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Seguimiento del Programa Interamericano
Propuestas
sobre Género y Educación
en
el marco de la III Reunión de Ministros de Educación I.
La Declaración de la III Reunión de Ministros de
Educación
Las
Ministras y los Ministros de Educación de los países miembros de la
Organización de Estados Americanos, reunidos con motivo de la III Reunión
de Ministros de Educación en la ciudad de México entre los días 11 y
13 de agosto de 2003 se comprometieron
a “promover los principios de equidad, calidad, pertinencia
y eficacia en todos los niveles del sistema educativo y de asegurar,
para el año 2010, el acceso universal y cumplimiento de todos los niños
y las niñas de una educación primaria de calidad y el acceso a la
educación secundaria de calidad de un mínimo del 75 por ciento de los
jóvenes, con índices crecientes de eficiencia terminal y oportunidades
de educación a lo largo de la vida a la población en general y
eliminar las disparidades de género en la educación primaria y
secundaria para el 2005”, de acuerdo al mandato de la III Cumbre
de las Américas. Tales
metas se enmarcan en el reconocimiento de la educación como una de las
herramientas que permiten lograr una mayor equidad social y la superación
de la pobreza, además de ser el medio para la formación de un capital
humano consistente con las
exigencias de un mundo globalizado. Por otra parte,
hace referencia al necesario compromiso de los sistemas
educativos con la democracia, la justicia social y “la dignidad de
las personas evitando toda discriminación e intolerancia.” La
Declaración señala la necesidad de
priorizar los gastos e inversiones en educación, incluyendo la
investigación científica, el
desarrollo de tecnologías y la
difusión y preservación de la diversidad cultural, a la vez que hace
un llamado a los Gobiernos a desarrollar estrategias
para mejorar el financiamiento de la educación que involucre a
las organizaciones políticas, los poderes legislativos y los medios de
comunicación. En este sentido, resalta la importancia de la
colaboración de todos los
sectores, en especial de la sociedad civil, para lograr los objetivos
planteados. Se
insta a la incorporación de los principios de
la Carta Democrática Interamericana, especialmente los referidos a
“la educación como un medio clave para fortalecer las instituciones
democráticas, promover el desarrollo del potencial humano, aliviar la
pobreza y fomentar un mayor entendimiento entre los pueblos” en
los programas educativos de cada país. Resalta
en la Declaración, el papel de la información en el proceso de mejoría
de la educación, en
particular, a través del avance en
la ampliación y difusión de indicadores de calidad de la
educación, creando al mismo tiempo las capacidades necesarias en los
Ministerios para el uso de
esta herramienta. Especial hincapié
se hace sobre el esfuerzo de focalización en los grupos de la población
más carenciados a fin de asegurar la igualdad des oportunidades a todos
los sectores. De igual manera, reafirma el compromiso de aumentar la
cobertura, retención y prevención del fracaso escolar mediante
diversos mecanismos. A la educación
técnica se le confiere un lugar importante en tanto es un medio para la
preparación de los jóvenes para la vida laboral y el desarrollo de
competencias de innovación y emprendimiento. Se hace un llamado a la CIE para seguir
desarrollando proyectos en los temas de equidad y calidad, formación, capacitación,
evaluación y desarrollo profesional docente, recorridos
transversalmente por las nuevas tecnologías de la información y
comunicación. La Declaración de
México resalta en todo su contenido la equidad y la calidad de la
educación, como principios inseparables para el mejoramiento de las
condiciones de vida de la población, en particular de los sectores más
pobres. Hace referencia al logro de la eliminación de las disparidades
de género en relación a la
igualdad de oportunidades para las personas de ambos sexos en el acceso
a la educación primaria y secundaria.
