Speeches and other documents by the Secretary General

“DESAFÍOS PARA LAS DEMOCRACIAS EN LAS AMÉRICAS”.

23 de junio de 2022 - Washington, DC

Hablar sobre los Desafíos para las Democracias en las Américas es un tema central de la realidad que estamos viviendo en la región y que tiene que ver con nuestros principios y valores esenciales como sociedades, como países y en nuestro caso para la Organización como el principal foro político del continente a cargo -y prácticamente en exclusividad- de la agenda política regional.

Agradezco muy especialmente la invitación a este evento, saludamos a las y los asistentes de la Universidad ORT de Uruguay, Cema de Argentina y el think tank Cescos.

Los Estados Miembros de la OEA adoptaron la democracia como un elemento esencial para asegurar la estabilidad, la paz, seguridad y el desarrollo de la región.

A pesar de los avances, retrocesos, nuevos avances, nuevos retrocesos, cada vez son más los desafíos que enfrentamos.

La defensa, promoción y fortalecimiento de la democracia hacen parte de nuestro ADN como Organización, hacen parta del ADN de la región.

Prácticamente cada país del hemisferio, casi todos han nacido a la vida independiente como democracias.

Así lo entendemos y nos lo señalan los instrumentos jurídicos a los cuales nos debemos y así lo llevamos a la práctica de manera cotidiana, tratando de desafiar dificultades, obstáculos que se encuentren en el camino.

Es imposible analizar nuestra realidad si no entendemos que los grandes retos que enfrentamos en la actualidad están agravados por la situación generada por la pandemia del COVID-19 y los efectos de la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania.

Estos retos solo tienen posibilidad de solución en la democracia, que más allá de sus imperfecciones, es el sistema político que mejores resultados ha dado en el hemisferio.

Las dictaduras hemisféricas -ustedes lo pueden ver- son sistemas que han fracasado. Los impactos múltiples, por otra parte de la crisis sanitaria, producto de la pandemia, han profundizado realidades que existían antes y forman parte de nuestros desafíos para avanzar hacia el desarrollo sostenible.

La inequidad, la violencia, la corrupción, la exclusión, el narcotráfico y la discriminación estructural que viven nuestros pueblos, entre otros, se constituyen en brechas que nos siguen distanciando y que necesitamos superar para que haya una recuperación real e inclusiva y para que las democracias también funcionen mejor.

La corrupción es un tema que ha pegado muy duro en los sistemas políticos regionales, es uno de los principales problemas estructurales de la región, obviamente que hay casos en los cuales la corrupción está prácticamente detonada y hay otros casos en que la corrupción está simplemente anquilosada y estructurada en las dinámicas de funcionamiento de los sistemas políticos.

Las cifras sobre el impacto demoledor de este flagelo son durísimas, hay un caso que se investiga en Estados Unidos sobre la corrupción de PDVSA, es un caso de 1.500 millones de dólares, o sea, es prácticamente el doble de toda la corrupción de Odebrecht en 15 años, por nombrar otro caso conocido.

Las cifras son muy duras, son verdaderamente de preocupación, más y menos en otros países siguen constituyendo amenaza a la democracia hemisférica y como la amenaza estructural permanente de la desigualdad y la pobreza.

Somos la región más desigual de todas, un hecho inadmisible desde cualquier punto de vista. Tenemos países ricos con pueblos pobres, a veces países muy ricos con pueblos muy pobres, prácticamente con el 50 por ciento de pobreza.

Esto se ha visto agravado por los efectos nocivos de la pandemia con las consecuencias que tiene en las condiciones sociales de los habitantes de la región.

Es inadmisible la dimensión de pobreza que tenemos y es inadmisible la dimensión de desigualdad que tenemos. Si no resolvemos estos temas estructurales va a ser muy difícil que nuestras democracias den saltos al desarrollo, nos permitan dar esos saltos al desarrollo que son tan necesarios para nuestros pueblos.

Y es posible también que sacudan un poco las lógicas de funcionamiento de nuestras democracias, a veces esto lleva a buscar soluciones más emotivas que racionales y a veces esa situación de emotividad en la elección tiene más que ver con una emotividad negativa que con una emotividad positiva que debería tener. La emotividad positiva nos lleva a trabajar juntos, nos lleva a ensamblar esfuerzos, nos lleva a buscar soluciones y a trabajar de manera mancomunada.

