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PROGRAMA INTERAMERICANO SOBRE LA PROMOCIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS DE LA MUJER Y LA EQUIDAD E IGUALDAD DE GÉNERO

 

Preparativos para SEPIA III – Género y Educación

 Propuestas para la Integración 

de la Perspectiva de Género  en la Educación  

presentadas a  la III Reunión de Ministros de Educación

 

1.      Los avances y desafíos en la educación

Hasta algunas décadas atrás, las principales demandas de educación, desde una perspectiva de género, se centraban en la superación de la brecha educativa entre hombres y mujeres. Las tasas de analfabetismo entre los sexos presentaban grandes disparidades en casi todos los países de la región, en particular, las de las mujeres rurales y de mayor edad.  Asimismo, la cobertura de los sistemas educativos hacia las niñas en los niveles básico y secundario era significativamente inferior a los de sus pares masculinos.

Actualmente, en la mayoría de los países del hemisferio, estas brechas se han ido superando. El acceso a la educación básica y secundaria es prácticamente igual para niñas y niños. En la educación superior, en varios países se registran porcentajes elevados de mujeres y la brecha de analfabetismo, ha disminuido considerablemente.

Este avance se da en el contexto de un aumento de la escolaridad de toda la población. En  América Latina, en los años 90, la población en edad de trabajar (personas de 15 años o más), se expandió a una tasa de 3.1%, en tanto que el número de profesionales y técnicos (entre 25 y 59 años de edad)  creció a un ritmo anual de 7.5%, tasa que fue mayor para las mujeres (8.7%) que para los hombres (6.4%).[1] No obstante estos importantes logros, el retraso educativo acumulado en las décadas pasadas, explica que alrededor del 80% de la población entre 25 y 59 años, para el año 2000, no había alcanzado una educación técnica o profesional.

Por otra parte, a pesar del aumento significativo en la educación preescolar, la cobertura de la educación básica y la expansión registrada en la matrícula secundaria, la retención del sistema educativo es baja, en especial entre los sectores de menores ingresos, lo que da como resultado una deficiente formación de niños y jóvenes para insertarse adecuadamente en el mercado laboral, operando como un mecanismo de reproducción de la pobreza.

Para las mujeres, tales deficiencias se agudizan, debido a la persistencia de  mecanismos de discriminación en el mercado laboral, que inciden en una inserción de mayor precariedad, tales como las mayores dificultades de conjugar el trabajo doméstico con el trabajo asalariado, las menores opciones ocupacionales derivadas de la segmentación por sexo de los empleos y los diferenciales de ingreso entre hombres y mujeres. En este escenario, la educación para las mujeres representa un mecanismo de movilidad social fundamental, a la vez que desarrolla su autonomía y la transmisión del valor de la educación a sus hijos.

Esta situación plantea grandes desafíos a las reformas educativas que se están llevando a cabo en la mayor parte de los países de la región.

  2. La inserción de propuestas de género en la educación en los compromisos de las Cumbres de las Américas

Las Cumbres de las Américas han abordado la educación  como un tema de particular interés. Los Jefes de Estado y de Gobierno participantes en la I Cumbre de las Américas de Miami, abogaron por el acceso a la educación de calidad; la capacitación profesional y educación de adultos; la capacitación técnica, profesional y magisterial; un mayor acceso a la educación superior y el fortalecimiento de su calidad;  el acceso universal de las mujeres a la educación; estrategias para superar las deficiencias nutricionales; la descentralización y la participación comunitaria.

En la II Cumbre de las Américas, los Gobiernos se propusieron realizar políticas educativas compensatorias para los grupos más vulnerables; evaluar la calidad de la educación a través de indicadores; desarrollar programas de valorización y profesionalización de docentes y administradores de la educación y capacitación para los trabajadores, considerando la adopción de nuevas tecnologías Asimismo, reconocen la necesidad de incorporar en la educación los principios democráticos, los derechos humanos, la visión de género, la paz, la convivencia tolerante, el respeto al medioambiente y los recursos naturales. Identifican como ejes para las reformas que se implementen en materia educativa, la equidad, la calidad, pertinencia y la eficiencia en la educación.

