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MONTERREY, México (AP) - La Cumbre de Monterrey será
para algunos presidentes el inicio de una buena relación personal, pero para
otros tal vez sea la ocasión para desplegar todo esfuerzo posible a fin de
reparar una relación maltrecha.
Estados Unidos ha promovido esta cumbre extraordinaria, a
sugerencia de Canadá, como la oportunidad también para que 14 gobernantes
debutantes adquieran la “experiencia” del proceso antes de la reunión ordinaria
del próximo año en Argentina, donde se celebrará su quinta edición en 11 años.
Pero, debido a que las relaciones de algunos de sus 34
invitados, todos con regímenes democráticos, se han empañado en meses, y hasta
días, recientes la cumbre está sometida a una presión inesperada al haberse
convertido en una suerte de campo abierto para el arreglo de desavenencias.
“Es una oportunidad para la amistad”, dijo Michael Shifter,
subdirector del Diálogo Interamericano, una organización de análisis y debate
político de Washington. “Pero, es también una oportunidad para hablar con
claridad de los problemas”.
La forma en que los presidentes hablen de sus problemas
variará según el grado de dificultad de éstos. La solución llegará también en
la medida del despliegue de su habilidad diplomática. Pero, si en el espíritu
de los interesados no primara la diplomacia ante un potencial impulso de
rudeza, esto es lo que hipotéticamente pasaría en Monterrey:
El presidente George W. Bush le gritaría a su colega
brasileño Luiz Inacio Lula da Silva que está enojadísimo con el fichado
afrentoso de estadounidenses que llegan a Brasil.
Lula le replicaría que la afrenta está más bien en Estados
Unidos al iniciar un procedimiento idéntico bajo el pretexto de seguridad a los
visitantes extranjeros.
El presidente Néstor Kirchner le diría a Bush que se olvide
de que Argentina seguía siendo el país de la “relación carnal” con Estados
Unidos y que deje de entrometerse en los asuntos de la refinanciación de la
deuda y su política exterior hacia Cuba.
El presidente de Chile Ricardo Lagos le diría a su colega de
Venezuela Hugo Chávez que no se siga haciendo el chistoso con los asuntos que
conciernen a Chile, Bolivia y Perú sobre la recuperación boliviana de su acceso
al Pacífico. Chávez ha dicho que le gustaría algún día bañarse en una playa
boliviana en un lugar que por ahora seguía estando bajo soberanía chilena.
El presidente peruano Alejandro Toledo le diría a Lagos que
resuelva el problema boliviano dándole a Bolivia una salida por territorios que
fueron bolivianos hasta el siglo pasado y que no toque los territorios que
fueron peruanos y que Chile se anexó también como botín de una guerra con los
otros dos países.
El presidente de Bolivia Walter Mesa le pediría al
presidente Vicente Fox que no permita que Perú coloque su gas natural en el
mercado estadounidense por puertos mexicanos, ya que Bolivia espera recibir por
su menor desarrollo relativo la prioridad en esa concesión.
Chávez le diría a Bush que deje de entrometerse en los
asuntos sobre el proceso de la oposición venezolana para un referéndum
revocatorio y de preocuparse por lo que pudiera hacer conjuntamente con el
presidente cubano Fidel Castro, el único ausente de la cumbre, en la política
latinoamericana.
El presidente electo de Guatemala Oscar Berger, quien ha
sido invitado a la reunión, le diría a Bush que va a ser difícil complacerle
con una solución expeditiva del caso jurídico de Belice durante su gobierno y
que en cuanto a su política sobre los derechos humanos en Cuba, en el seno de
las Naciones Unidas, decidirá independientemente de los deseos de Washington.
Bush les llamaría la atención a los presidentes de Colombia,
Perú y Bolivia por su lentitud en eliminar los cultivos de coca, pero éstos
últimos responderían que ello era casi un sueño si Estados Unidos no ponía el
dinero para los programas alternativos.
El presidente Vicente Fox le diría a Bush que su propuesta
para legalizar inmigrantes mexicanos por tres años le parecía muy mezquina y
que les dé una amnistía para que no sigan siendo explotados en Estados Unidos
como “trabajadores migrantes”. Bush le preguntaría a Fox cuándo va a pagarle
las toneladas de agua que le debe en la frontera y que reclaman los
agricultores texanos, a los cuales el presidente sirvió cuando era gobernador.
Bush le diría al presidente de Costa Rica Abel Pacheco que
deje de seguir jugando a ser Brasil en Centroamérica ya que se ha sentido
desairado cuando Costa Rica se retiró temporalmente el mes pasado de las
negociaciones del CAFTA, echando a perder una buena oportunidad de propaganda
del libre comercio en las Américas.
Muchos le gritarían al presidente haitiano Jean Bertrand
Aristide que se avenga a la mediación de la Organización de los Estados
Americanos para sacar al país de la paralización política en la que cayó hace
cuatro años. Aristide seguiría haciéndose el sordo.
Bush les pediría a todos que no le hagan sufrir en un año en
que buscará la reelección y que entren en grupo a un proceso expeditivo para
sacar adelante el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Muchos o
quizás todos le gritarían a Bush que así sería si Estados Unidos elimina sus
subsidios a la agricultura y juega con las mismas reglas de acceso al mercado
que demanda de los demás.
Bush les respondería que eso es por ahora un imposible. |