Asimismo, señala que es imprescindible evitar toda discriminación
e intolerancia en los sistemas educativos. Desde
una dimensión de género, la equidad en la educación se expresa - además
de la igualdad de oportunidades en
la cobertura equitativa para hombres y mujeres en todos los niveles de
enseñanza- en otros
aspectos que es necesario tener en consideración al momento de
plantearse la incorporación del enfoque de género en todo el proceso
educativo. Uno
de ellos es la eliminación de los factores que inciden en la deserción
escolar de niñas y niños, en los cuales se reproducen las relaciones
de género: las niñas abandonan los estudios para pasar a desempeñar
labores domésticas en el hogar; también tiene una alta repercusión la
incidencia del embarazo precoz. Por
su parte, los niños tienen como principal motivo de abandono de la
escuela, el ingreso a la fuerza de trabajo, asumiendo un papel de proveedor secundario de los bienes necesarios para satisfacer las necesidades familiares. Otro
aspecto a mencionar es la orientación en la elección de una actividad
o carrera que es diferenciada para niñas y niños. Por lo general los
varones son guiados hacia actividades ligadas a la ciencia y la tecnología;
las niñas, preferentemente son orientadas hacia actividades ligadas a
los servicios y, en particular, a aquellas relacionadas con el cuidado a
otras personas, todas tareas reconocidas como femeninas. Este hecho
reproduce y fortalece la segregación del mercado laboral según sexo,
que finalmente es uno de los principales factores de discriminación en
el mercado de trabajo. La
formación docente, es una de las dimensiones en las cuales se pueden
promover los mayores cambios desde una perspectiva de género. En la
medida en que el personal docente transmite a los educandos valores
basados en la equidad de género, que se expresa tanto en la formación
en los principios de equidad y reconocimiento de la diversidad, como en
la conducta no discriminatoria en
las aulas, están promoviendo cambios fundamentales en la socialización
de niños y niñas. Se
destaca la importancia de la continuación y ampliación del Proyecto
Cumbre sobre indicadores (Proyecto
Regional de Indicadores Educativos). Esta iniciativa debe ser
enriquecida con la introducción de indicadores que permitan medir en el
tiempo los avances comparativos entre mujeres y hombres en aquellos
temas que son de especial importancia
desde la equidad de género. II.
El marco de la incorporación de
la perspectiva de género en la educación El
Plan Estratégico de Acción de la CIM, en sus
Áreas de Acción Prioritarias establece que la
educación con perspectiva de género es el medio para formar nuevos
valores y cambios de actitudes. Es el elemento indispensable para
garantizar el ejercicio pleno de los derechos de la mujer, con el fin de
lograr su incorporación en la actividad política en todos los niveles,
el ingreso y permanencia en el mercado de trabajo, y el mejoramiento de
su calidad de vida. En el área de la educación, la CIM propone
desarrollar actividades dirigidas a producir e inducir cambios
socioculturales y eliminar estereotipos de los papeles domésticos y
laborales, a fin de crear conciencia de que hombres y mujeres deben
compartir las labores del ámbito público y privado. Prestará atención
en general, a la educación de la mujer en todos sus ciclos de vida, y
dará especial atención a programas de capacitación para grupos
rezagados de educación, como las minorías, la población rural, la
población urbana marginada, los grupos indígenas y otros grupos étnicos.[1] El
Programa Interamericano sobre la Promoción de los Derechos Humanos de
la Mujer y la Equidad e Igualdad de Género en su objetivo específico
5., insta a los Estados Miembros de la OEA a promover la equidad e
igualdad de género y los derechos humanos de la mujer, entre otros,
mediante el logro de su acceso pleno e igualitario a “todos los
niveles del proceso educativo, así como a las diversas disciplinas de
estudio”. Este llamado se reafirma (objetivo específico 8) con “la
eliminación de patrones culturales y estereotipos que denigran la
imagen de la mujer, en particular en los materiales educativos...”[2].
El mismo Programa, entre las acciones a desarrollar por la Secretaría
General de la OEA, llama a adoptar las medidas necesarias para promover
entre los organismos del sistema interamericano la incorporación de
esta perspectiva en sus trabajos. La
propuesta de la CIM para incorporar la perspectiva de género en la
educación, se basa en la
premisa de que ésta, además de ser un mecanismo de movilidad social,
integración y superación de la pobreza,
es un ámbito privilegiado para promover cambios culturales que
faciliten el logro de la equidad de género. Si bien el acceso
igualitario de las mujeres a todos los niveles de la educación, es un
avance fundamental, existen otros factores que se relacionan con el
potencial que significa la formación de niñas y niños en valores de
equidad, tolerancia, respeto a la diversidad y formación ciudadana. La
educación con perspectiva de género, se concibe como la formación de
niñas y niños desde su más temprana edad en principios de equidad
entre los sexos, que abren
el camino a la superación de las mayores barreras basadas en la
inequidad de género, entre otras, el
acceso igualitario al mercado de trabajo; induce procesos de
cambio cultural tanto en hombres como en mujeres,
tales como la
paternidad responsable, la repartición igualitaria de las labores domésticas;
además, crea las condiciones para el empoderamiento de las mujeres y, por ende,
la construcción de una sociedad
más justa y equitativa. III.