En la III Cumbre de las Américas, se reconoce el valor de la ciudadanía educada en el paso hacia sociedades más democráticas, el crecimiento económico y la equidad social. De este reconocimiento surgen acuerdos para formular una serie de políticas para mejorar el acceso hacia una educación de calidad a  través de la capacitación de los docentes, la educación en los valores cívicos y el uso de las tecnologías de información en las aulas, a fin de contribuir a reducir las desigualdades de ingresos del Hemisferio. Los mandatos de la III Cumbre  giran en torno a cinco ejes temáticos: 1) la calidad y la equidad; 2) la gestión y la descentralización, la participación social y la formación docente; 3) la capacitación, la educación secundaria y la certificación de competencias laborales; 4) la educación superior, ciencia y tecnología y la movilidad académica; 5) las nuevas tecnologías al servicio de la educación.

Con el fin de dar seguimiento a los mandatos de la III Cumbre de las Américas, se constituyó, con carácter de foro político, la Reunión de Ministros de Educación, cuyo objetivo es establecer lineamientos, programas y estrategias de cooperación horizontal  en base a los planteamientos de los Jefes de Estado y de Gobierno. En este contexto, en Septiembre de 2001 se realizó en Punta del Este la Segunda Reunión de Ministros de Educación en el marco del Consejo Interamericano para el Desarrollo Integral (CIDI). En ella, las Ministras y Ministros reconocen los avances en  relación a la educación y reafirman  su compromiso a desarrollar e implementar proyectos en torno a los cinco ejes definidos: a) la calidad y la equidad en la educación; b) mejoramiento de la gestión y la descentralización del  sistema educativo, la participación  social y la  formación docente;  c) capacitación para los jóvenes, la educación secundaria y la certificación de competencias laborales; d) fortalecimiento de la educación superior, ciencia y tecnología y la movilidad académica; e) promoción de las nuevas tecnologías al servicio de la educación.

a.      Calidad y equidad en la educación

La calidad y equidad en la educación son principios inseparables para el mejoramiento de las condiciones de vida de la población, en particular de los sectores más pobres. Sólo en la medida en que haya una calidad para todos se logra la equidad. En tal sentido, las niñas y las mujeres, aún cuando se mencionan entre los grupos vulnerables, sujetos de atención prioritaria, deben ser incorporadas en acciones específicas, especialmente de las de los sectores rurales que  presentan un déficit aún en varios países del hemisferio, a fin de eliminar las inequidades existentes tanto en el acceso a la educación, como en la discriminación en la práctica docente. Este principio es aún más relevante al considerar el efecto multiplicador de la educación de las madres, tanto en la asistencia y permanencia en el sistema educativo de los hijos, como en las mejorías de las condiciones de salud de la familia y, en particular, en la superación de la pobreza de los hogares más desposeídos de la región, además de  incidir en otros aspectos del desarrollo social, tales como la mortalidad materna e infantil, la salud, nutrición y educación de las nuevas generaciones, el control demográfico y ambiental,  la integración social y la construcción de  ciudadanía.

b.      Mejoramiento de la gestión y la descentralización del  sistema educativo, la participación  social y la  formación docente

La gestión escolar junto a los procesos de descentralización de los sistemas educativos, ha mostrado ser un mecanismo eficiente para el fortalecimiento de las estrategias de participación social en la tarea educativa. Los procesos de descentralización que se han llevado a cabo en el hemisferio, han mostrado el gran potencial de la participación de las mujeres en las instancias descentralizadas, donde han desarrollado papeles de liderazgo en el espacio local.

