Discursos y otros documentos del Secretario General

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL LIBERTADOR SIMN BOLVAR

27 de julio de 2016 - Washington, DC

Muchos historiadores ubican al Congreso de Panamá de 1826, convocado por Simón Bolívar, como el origen del Sistema Interamericano. La OEA, que es el eje del Sistema Interamericano y el principal foro político de la región, cuenta con los instrumentos jurídicos más avanzados para la defensa de la democracia y los derechos humanos. El mejor homenaje que le podemos hacer al Libertador es sacar estos valores del papel y hacerlos cumplir.

Un interminable jalón de batallas como Boyacá, Carabobo, Pichincha, Junín y Ayacucho, consolidaron su sueño de ver a América libre. Su épica campaña logró la independencia de un territorio en el que hoy se asientan seis naciones hermanas como lo son Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Panamá. No es casualidad que este recinto de trabajo diario de los representantes de las repúblicas americanas lleve su nombre y sea presidido por su imagen.

Sin embargo, más que por sus logros como líder político y militar, es el Bolívar de las ideas, el de la visión, el estadista, que se mantiene vigente. Su gran legado, que a 200 años se consolida como irreductible destino para los latinoamericanos, es esa maravillosa idea-fuerza de buscar la Unión, la Integración latinoamericana.

Para algunos, a través de los tiempos, esa propuesta fue y sigue siendo una proposición utópica, irrealizable. Pero para muchos otros de nosotros, el progreso de nuestra historia está hecho precisamente de la materialización de utopías.

Mi compatriota Eduardo Galeano decía que “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.”

Ese horizonte y ese camino fue indicado por Bolívar hace dos siglos cuando en su Carta de Jamaica, ese majestuoso documento que serviría de inspiración para otros grandes líderes en la búsqueda de la integración latinoamericana y caribeña, nos dice:“Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”.

Y con la fervorosa convicción del visionario, develó una verdad inmutable que prevalece desde entonces sobre nosotros, cuando nos dijo que “La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino”.

No todos los grandes en la historia son aquellos que logran materializar en vida sus ideas y proyectos. Bolívar es uno de los mejores ejemplos de ello. En muchas ocasiones sus esfuerzos no tuvieron el eco necesario entre sus contemporáneos, muchos de ellos guiados por ambiciones personales, localistas o comprometidos con designios de poderes imperiales.

Las naciones hispanoamericanas se separaron y su sueño de la Gran Colombia se desvaneció. Fue acusado de tirano y usurpador. Desahuciado, no dudó en renunciar al poder y partir al exilio, quebrantado y enfermo. Y con esa sabiduría que otorgan mil batallas respondió: “El arte de vencer se aprende en las derrotas.”

Es entre campañas de victorias y derrotas por la independencia que Simón Bolívar construyó de Congreso a Congreso la filosofía y el esquema estructural del nuevo estado americano. Su concepto de Unión nunca fue la de lograr un solo país bajo un gobierno centralizado, sino articular una verdadera confederación o Nación de varias Repúblicas.

En el Congreso de Angostura de 1819 impuso sus criterios políticos republicanos y democráticos, que constituyen verdades de carácter universal. Por su relevancia y vigencia me permito citar una de ellas:“La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía.”

Hoy nos encontramos aquí, la Organización de los Estados Americanos representantes de 34 naciones soberanas del “Nuevo Mundo”, como se refería Bolívar a nuestro continente, conmemorando los 233 años de su nacimiento.

En esta Organización, que es foro político de debate y concertación entre muy diversas naciones, la única y gran ausente es Cuba.Esperemos que un día la silla de Cuba vuelva a estar ocupada.

Debemos, en este mecanismo, en esta Organización que es foro político de debate y concertación, generar los espacios para que esta integración plena en el hemisferio se concrete.

No cabe duda que las verdades de Bolívar iluminan a todos y cada uno de los países de nuestro hemisferio. Cuánta razón tuvo cuando dijo: “El que manda debe oír aunque sean las más duras verdades y, después de oídas, debe aprovecharse de ellas para corregir los males que produzcan los errores.Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos"

Dijo: “La justicia la reina las virtudes republicanas y con ellas se sostiene la igualdad y la libertad”.Dijo también “las buenas costumbres y no las fuerzas son la columnas de las leyes y el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad. El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social, y mayor suma de estabilidad política”.

Bolívar, con su ejemplo, nos convoca a todos. Nos obliga a evitar actitudes pasivas, nos obliga a construir y caminar hacia el horizonte de utopías.Esperemos que, aunque no lo alcancemos hoy o mañana, siempre será el faro que nos indica la dirección y el camino a seguir.

Muchas gracias