Las condiciones de pobreza conducen también al aumento de la situación de violencia en la región, con niveles inaceptables desde cualquier punto de vista. Con solo el 8 por ciento de la población mundial contamos con el 38 por ciento de las muertes violentas.

Otro de los graves problemas que azota la región y que golpea a las democracias es el narcotráfico y el crimen organizado.

Flagelos vinculados al lavado de activos, que hace que el dinero sucio se bombee muchas veces dentro de sistemas políticos y los permee de la peor manera.

Para lograr mejores condiciones para el funcionamiento de la democracia, debemos empeñarnos en que se limpie ese dinero que ha ingresado a campañas y actividades políticas.

Si hoy hacemos un repaso de lo acontecido en este período atípico de nuestra historia, con respecto a las medidas restrictivas que se debieron adoptar en los países democráticos del hemisferio, podemos hablar de un balance positivo en materia de respeto por la institucionalidad democrática en su inmensa mayoría.

No se puede decir lo mismo con respecto a los regímenes autoritarios, o abiertamente dictatoriales, donde la represión y la violación sistemática de los derechos humanos fueron una constante, con un mayor distanciamiento de las normas esenciales de la convivencia democrática.

Es importante hacer una clara diferencia entre las llamadas democracias imperfectas, prácticamente el funcionamiento normal de la democracia hemisférica y lo que tiene que ver con las dictaduras. En estas últimas, como Cuba, Venezuela y Nicaragua, no existe el Estado de Derecho y se violan sistemáticamente los derechos humanos.

La dictadura no es un concepto abstracto viene con crímenes de lesa humanidad, viene con violaciones sistemática de derechos humanos, viene con la conculcación del Estado de Derecho y viene a veces acompañada de crisis humanitarias y obligatorias que han tocado vivir a los pueblos que he hecho referencia y a nuestros otros pueblos también en otras épocas de la historia.

Dos semanas atrás, durante nuestra participación en la Cumbre de las Américas, tuve la oportunidad de decir que verdaderamente no me hubiera gustado que en esa sala estuvieran Augusto Pinochet, Rafael Videla o Gregorio “Goyo” Álvarez.

Creemos que los regímenes dictatoriales no son un tema de ideología, y nos corresponde reiterar que nuestra empatía tiene que estar con las víctimas de las dictaduras, los desaparecidos y sus familias, los asesinados; los torturados, los presos políticos, que son los que siempre deben estar representados en ese tipo de eventos que son las voces que han clamado por las democracias, las dictaduras en muchos casos.

Los sistemas dictatoriales en nuestro hemisferio son la muestra más clara del fracaso económico, productivo y social.

Tenemos casos extremos, como el de un país extremadamente rico en recursos como es Venezuela que sufrió la destrucción prácticamente completa de su aparato productivo, de las variables económicas y del tejido social. Es lo mismo que se ha reproducido en las otras dictaduras mencionadas y en casos con anterioridad incluso al venezolano.

La primera conclusión a la que podemos llegar es que para asegurar más y mejores condiciones de gobernabilidad, de calidad de vida y eficiencia indispensables para lograr el fortalecimiento de la institucionalidad democrática y el Estado de Derecho.

Esas incidencias de las dictaduras sobre nuestros sistemas políticos sean siempre lo más amortiguadas posible, lo menos permeable a estas malas prácticas que a veces vienen de los sistemas dictatoriales.

Infortunadamente una de las consecuencias indeseables de estos períodos de crisis es que, como lo demuestran distintos estudios, se llegue al hartazgo del electorado y a la desconfianza de la democracia como sistema de gobierno legítimo. En la medida en que muchos de estos casos que hablamos de desigualdad y de pobreza estructural, no han encontrado respuestas, a veces en 200 años de vida independiente y a veces en décadas de dificultades y de variables discriminatorias.

Al respecto es necesario reiterar que la democracia es un proceso que necesita de construcción permanente.