Por una parte, la participación de las mujeres en la gestión del sistema educativo desde el nivel comunitario se presenta como una fuente de formación de nuevas líderes, potenciando su participación y la posibilidad de dar solución positiva a los diferentes problemas relacionados con la educación, así como de relacionamiento con otras instancias locales en las cuales han pasado a tener un activo papel, facilitando la integración de la educación con otros ámbitos complementarios. Por otra parte,  la tradicional mayor  participación de mujeres que de hombres en los asuntos concernientes a la educación de los hijos, ya que asumen este rol en forma prácticamente exclusiva, da como resultado un fortalecimiento de los roles de género, por los cuales la educación de los hijos se asigna como una responsabilidad de la madre. Por tal motivo, este campo se presenta como un terreno fértil para detonar mecanismos que permitan un mayor involucramiento de la familia –madres y padres- en la gestión educativa, influyendo de esta manera sobre procesos de formación de estos actores, promoviendo la igualdad tanto de hombres como de mujeres en los asuntos domésticos, entre los cuales se incluye la educación.

El desafío de crear ambientes educativos concebidos como comunidades de aprendizaje, se extiende naturalmente a los docentes, quienes en este escenario tienen la responsabilidad de promover valores democráticos, la equidad y la tolerancia en contraposición al autoritarismo y a las jerarquías rígidas. Para ello, es preciso incorporar en la formación de los docentes, los principios que promuevan estos valores, en particular, la no discriminación por razones de género en todas las instancias del sistema educativo.  

c.      Capacitación para los jóvenes, la educación secundaria y la certificación de competencias laborales


Actualmente, los resultados alcanzados en el aumento de la cobertura en el nivel de la educación básica, y el registro de un aumento de la matrícula en el nivel secundario, no se reflejan en los logros esperados de los y las jóvenes en relación al mercado laboral. Hay que considerar que los y las jóvenes que llegan a la educación superior son un pequeño porcentaje, por lo que se requiere de una redefinición de la orientación de la educación en función del trabajo, de modo de que entregue formación adecuada para  el desempeño laboral y, por ende, para el incremento del capital humano de los países de la región. Para las mujeres esta formación requiere de una preocupación particular, por cuanto sus opciones de trabajo se ven reducidas por la prevalencia de estereotipos formados en relación a trabajos masculinos y femeninos, siendo estos últimos más restringidos y menos valorizados en el mercado de trabajo. En muchas oportunidades, las opciones de las mujeres se reducen al empleo informal de baja productividad  o el empleo doméstico, por  falta de una preparación adecuada que las habilite para el desempeño de otras ocupaciones mejor rentadas que les proporcione la autonomía económica necesaria para su propio sustento y el de su familia.
 

Además, es sabido que las mujeres adquieren en su práctica diaria una gran variedad de oficios que han aprendido empíricamente, cuya certificación debe constituir parte del proceso de aprendizaje. 

d.      Fortalecimiento de la educación superior, ciencia y tecnología y la movilidad académica 

La educación superior sigue siendo un nivel que alcanza un porcentaje muy reducido de quienes comienzan los niveles básico y secundario. El porcentaje de quienes llegan a la educación superior es muy reducido y en general, tiene una estrecha relación con el nivel socioeconómico de los hogares de procedencia de alumnos y alumnas. Desde una perspectiva de género, si bien en las últimas décadas, ha tendido a disminuir  la brecha entre la matrícula femenina y la masculina en este nivel, sigue presente la segmentación de las carreras universitarias, por las cuales algunas concentran a un alto porcentaje de mujeres y en otras son una minoría. Dentro de las propuestas para el replanteamiento de la educación superior, no pueden estar ausentes aquellas dirigidas a ampliar las opciones de carrera de hombres y  mujeres, estimulando a unos y otras  a incursionar en carreras de las cuales han estado ausentes.  Existe por tanto aún una discriminación socioeconómica y de género en el acceso a este nivel de educación, para el cual es preciso encontrar mecanismos eficaces  que permitan conjugar la equidad con la calidad en este nivel de instrucción.  

e.      Promoción de las nuevas tecnologías al servicio de la educación

Los rápidos cambios e innovaciones basadas en la tecnología, la conectividad y la comunicación deben ser puestos al servicio de la educación, sobre todo para romper la brecha de calidad en la educación de los sectores más aislados y vulnerables. Tradicionalmente, las mujeres han estado menos ligadas al uso de la tecnología, en función de la distribución de roles de acuerdo al sexo. El esfuerzo por la utilización de las tecnologías en la educación, debe prestar una atención especial a acercar a las niñas y jóvenes al uso de las innovaciones, evitando la orientación sexistas en su uso.  

