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Folklore
El noviazgo antiguo
El dia de muertos El tigre y el grillo
Leyenda del maiz
- El
noviazgo antiguo -
Se dice, pues, que hace
muchos años, allá por el siglo pasado, los muchachos y las muchachas
no se hacían novios como ahora, tan facilito. No creas, su trabajo les
costaba hacerse novios.
Cuando un muchacho le
echaba el ojo a una muchacha y la quería para su novia, se iba al
monte a rajar una carga de leño de la mejor, la iba escogiendo
que estuviera bien seca, ardedora, gruesa, no barañitas; hacía con ella
un tercio grande y bajaba a dejarlo en la puerta de la casa de la
muchacha. Allí quedaba la leña todo el día, y si la muchacha pasaba la
leña pa'dentro de la casa, era que sí lo quería, y ya quedaban de
novios. Esa era la señal.
Pero si la muchacha no
cogía ningún leño, el muchacho tenía que ir a recoger el tercio y
llevarlo, casa por casa, hasta encontrar a una muchacha que sí lo
quisiera. Y luego, cuando ya eran novios, él tenía que hacer eso era
para demostrar que sabía cumplir con sus deberes.
La muchacha tenía la
obligación de hacer un pantalón y una camisa, para ver que
también cumpliría con sus deberes de casada, "no que ahora las muchachas
se casan sin siquiera saber cocer unos tristes frijoles".
- El
dia de muertos -
Me llamo Pedro, soy un
niño purépecha y vivo en San Isidro, que es una pequeña localidad de
Michoacán. Aquí hace mucho frío y hay muchos cerros llenos de
árboles; yo creo que por eso todas las casas son de madera. En mi
comunidad tenemos varias fiestas durante el año; cada una la
celebramos de manera especial. Entre las más importantes está la de
Día de Muertos. En el mes de octubre, las mariposas
Monarca nos avisan que ya van a venir las almas de los muertos y
que tenemos que preparar para recibirlas. A estas mariposas las
llamamos "ánimas" y las cuidamos mucho; son de color naranja
con negro y empiezan a llegar por miles a nuestros bosques en
vísperas de la fiesta de muertos.
El 22 de octubre,
cuando todavía faltan diez días para las fiestas, empezamos los
preparativos. Muy temprano, antes de que amanezca, se echan cohetes
anunciando la llegada de los niños y las niñas que aún no han
cumplido un año de muertos y que nosotros llamamos angelitos.
También adornamos las puertas con flores amarillas para darles la
bienvenida.
Ese mismo día
preparamos para ellos una canasta, muy bonita y con comida para que
se les quite el hambre y se sientan a gusto. Le ponemos muchos
cohetes que a los niños nos gustan, como galletas, dulces,
panes, refrescos y frutas silvestres. También flores y una velita de
cera para darles luz. Esta canasta se queda en la casa y el primero
de noviembre se lleva al panteón.
Las personas que
tengan un pariente con menos de un año de haber muerto, deben
hacerle una cruz de madera durante estos días. Para esto se utiliza
el yarhin, que es el mero corazón del pino. Esta madera es
muy fuerte y dura mucho. La cruz tiene que ser grande y muy bien
trabajada con hacha, machete y otras herramientas.
Otra cosa que hacemos
es armar y decorar las coronas para los difuntos. Se hacen de
madera y zacate; luego se adornan con muchas flores y papeles de
colores. Cada año, mi mamá prepara una corona que le ponemos a mi
abuelito; a mí me gusta ayudarle para que quede muy bonita. El pan
de ánimas es muy importante para estas celebraciones.
El panadero de la
comunidad tiene que empezar a hacerlo desde una semana antes para
poder tener todo el que se necesita. Estos panes son pequeños
y salados; los hay de varias formas: redondos, triangulares y
cuadrados, con pequeños adornos.
Cuando ya faltan unos
cuantos días para las celebraciones, tenemos que arreglar el panteón.
Se quitan las hierbas, las varas y las piedras, se componen las
cruces viejas; con palos y asadones se revuelve la tierra de las
tumbas y se les pone un adorno alrededor con piedritas de río.
También se limpia y se decora la casita del panteón donde se dará la
misa.
El 31 de octubre, un
día antes de la fiesta, se prepara una canasta con comida para los
difuntos adultos, parecida a la que se hace para los angelitos.
Esta canasta y su servilleta tienen que ser nuevas y cada cosa que
se pone en ella se dedica a un difunto:
"Este pan para mi tío,
estas frutas para mi abuela, este refresco para mi padrino..."
Lo hacemos con cuidado
para que no falte lo que a cada uno le gusta, como cigarros, mezcal
o cerveza. La noche antes de la fiesta ya se ha conseguido todo lo
necesario: las flores amarillas y de cempasúchil, las velas de
cera, la fruta, los panes, los cohetes, el copal, las galletas y el
licor.