Propuestas para la
incorporación de la perspectiva de género en la educación
La
incorporación de la perspectiva de género requiere de un tratamiento
integral, de manera de que las iniciativas en las distintas áreas se
refuercen entre sí. Desde cada área específica surgen propuestas
complementarias, que actúan paralelamente para lograr la disminución
de las brechas de género y la persistencia de factores discriminatorios
de género en la educación. Para la operacionalización de las propuestas que permitan lograr la equidad de género en la educación, se han establecido campos de acción en base a las orientaciones de la III Reunión de Ministros de Educación, se identifican los objetivos que respondan a esas necesidades y las acciones para lograrlos.
Las
mujeres y las niñas se mencionan entre los grupos vulnerables, como
sujetos de atención prioritaria; sin embargo, este tratamiento impide
que se dirijan hacia ellas acciones específicas, especialmente hacia
las mujeres de los sectores rurales que
presentan un déficit aún en varios países del hemisferio,
tanto en la alfabetización como en el nivel de instrucción. Esta
necesidad es aún más
imperiosa al considerar el efecto multiplicador de la educación de las
madres, tanto en la asistencia y permanencia en el sistema educativo de
los hijos, como en las mejorías de las condiciones de salud de la
familia y, en particular, en la superación de la pobreza de los hogares
más desposeídos de la región; además tiene gran incidencia en otros
aspectos del desarrollo social, tales como la mortalidad materna e
infantil, la salud, nutrición y educación de las nuevas generaciones,
el control demográfico y ambiental, la integración social y la construcción de
ciudadanía. Por
otra parte, la deserción escolar ha sido identificada como uno de los
problemas que afecta con más seriedad a los sistemas educativos. Si se
analiza este fenómeno desagregado
por sexo, se encuentra que reproduce los patrones sexistas que se dan en
la sociedad. Los resultados
de las encuestas de hogares que se realizan periódicamente en los países
de la región, que hacen alusión a las causas del abandono escolar
antes de completar la secundaria, revelan que los motivos difieren
sensiblemente entre los sexos: los hombres
desertan mayoritariamente por
motivo de trabajo o búsqueda de empleo y las mujeres por problemas
familiares, que incluye embarazo o maternidad y quehaceres del hogar. Objetivo 1.1. Aumentar el nivel educativo de las mujeres,
en especial de las que están en situación de mayor vulnerabilidad. Acciones:
Implementar programas dirigidos a: ·
Alfabetización para mujeres adultas –
considerando en particular a mujeres
indígenas- acordes con sus necesidades (horarios, cuidado infantil),
lengua y cultura, así como con las características propias de las
comunidades en que habitan, estableciendo
reforzamiento especial para analfabetas
funcionales (por desuso de las habilidades de lectoescritura adquiridas). ·
Reforzamiento educativo focalizado en grupos de
mujeres en condiciones desfavorables: pobres,
jefas de hogar, madres adolescentes, etc., aprovechando la
complementación y articulación con otros programas o servicios
institucionales relacionados (en particular dirigidos a formación para
el trabajo). ·
Educación permanente, dirigidos especialmente a mujeres adultas mayores. Objetivo 1.2. Promover el acceso equitativo y
permanencia de niñas y niños en la enseñanza primaria y secundaria. Acciones: ·
Efectuar los cambios necesarios
en la normativa vigente a fin de eliminar las barreras legales
–donde existan- para el acceso a la educación en igualdad de
oportunidades para hombres y mujeres (obligatoriedad de la educación básica
para niños y niñas). ·
Implementar programas de sensibilización a padres y
madres –en especial, pertenecientes a los grupos más postergados y
con énfasis en los sectores rurales- acerca de la importancia de la
asistencia y permanencia de niños y niñas en el sistema educativo. ·
Realizar estudios que
permitan indagar sobre las causas de la deserción por sexo, a fin de
diseñar acciones y políticas para enfrentar este problema.