  3. La perspectiva de género en la educación

El Programa Bienal de Trabajo 2002-2004 de la CIM, en sus Áreas de acción prioritarias   establece que “la educación con perspectiva de género es el medio para formar nuevos valores y cambios de actitudes. Es el elemento indispensable para garantizar el ejercicio pleno de los derechos de la mujer, con el fin de lograr su incorporación en la actividad política en todos los niveles, el ingreso y permanencia en el mercado de trabajo, y el mejoramiento de su calidad de vida. En el área de la educación, la CIM propone desarrollar actividades dirigidas a producir e inducir cambios socioculturales y eliminar estereotipos de los papeles domésticos y laborales, a fin de crear conciencia de que hombres y mujeres deben compartir las labores del ámbito público y privado. Prestará atención en general, a la educación de la mujer en todos sus ciclos de vida, y dará especial atención a programas de capacitación para grupos rezagados de educación, como las minorías, la población rural, la población urbana marginada, los grupos indígenas y otros grupos étnicos.”[2]

El Programa Interamericano sobre la Promoción de los Derechos Humanos de la Mujer y la Equidad e Igualdad de Género en su objetivo específico 5. insta a los Estados Miembros de la OEA a promover la equidad e igualdad de género y los derechos humanos de la mujer, entre otros, mediante el logro de su acceso pleno e igualitario a “todos los niveles del proceso educativo, así como a las diversas disciplinas de estudio”. Este llamado se reafirma (objetivo específico 8) con “la eliminación de patrones culturales y estereotipos que denigran la imagen de la mujer, en particular en los materiales educativos...”[3]. El mismo Programa, entre las acciones a desarrollar por la Secretaría General de la OEA, llama a adoptar las medidas necesarias para promover entre los organismos del sistema interamericano la incorporación de esta perspectiva en sus trabajos.

En este contexto, la propuesta de la CIM para incorporar la perspectiva de género en la III Reunión de Ministros de Educación,  se basa en la premisa de que ésta, además de ser un mecanismo de movilidad social, integración y superación de la pobreza,   es un ámbito privilegiado para promover cambios culturales que faciliten el logro de la equidad de género. Si bien el acceso igualitario de las mujeres a todos los niveles de la educación, es un avance fundamental, existen otros factores que se relacionan con el potencial que significa la formación de niñas y niños en valores de equidad, tolerancia, respeto a la diversidad y formación ciudadana.

La educación con perspectiva de género, se concibe como la formación de niñas y niños desde su más temprana edad en principios de equidad entre los sexos, que  abren el camino a la superación de las mayores barreras basadas en la inequidad de género, entre otras, el  acceso igualitario al mercado de trabajo; induce procesos de cambio cultural tanto en hombres como en mujeres,  tales como  la paternidad responsable, la repartición igualitaria de las labores domésticas; además, crea las condiciones para el  empoderamiento de las mujeres y, por ende,  la construcción de una sociedad  más justa y equitativa.

Por otra parte, el aumento en los niveles de instrucción de las mujeres, tiene una relación directa con las posibilidades de lograr mejores ingresos en el hogar, incide en la salud de ellas y de su familia, y, como se verá más adelante, es un factor de disminución de la tasa de deserción de sus hijos.

No obstante, para lograr la integración de la perspectiva de género en la educación, se requiere de cambios que van desde el ámbito legislativo, hasta la gestión de la educación, pasando por las modificaciones de las propias conductas de los docentes, la revisión de los mensajes sexistas transmitidos en los textos escolares y la orientación vocacional igualitaria hacia niños y niñas, entre otros aspectos.

4.      Hacia la equidad de género en la educación

Desde un análisis de género, sin lugar a dudas, la igualdad de oportunidades para  niñas y niños en el acceso a los diferentes niveles del sistema educativo es fundamental. Sin embargo, existen otros factores, cuya mantención o cambio da como resultado la perpetuación o eliminación de las inequidades de género en  diferentes aspectos de la vida de las personas.

