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HISTORIA DE LA CIM   

  La emancipación de la mujer a través de la  educación                                                                                                       A fines de siglo, los principales centros urbanos de América Latina experimentaron un crecimiento explosivo de la población. Este crecimiento, sumado a la creación de escuelas normales, a las nuevas oportunidades educativas para la mujer y a su trabajo como maestras, contribuyó a la aparición de publicaciones que abogaban por los derechos de la mujer y a la crítica feminista contra prácticas discriminatorias basadas en el género. Las maestras constituyeron la primera generación de mujeres con educación formal en América Latina; las maestras de escuela fueron el núcleo de los primeros grupos feministas que articularon una crítica de la sociedad, protestando contra la desigual condición jurídica de la mujer y su limitado acceso a la educación y al poder político y económico.
Las mujeres, que se estaban organizando ya a nivel nacional, habían comprendido que la desigualdad basada en el género no sólo existía en sus países sino en todo el hemisferio. Confiaban que al tratar estos temas en el ámbito internacional lograrían obtener mayor influencia frente a sus propios gobiernos. Por el año 1920, la mujer activista pensaba que su mejor "oportunidad para lograr reformas era a través de la adopción de resoluciones que obligaran a los gobiernos a tratar el tema en el plano nacional".


Las últimas décadas del siglo XIX vieron florecer el interés público y el apoyo gubernamental por la educación de la mujer en las Américas. Si bien la naturaleza y el propósito de esa educación fue tema de mucho debate, en varios países gran número de mujeres logró completar la enseñanza primaria y secundaria.

El logro del reconocimiento:  Santiago de Chile, 1928

Un grupo de mujeres prominentes, frustradas por habérseles negado su participación en la Segunda Conferencia Científica Panamericana (Washington, D.C., 1915-1916), convocó paralelamente a una Conferencia Auxiliar Panamericana de la Mujer, la cual, después de reunirse durante varios meses, concluyó que para fomentar la causa de los derechos de la mujer era necesario crear una Unión Panamericana de la Mujer. Este fue un movimiento Panamericanista que generó apoyo para todas las mujeres de las Américas.
El Congreso Internacional Feminista, que se reunió en Buenos Aires en 1910, había presentado un programa que, al tiempo que incluía el tema del sufragio femenino, recalcaba la necesidad del acceso a la educación y de la introducción de legislación social para proteger y apoyar a las mujeres trabajadoras. Cuando la primera Conferencia Panamericana de la Mujer se reunió en Baltimore, en 1922, la condición jurídica de la mujer y su derecho al sufragio se habían convertido en una prioridad. Con ese motivo se creó la Asociación Panamericana para el Avance de la Mujer, cuyo propósito principal era influenciar los resultados de la Quinta Conferencia Internacional Americana reunida en Santiago, Chile, en 1923. Con ese propósito, un gran número de delegadas "no oficiales" se hizo presente en la Conferencia para dedicarse a un activo cabildeo.


Finalmente la Conferencia adoptó por unanimidad una resolución propuesta por Máximo Soto Hall, de Guatemala, que estipulaba que futuras conferencias estudiaran la forma de eliminar la discriminación constitucional y jurídica contra la mujer para que las mujeres de las Américas gozaran de los mismos derechos civiles y políticos que los hombres. La Conferencia también adoptó una resolución que pedía la inclusión de personal femenino en las delegaciones que participaran en futuras conferencias.


De allí en adelante, gradual e irreversiblemente, el pensamiento feminista incidiría en las conferencias interamericanas. Sin embargo, cuando la Sexta Conferencia Internacional Americana se reunió en La Habana en 1928, no había mujeres entre las delegaciones oficiales. Se creó así el escenario para una confrontación histórica en donde mujeres de las Américas, merced a su persistencia y con su presencia, forzaron la inclusión de la mujer y de su problemática en el temario de las reuniones interamericanas, modificando, a la vez, el contexto de las relaciones interamericanas.

 

 

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