Un alto porcentaje de las jóvenes siguen carreras que reproducen los roles femeninos, tales como las relacionadas con la educación y salud, las que son precisamente las de menor status y niveles de ingreso. En las opciones de los jóvenes está implícita la formación que los docentes imparten a alumnos y alumnas desde el nivel básico. Por lo general, se les da una mayor atención a los niños en las áreas científicas que a las niñas; en el ciclo secundario, la orientación vocacional orienta a muchachos y muchachas hacia intereses preestablecidos de acuerdo a su sexo. De este modo, el currículo oculto, que hace distinciones entre el tratamiento y orientación entre niños y niñas, va definiendo las preferencias de cada uno. Juega también en este aspecto un papel importante, las imágenes que se proyectan en los textos escolares. Aunque en algunos países se ha dado comienzo a la revisión desde una perspectiva de género de los textos escolares, en el marco de las reformas educativas que se implementan, persisten en muchos aún, las imágenes estereotipadas de hombres y mujeres de acuerdo a sus roles de género, o bien la imagen femenina tiene menor importancia que la masculina. La
orientación vocacional
sexista desde la escuela, deja fuera del mercado laboral
relacionado con la ciencia y la tecnología a un gran contingente
de mujeres, marginándolas de las actividades
productivas de punta que son las de mayor oferta de acuerdo a las
transformaciones de los mercados, producto de la integración económica
y la globalización. En
el nivel de educación superior, sigue presente la segmentación de las
carreras universitarias, por las cuales algunas concentran a un alto
porcentaje de mujeres y en otras son una minoría. Dentro de las
propuestas para el replanteamiento de la educación superior, no pueden
estar ausentes aquellas dirigidas a ampliar las opciones de carrera de
hombres y mujeres,
estimulando a unos y otras a
incursionar en carreras de las cuales han estado ausentes. Otro
aspecto a considerar, se relaciona con los rápidos cambios e
innovaciones basadas en la tecnología, la conectividad y la comunicación
deben ser puestos al servicio de la educación, sobre todo para romper
la brecha de calidad en la educación de los sectores más aislados y
vulnerables. Tradicionalmente, las mujeres han estado menos ligadas al
uso de la tecnología, en función de la distribución de roles de
acuerdo al sexo. El esfuerzo por la utilización de las tecnologías en
la educación, debe prestar una atención especial a acercar a las niñas
y jóvenes al uso de las innovaciones, evitando la orientación sexistas
en su uso. El desafío de crear ambientes educativos concebidos como
comunidades de aprendizaje, se extiende naturalmente a los docentes,
quienes en este escenario tienen la responsabilidad de promover valores
democráticos, la equidad y la tolerancia en contraposición al
autoritarismo y a las jerarquías rígidas. Para ello, es preciso
incorporar en la formación de los docentes, los principios que
promuevan estos valores, en particular, la no discriminación por
razones de género en todas las instancias del sistema educativo. Objetivo 2.1. Eliminar
las discriminaciones de género en el currículo educativo
Acciones: ·
Eliminar las diferencias
existentes en el currículo educativo sobre actividades diferenciadas
para uno u otro sexo, estimulado los aprendizajes de niños y niñas en
tareas atribuibles a ambos sexos. ·
Remover
los requisitos que impiden por razones de sexo, la participación
de alumnos y alumnas en asignaturas complementarias diferenciales. ·
Suprimir en los textos
escolares los mensajes que
reproducen estereotipos sexistas o que no proporcionen una imagen
equilibrada de las capacidades y funciones de hombres y mujeres, así
como el uso de un lenguaje discriminatorio. ·
Introducir la educación
sexual en el currículo regular de todos los niveles educativos. Objetivo
2.2. Promover una orientación
vocacional igualitaria para mujeres y hombres Acciones: ·
Eliminar estereotipos
sexistas en las prácticas docentes, tales como la transmisión
de mensajes que promuevan la inequidad de género, el uso diferenciado
del espacio para hombres y mujeres, la descalificación o ignorancia de
necesidades e intereses de las alumnas. ·
Implementar programas de
sensibilización dirigidos a: o
Personal docente, sobre la
importancia de estimular el interés de las niñas por la ciencia y
tecnología. o
Los(as) profesionales que
imparten orientación vocacional, sobre la importancia de
que las niñas y adolescentes elijan carreras y oficios de mayor
diversidad y evitar continuar con su orientación
hacia actividades tradicionalmente femeninas.