Comenzando por el nivel preescolar, en el cual en los países de la región  se ha registrado un aumento de la matrícula, ésta ha sido motivada por la necesidad del sistema educativo de mejorar la preparación de niños y niñas al nivel básico, lo que es una razón valedera y de gran impacto; sin embargo, la oferta es insuficiente considerando la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral. La ya escasa cobertura de los servicios de cuidado infantil en guarderías, se prolonga al nivel preescolar, constituyendo una barrera de entrada de la fuerza de trabajo femenina al mercado laboral, en tanto sigue manteniendo casi exclusivamente la responsabilidad por el cuidado de los hijos. En este sentido “la matrícula del nivel ha crecido respondiendo a la lógica interna del sistema, más que a la demanda originada por la incorporación de las mujeres al mercado laboral, quedando entonces un largo camino por recorrer” [4]

El nivel básico y secundario ha aumentado en una gran medida con una matrícula  promedio entre los países del hemisferio de 90% para el primero y de un 50% para el segundo, en el cual en varios de los  países de la región predominan las mujeres. No obstante, el número de jóvenes que llegan a término disminuye sustantivamente.

La deserción escolar, uno de los problemas que afecta con más seriedad a los sistemas educativos, desagregada por sexo, reproduce los patrones sexistas que se dan en la sociedad.  Los resultados de las encuestas de hogares que se realizan periódicamente en los países de la región, que hacen alusión a las causas del abandono escolar antes de completar la secundaria, revelan que éstas difieren sensiblemente entre los sexos: los hombres  desertan mayoritariamente  por motivo de trabajo o búsqueda de empleo y las mujeres por problemas familiares, que incluye embarazo o maternidad y quehaceres del hogar. 

Razones de abandono escolar entre jóvenes de 15 a 19 años de edad. Países seleccionados

(porcentajes)

 

 

Razones

 

 

Económicas

Familiares

Bolivia

Hombres

50

15

 

Mujeres

38

41

Chile

Hombres

34

4

 

Mujeres

14

50

El Salvador

Hombres

47

5

 

Mujeres

22

49

Nicaragua

Hombres

38

-

 

Mujeres

7

-

Paraguay

Hombres

21

1

 

Mujeres

14

14

Perú

Hombres

17

2

 

Mujeres

6

31

R. Dominicana

Hombres

35

-

 

Mujeres

20

-

Venezuela

Hombres

37

1

 

Mujeres

12

32

Fuente: Elaboración en base a datos de Cepal (Panorama Social 2001-2002

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estas cifras de deserción escolar muestran la persistencia de patrones de género, que afectan la decisión de los jóvenes de abandonar los estudios, consistente con la socialización de género, por la cual ellos asumen su rol de proveedor y las jóvenes su rol doméstico.

El embarazo precoz, fenómeno que ha ido cobrando mayor fuerza en las últimas décadas es una causa relevante en el abandono de la educación por parte de las niñas. Sus repercusiones sobre la vida de las jóvenes son múltiples, ya que disminuye sus posibilidades de proseguir sus estudios, con la consiguiente dificultad para encontrar empleos de calidad que les permita su subsistencia y la de sus hijos. Una adecuada educación sexual impartida desde el ciclo básico promovería un descenso de la maternidad adolescente y el ejercicio de la paternidad responsable.

Entre los factores que influyen en la deserción escolar la pobreza de los hogares tiene una gran influencia; pero también es un elemento de gran importancia la baja educación de la madre: entre los jóvenes cuya madre tiene baja educación (5 ó menos años de estudio), en el sector urbano, más del 40% han desertado  y 55% en las zonas rurales. En contraposición, aquellos cuya madre ha completado al menos la educación primaria, este porcentaje desciende al 15% en las zonas urbanas y 34 % en las rurales. En tales circunstancias, el énfasis sobre el aumento de la cobertura educativa de las niñas y la disminución de su deserción escolar, tiene efectos a largo plazo que se proyectan en las generaciones sucesivas.

