el umbral de severidad establecido por la OMS de 10% .

El Estado mantiene un monopolio, con control total del sector de alimentos incluyendo la oferta, la venta, y la distribución de alimentos. No es un subsidio tradicional o complemento. Inclusive se ha descrito esta estrategia como un ‘apartheid alimentario’, por ser implementada con base en la discriminación, en este caso, la segregación política.

El gobierno ha utilizado como arma la distribución de la escasa disponibilidad de alimentos y productos básicos.

Miles de niños y niñas con malnutrición severa, han sido víctimas directas de la política alimentaria del gobierno.

Pacientes con enfermedades crónicas han muerto por la falta de medicinas y/o los elevados precios de los medicamentos. El monopolio de la distribución alimentaria vía los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, la continua destrucción de la economía nacional, el cierre del país al mundo, el rechazo de la ayuda humanitaria extranjera, y el fortalecimiento del control estatal del aparato productivo favorece a la cúpula Bolivariana y sus adeptos, pero es discriminatorio contra la sociedad.

La única guerra económica que se ha declarado es la del Régimen a su propia gente, al sostener intencionalmente una crisis humanitaria caracterizada por el hambre y la enfermedad que no ha sido y no es, inevitable.

En Venezuela, la salud y la alimentacion han dejado de ser derechos; el gobierno los ha convertido en un beneficio que otorga con base en criterios político-ideológicos.

A este pueblo le ha sido negada la ayuda internacional. Ello constituye una conducta absolutamente criminal. Que cuesta vidas. Vidas de los enfermos que no pueden hacerse diálisis, los diabéticos que no tienen insulina, que genera desnutrición infantil.

Es violación de derechos humanos porque está negando derechos a la población, negándoles alimentos negándoles medicinas. La intimidación que ha sido denunciada hoy llega hasta la presión sobre panelistas. Este instrumento político represivo que están acostumbrados el Régimen a su uso interno, hoy se ha trasladado a la comunidad internacional.

Todos los datos que acabo de mencionar son dramáticos.

Implican gente sufriendo, mujeres, mujeres embarazadas, niñas y niños, ancianos, hombres, la dimensión de la crisis no distingue a la hora de destruir vidas y anular generaciones.

En cada una de esas alrededor de 5.000 personas diarias que abandonan el país todos tenemos responsabilidad como ciudadanos de las Américas.

El apoyo a los migrantes es fundamental. Venezuela es un país en caída libre. Se necesita apoyo para los campamentos, para las nuevas oleadas migratorias que vendrán de Venezuela.

Pedimos a los Estados miembros y los observadores permanentes apertura y políticas más beneficiosas para los migrantes venezolanos.

Y aunque todos somos responsables solidariamente como americanos, sólo uno es culpable: el fallido régimen dictatorial encabezado por Nicolás Maduro.

Sobre ese régimen pesan los muertos de la represión, los heridos, los migrantes pauperizados, los venezolanos con hambre, los enfermos desesperados.

Sobre esa dictadura pesa la responsabilidad histórica de estar generando la peor crisis migratoria en la historia moderna del Hemisferio, junto con su amenaza a la seguridad y estabilidad regional.

Hacemos un llamado a la dictadura venezolana para que inicie una transición a la democracia.

La reconstrucción de Venezuela comenzará el día en que la confianza vuelva a su población y la Comunidad Hemisférica internacional a través de la recuperación de la democracia.

Falta mucho: falta liberar a los presos políticos, falta realizar elecciones libres transparentes y democráticas, falta respetar a la verdadera institucionalidad del país, falta la rendición de cuentas y la justicia en materia de atropellos a los derechos humanos, y falta el esclarecimiento de los casos de corrupción y aportar el necesario canal humanitario.

Pero si la recuperación de Venezuela es nuestro anhelo, debemos empezar por robustecer la fortaleza moral de nuestra comunidad de Naciones en temas como el que hoy nos acucia.

Para que la Organización de los Estados Americanos continúe siendo la columna vertebral sobre la cual se pueda construir la esperanza de un futuro con vida, salud, democracia y libertades que las venezolanas y venezolanos merecen.