Siempre hay más derechos que conseguir, siempre hay mejor institucionalidad que construir, siempre es necesario que la institucionalidad siga evolucionando para que sea cada vez más eficiente, para que esté más cercana los derechos de la gente, a las necesidades de la gente, para que pueda dar soluciones a los problemas que enfrenta la gente.

Esta no es una actividad que sea responsabilidad tan solo de algunos. Nos corresponde a todas, a todos, a los organismos multilaterales, a los Estados Miembros, a la sociedad civil, al sector empresarial, universidades, etcétera y al sistema político en general, conservar, fortalecer y asegurar para las futuras generaciones una vida en democracia.

Es este el único orden político que garantiza, o que debe garantizar como principio fundamental, las libertades y los derechos.

Es lo único que garantiza un funcionamiento de Estado de Derecho democrático tan necesario para que el sistema garantista funcione.

Sabemos bien que existen problemas y diferencias dentro del sistema democrático de gobierno. Lo fundamental estriba en que, en un Estado de derecho, las mismas se canalizan a través de las instituciones y con respeto por la Constitución.

No puede haber otra salida para la región distinta que lograr el fortalecimiento de las instituciones, que además de su fortaleza tengan cada vez mayor vigencia y que garanticen mejores condiciones de gobernabilidad y de eficiencia.

Las democracias ineficientes generan demasiados problemas y por lo tanto la evolución tiene que aumentar la capacidad de garantizar los derechos a través de las instituciones y el funcionamiento institucional.

De igual manera, el ejercicio de la democracia está aunado a la importancia de que los gobiernos puedan ser auditados de manera permanente, que pasen por el escrutinio de la opinión pública y que respondan por las acciones políticas.

Nos corresponde asegurar que dentro de nuestros estados haya un balance de los poderes, con un organismo electoral independiente, un Poder Judicial independiente y un Congreso fuerte. Cada una de estas instituciones es fundamental en el proceso de asegurar más y mejor democracia en las Américas.

Lamentablemente también en la región hemos visto en los últimos años intentos por empañar los procesos electorales a través de campañas de desinformación, ataques dirigidos a las autoridades electorales y acusaciones y cruzadas de todo tipo.

Estas acciones se repiten. Los ataques contra la democracia en el hemisferio hoy tienen prácticamente una constante que es variable: los ataques al poder electoral, la cooptación de los poderes judiciales y los ataques a la libertad de expresión. Todas estas acciones son inaceptables, en la medida en que minan la confianza de la ciudadanía en los sistemas electorales y la legitimidad que tienen que tener esos sistemas.

Desde la OEA tenemos un trabajo de manera permanente para mejorar las condiciones de la competencia electoral, fortalecer las capacidades de los órganos electorales de la región y lo continuaremos haciendo a través del trabajo de la Organización y el trabajo de las Misiones de Observación Electoral.

Otro aspecto vital de la democracia es el de promover el diálogo permanente que permita abordar los aspectos centrales de la vida en sociedad.

Esta es la mejor manera de atender los grandes retos que padecemos, derivados de la movilidad humana, la crisis climática y la inseguridad alimentaria en la región; sobre todo en las poblaciones más vulnerables, los niños y adolescentes, los adultos mayores, las personas migrantes, refugiadas, desplazadas, solicitantes de asilo, las personas afrodescendientes, los pueblos indígenas, las personas con discapacidades, de género y los colectivos LGBTI.

La vitalidad democrática de las Américas pasa necesariamente por la participación activa y permanente de la sociedad civil en todos los espacios democráticos y no sólo de padecer los problemas de la persecución y la violencia

Especial atención merece el tema de las personas en situación de movilidad, migrantes, refugiados y solicitantes de asilo, que han aumentado en la región debido a la crisis migratoria venezolana, así como la situación económica, social y de seguridad en el Triángulo Norte.

También por las situaciones dictatoriales en Nicaragua y Cuba, y por los problemas estructurales que enfrenta Haití. También dentro de la democracia tenemos la responsabilidad de promover y proteger el derecho humano fundamental de todas las mujeres y niñas en su diversidad.

Es el derecho de cada individuo a estar libre de toda forma de violencia y comprometerse a avanzar, de forma urgente, en este camino.