Con respecto a la educación superior, en promedio, las mujeres han alcanzado una cobertura similar y en varios países del hemisferio, superior a la de sus pares masculinos, pero existe una fuerte segmentación de las carreras según sexo. La matrícula femenina en carreras científicas sigue siendo muy inferior a la masculina.

Un alto porcentaje de las jóvenes siguen carreras que reproducen  los roles femeninos, tales como las relacionadas con la educación y  salud, las que son precisamente las de menor status y niveles de ingreso. En las opciones de los jóvenes está implícita la formación que los docentes imparten a alumnos y alumnas desde el nivel básico. Se les da una mayor atención a los niños en las áreas científicas que a las niñas; en el ciclo secundario, la orientación vocacional dirige a muchachos y muchachas hacia intereses preestablecidos de acuerdo a su sexo. De este modo, el currículo oculto,  que hace distinciones entre el tratamiento y orientación entre niños y niñas, va definiendo las preferencias de cada uno.

Juegan también en este aspecto un papel importante, las imágenes que se proyectan en los textos escolares. Aunque en algunos países se ha dado comienzo a la revisión desde una perspectiva de género de los textos escolares, en el marco de las reformas educativas que se implementan, persisten en muchos aún, las imágenes estereotipadas de hombres y mujeres de acuerdo a sus roles de género, o bien la imagen femenina tiene menor importancia que la masculina.

De este modo, la orientación  vocacional sexista desde la escuela, deja fuera del mercado laboral  relacionado con la ciencia y la tecnología a un gran contingente de mujeres, marginándolas de las actividades  productivas de punta que son las de mayor oferta de acuerdo a las transformaciones de los mercados, producto de la integración económica y la globalización.

En resumen, el avance en el acceso de las mujeres a la educación formal, no guarda relación con los beneficios que pueden esperar, por cuanto persisten inequidades de género que se manifiestan en general, en una baja correlación entre la mejoría de sus niveles de vida y en particular, en la mantención de las dificultades para acceder a empleos calificados, en correspondencia con los mayores niveles educativos logrados. Las principales barreras que se presentan para romper esta desarticulación entre educación y el logro de mejores condiciones de vida, se relacionan con diversos factores:

o       La desigual distribución de responsabilidades familiares, que atribuyen a las mujeres la exclusiva responsabilidad del hogar, exacerbado por la multiplicidad de roles que desempeña y la carencia  de servicios de apoyo doméstico  inciden negativamente en sus oportunidades profesionales.

o       El  lenguaje sexista que invisibiliza la experiencia y la participación de la mujer en la sociedad,  así como en las prácticas y metodologías docentes, lo que constituye una de las manifestaciones más sutiles pero eficaces de la discriminación indirecta. Todo ello refuerza la división de tareas por género,  afectando sus opciones en la elección de sus profesiones.

o       La escasa correspondencia entre la oferta de formación y la demanda del mercado afecta  particularmente a las mujeres, por cuanto requieren de apoyos especiales que rompan las concepciones de género internalizadas  para acceder a las áreas de actividad innovadoras o con mayores y mejores posibilidades de empleo.

La capacitación, considerada como la  educación no formal es una alternativa de desarrollo de capacidades para las personas que no han logrado el término de la educación formal o que quieren obtener una especialización que les permita mejorar sus oportunidades de empleo.

En este ámbito se detectan también carencias en relación  a un  sistema de capacitación que dé cuenta de la realidad de las mujeres. En primer lugar, se observa  una  falta de flexibilidad en la estructura de los cursos, para cuyo ingreso se demandan elevados requisitos; muchos de ellos son de  larga duración o se realizan en horarios incompatibles con las responsabilidades familiares. A ello se suma la ausencia de servicios de apoyo para el cuidado de los hijos, todo lo cual se erige como una barrera para el ingreso, o bien al  abandono antes de culminar la capacitación. 

A partir de lo señalado, se proponen las siguientes líneas de acción a fin de asegurar el acceso pleno y la permanencia de las mujeres en el sistema educativo, así como la promoción y la incorporación de la equidad de género en la práctica pedagógica. 