Los
resultados alcanzados en el aumento de la cobertura en el nivel de la
educación básica, y el registro de un aumento de la matrícula en el
nivel secundario, no se reflejan en los logros esperados de los(as) jóvenes
en relación a su inserción en el mercado laboral. Hay que considerar
que los(as) jóvenes que llegan a la educación superior son un pequeño
porcentaje, por lo que se requiere de una redefinición de la orientación
de la educación desde el nivel básico, en función del trabajo, de
modo de que entregue formación adecuada para
el desempeño laboral y, por ende, para el incremento del capital
humano de los países de la región. Para las mujeres esta formación
requiere de una preocupación particular, por cuanto sus opciones de
trabajo se ven reducidas por la prevalencia de estereotipos formados en
relación a trabajos masculinos y femeninos, siendo estos últimos más
restringidos y menos valorizados en el mercado de trabajo. En muchas
oportunidades, las opciones de las mujeres se reducen al empleo informal
de baja productividad o el
empleo doméstico, por falta
de una preparación adecuada que las habilite
para el desempeño de otras ocupaciones mejor rentadas que les
proporcione la autonomía económica necesaria para su propio sustento y
el de sus familias. Acciones: ·
Fortalecer la coordinación
entre el sistema formativo
y el sector productivo para
determinar las necesidades y actualización de
los perfiles ocupacionales, alimentar el sistema de información
sobre demanda y oferta laboral y definir las posibilidades de empleo
femenino existentes. ·
Diseñar e implementar programas
complementarios en los diferentes niveles del sistema educativo,
dirigidos hacia: o
Desarrollo
de la capacidad de
emprendimiento para lograr competencias claves para la empleabilidad que permitan a las mujeres –en especial a las más pobres-
proyectarse, adaptarse y cambiar su entorno. o
Formación profesional y técnica para direccionar a
las mujeres hacia
actividades dinámicas y con potencialidades
de desarrollo, así como para mejorar su acceso a
funciones de gestión, supervisión y dirección, en especial en
las áreas en las que se encuentran subrepresentadas. 4.
Contribuir al fortalecimiento de los Ministerios de
Educación desde una perspectiva de género El proceso de modernización y fortalecimiento
a que están abocados los Ministerios de Educación, es una
oportunidad para insertar los principios de igualdad de oportunidades.
En este ámbito, es fundamental la coordinación que se pueda obtener
con los mecanismos nacionales para la igualdad de la mujer de los
respectivos países, tanto en lo concerniente a la elaboración de
programas conjuntos, como al seguimiento de los avances en la educación,
desde una perspectiva de género. Objetivo 4.1. Promover la coordinación interinstitucional para
el logro de los objetivos de género en la educación Acciones: ·
Diseñar
e implementar programas en coordinación con los mecanismos nacionales
para la igualdad de la mujeres de los respectivos países, dirigidos a: o
Sensibilizar
y capacitar desde
una perspectiva de género a los encargados de la formulación de
programas y políticas de educación, asegurando la asignación
presupuestaria para la implementación de las políticas. o
Sensibilizar y capacitar al
personal docente en la
perspectiva de género, educación
sexual, equidad, desarrollo y formación integral con metodologías
continuas que aseguren la aplicación
en su práctica docente. En lo posible, estos programas deberían
estar instalados al interior de los Ministerios de Educación y formar
parte de su estructura institucional. Objetivo
4.2. Medir permanentemente el estado de las brechas de género en la
educación Acciones: ·
Diseñar un conjunto de indicadores de seguimiento de
la inserción de la perspectiva de género en las políticas educativas,
en coordinación con las oficinas nacionales de estadística de los
respectivos países. · Incorporar indicadores de género en la educación en el Programa Regional de Indicadores de la Educación (PRIE). [1] Plan Estratégico de Acción de la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM). [2] Programa Interamericano sobre la Promoción de los Derechos Humanos de la Mujer y la Equidad e Igualdad de Género (CIM/RES. 209/98 y AG/RES. 1625 (XXIX-O/99))
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