Queremos resaltar que la OEA cuenta con un importante instrumento jurídico para actuar en la defensa y promoción colectiva de la Democracia en las Américas: La Carta Democrática Interamericana.

Es el principal instrumento interamericano para la promoción y el fortalecimiento de los principios, prácticas y cultura democrática de nuestros Estados Miembros.

El año pasado celebramos su Vigésimo aniversario, con una clara hoja de ruta que aprobaron nuestros Estados miembros para construir un hemisferio basado en la libertad y la justicia social.

En estos veinte años la Organización ha desplegado un conjunto de acciones para abordar los temas centrales consagrados en la Carta: su función preventiva en la transparencia y probidad en la gestión pública, la defensa de la libertad de expresión y libertad de prensa, el fortalecimiento de los partidos y organizaciones políticas, así como la celebración de elecciones libres.

Creemos que la Carta Democrática es la verdadera Constitución para las Américas y que le corresponde a los funcionarios gubernamentales construir un hemisferio basado en la libertad y la justicia social, con el deseo de crear las condiciones en las que toda la ciudadanía pueda realizar sus aspiraciones democráticas.

La esencia de la Carta establece que: “Los pueblos de las Américas tienen derecho a la democracia y sus gobiernos tienen la obligación de promoverla y defenderla”. Nunca debemos olvidar este principio y mucho menos en aquellas instancias en las que la democracia está bajo amenaza, porque significa justamente que los gobiernos, los Estados, están en deuda en la obligación de promoverla y defenderla.

La Carta fue concebida originalmente como una defensa contra la remoción interinstitucional desde un gobierno legítimo, la Carta ha sido también instruida para abordar el creciente reconocimiento de que los autores de la interrupción constitucional a menudo pueden ser líderes que buscan erosionar las prácticas democráticas y la separación del poder en su propio beneficio, luego de usar la democracia para llegar al poder

Un punto importante que se menciona allí es el de las elecciones libres y justas para asegurar su celebración oportuna y segura. La Carta recoge el principio de las Misiones de Observación Electoral, las fortalece y les da los instrumentos necesarios para que sean un factor fundamental de democratización. Al respecto, hemos estado acompañando procesos electorales en todo este tiempo.

Otro aspecto que quiero resaltar es que la Carta no es injerencista, no es intervencionista, a veces se dice esto como una repetición sin mucho sentido.

Esto es una dinámica consensual de los Estados Miembros para trabajar los temas de protección internacional de la democracia y en estos casos los desafíos para la democracia es clave que la defensa internacional de la misma pueda ser permanente, constante y muy fuerte.

Esa referencia jurídica y política clave en nuestro hemisferio que es la Carta Democrática es un símbolo muy importante. Marca el compromiso contraído por los países de las Américas con la democracia en su compleja dimensión. Para los que conocen el contenido de la Carta y están al tanto de los procedimientos concretos y esta prevé, para responder al momento de riesgo ó ruptura de un régimen democrático.

Los artículos 3 y 4 que refieren a los elementos esenciales de la democracia representativa nos deja claro con respecto a los Derechos Humanos, las libertades fundamentales, el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al Estado de Derecho, la celebración de elecciones periódicas, libres, justas, basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; y el régimen plural de partidos y organizaciones políticas y la separación e independencia de los poderes públicos. El artículo 4 también refiere a la necesidad de probidad republicana, a la libertad de expresión y a componentes fundamentales de la práctica democrática.

Tenemos que trabajar siempre para fortalecer la democracia aún en los diferentes contextos que puedan surgir como COVID-19, recesión o crisis económicas y financieras. Debemos de darle a la democracia las capacidades para responder a esto. Debe tener cada vez mejores capacidades para responder a esos problemas estructurales que enfrentamos en el día a día.

Estos son los desafíos que tenemos que enfrentar en la región a la hora de defender la democracia y de hacer la democracia más fuerte. A la hora de que los instrumentos para hacerla valer sean cada vez más vigentes y tengan mejores condiciones de funcionamiento.

Les agradezco mucho y quedo abierto a las instancias de diálogo que ustedes estimen convenientes.

Muchas gracias