5.      Propuestas para la incorporación de la perspectiva de género en la educación

  La incorporación de la perspectiva de género requiere de un tratamiento integral, de manera de que las iniciativas en las distintas áreas, se refuercen entre sí. Desde cada área específica surgen propuestas complementarias, que actúan paralelamente para lograr la disminución de las brechas de género y la persistencia de factores discriminatorios de género en la educación.

 1.      Legislación 

o        Revisar la normativa vigente  y efectuar los cambios necesarios a fin de eliminar las barreras legales –donde existan- que impiden el acceso a la educación en igualdad de oportunidades para hombres y mujeres. 

2.      Coordinación interinstitucional 

o       En el marco del fortalecimiento institucional de los Ministerios de Educación, establecer alianzas interinstitucionales entre los mecanismos nacionales para la igualdad de la mujer y los Ministerios de Educación a fin de diseñar e implementar programas de sensibilización  y capacitación  desde una perspectiva de género, a los encargados de la formulación de  programas y políticas de educación, asegurando su asignación presupuestaria. 

o       Diseñar e implementar programas conjuntos con los mecanismos nacionales para la igualdad de la mujer, que se  instalen en los Ministerios de Educación como programas permanentes, dirigidos  al personal docente  en la perspectiva de género,  educación sexual, equidad, desarrollo y formación integral con programas y metodologías continuas que aseguren la aplicación  en su práctica docente. 

o       Proponer el diseño de indicadores de seguimiento de la inserción de la perspectiva de género en las políticas educativas, en coordinación con las oficinas nacionales de estadística de los países. 

o       Fortalecer la ccoordinación entre  el sistema formativo y el sector productivo para determinar las necesidades y actualización de  los perfiles ocupacionales, alimentar el sistema de información sobre demanda y oferta laboral, definir las posibilidades de empleo femenino existentes. 

3.      Revisión del currículo educativo desde un análisis de género

 

o        Eliminar las diferencias existentes en el currículo educativo sobre actividades diferenciadas para uno u otro sexo, estimulado los aprendizajes de niños y niñas en tareas atribuibles a ambos sexos.

 

o        Eliminar los requisitos que impiden por razones de sexo, la participación de alumnos y alumnas en asignaturas complementarias diferenciales.

 

o        Revisar los textos escolares a fin de eliminar los mensajes que reproducen estereotipos sexistas o que no proporcionen una imagen equilibrada de las capacidades y funciones de hombres y mujeres, así como el uso de un lenguaje discriminatorio.

 

o        Introducir en el currículo regular de todos los niveles educativos la educación sexual. 

o        Revisar los desarrollos curriculares en la capacitación para asegurar su pertinencia y actualización  respecto a las competencias requeridas, para que no repitan y consoliden estereotipos de género, en especial respecto a la segmentaciones de tareas y ocupaciones. 

4.      Formación docente 

o        Identificar y eliminar estereotipos en las prácticas docentes, tales como la transmisión de mensajes que promuevan la inequidad de género, el uso diferenciado del espacio para hombres y mujeres, la descalificación o ignorancia de necesidades e intereses de las alumnas. 

o        Sensibilizar y capacitar  al personal docente sobre la importancia de estimular el interés de las niñas por la ciencia y tecnología. 

o        Sensibilizar y capacitar a los(as) profesionales que imparten orientación vocacional sobre la importancia de  que las niñas y adolescentes elijan carreras y oficios de mayor diversidad y no orientarlas hacia aquellos tradicionalmente femeninos. 

5.      La comunidad educativa 

o        Sensibilizar a la comunidad educativa, en especial de los grupos más postergados, con énfasis en los sectores rurales, acerca de la importancia de la permanencia en la  educación de niños y niñas, la igualdad de oportunidades entre los sexos y la distribución equitativa de responsabilidades en el hogar, así como en las diversas actividades económicas y sociales. 

o        Promover la participación de padres y madres en la gestión educativa, en especial en los ámbitos descentralizados, a fin de lograr dar respuesta a las características específicas de las comunidades educativas. 

6.      Proyectos Hemisféricos