El 1 y 2 de
noviembre celebramos las fiestas. El primer día empezamos a
echar cohetes antes de que amanezca para guiar a los muertitos
nuevos hacia nosotros. Después vamos al panteón y la gente de la
comunidad lleva velas de regalo para los familiares que tienen un
difunto reciente. Por la mañana adornamos las cruces de madera. Les
ponemos flores silvestres, limas, guayabas, naranjas, cañas, panes,
papel de colores, botellas de licor, refrescos, galletas y gorditas.
De azúcar. Este primer día está dedicado a los jóvenes y niños
difuntos.
La gente lleva sus
coronas y cruces adornadas y, en la casita del panteón, se da
misa dedicada a los muertos que han regresado. El 2 de noviembre
está dedicado a los difuntos adultos. Este segundo día hay más
personas y se pueden ver todas las tumbas arregladas, llenas de
flores y velas prendidas. El panteón se ve alegre con todo este
colorido y con tanta gente platicando. Yo creo que los muertos se
han de poner muy contentos de lo lindo que está todo.
La fiesta se termina
en la noche cuando en las casas se quema lo que quedó de las velas.
Esto se hace para que lo muertos sigan su camino de regreso.
- El
tigre y el grillo -
Una vez iba
caminando un tigre por la selva muy quitado de la pena, cuando de
repente pisó el estiércol de una vaca y salió un grillo
enojadísimo de debajo de ese estiércol, y le gritó al tigre:
-¿Por qué me tumbas mi casa?
El tigre volteó para todos lados, pero no vio nada, hasta que oyó un
como chillidito, y que se va fijando en un animal, más bien en
uno de esos que les dicen insectos que levantaba sus patas
delanteras como queriendo pelear.
-¡Aquí estoy, junto a tus patas, y quiero que me hagas una casa porque
ésta ya me la desbarataste!
-¿Cuál casa te hice pedazos si no veo más que una caca de vaca?
-Pues aunque te burles, ésa era mi casa y allí vivía yo muy a gusto. ¿Por
qué me la hiciste pedazos, a ver, por qué? -gritaba el grillito con
todas sus fuerzas, amenazando al tigre.
-Y si no quiero, ¿qué me vas a hacer? -le contestó aquel animalote, nada
más para divertirse y burlarse del pobre grillo.
-Mira, no te burles, porque aunque no lo creas, te puedo perjudicar.
-¿Tú? ¿A mí?... Bueno, cálmate; te propongo que luchemos todos los de tu
especie contra todos los de mi especie, y si gano no te hago la casa,
pero si tú ganas te haré la casa como tú me la pidas.
-Está bien -respondió el grillo- a las dos de la tarde nos encontraremos
en la Barranca Verde, allí te estaré esperando con todos mis compañeros.
Y así fue.
El tigre
reunió zorras, leones, lobos y toda clase de animales
feroces, de uña. Entonces ordenó a la zorra que fuera a asomarse
para ver si ya estaban el grillo y los de su especie en el lugar de la
cita.
Y sí, allá
estaban todos. Había avispas, zancudos, jicotes, abejas y toda
clase de insectos que casi no hacían bulto, porque eran muy
chiquitos.
-¿Ya reuniste a tus compañeros? ¿Dónde están? No veo nada
-decía la zorra como burlándose.
-¿Pues qué no los ves? ¡Míralos, ahí están todos!
-¿Y
a poco crees que con esos cuantos animalitos nos vas a ganar?
Esos, ni para mí sola.
Entonces la zorra, como se creía muy superior a ellos, le dio un
manotazo al montón de insectos y que se le vienen todos encima y la
empiezan a picar por todos lados. La zorra quería quitárselos a
fuerza de manotazos, pero era peor, hasta que, ya medio loca de dolor,
se tiró a una pila de agua que estaba por ahí. Cuando la zorra
vio que ya no había enemigo al frente, salió muy espichadita de la pila
y se fue corriendo con sus compañeros.
-¿Ya está listo el enemigo en la Barranca Verde?, preguntó el
tigre.
-Sí -contestó secamente la zorra.
-¿Y ora por
qué vienes tan bañada?
-Porque
en el camino me dio calor y por eso me bañé.
El tigre entonces dio un gruñido terrible que quería decir: ¡Al
ataque! y ai fue bajando todo aquel animalero haciendo mucho ruido:
ni siquiera se dieron cuenta de que la zorra se iba quedando atrás, como
quien no quiere la cosa.
Cuando se enfrentaron los dos bandos, los compañeros del grillo
cayeron sobre los animales de uña,
que no hallaban cómo quitarse de encima a aquellos animalitos que,
ensañados, les picaban y mordían por todas partes. Ni siquiera
oyeron a la zorra que les gritaba: ¡Al agua! ¡Tírense al agua!
Total, que el grillo le ganó al tigre y éste tuvo que hacerle su casa al
grillo.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
La historia que
vas a leer habla del maíz y nos recuerda que es necesario el trabajo
de los hombres para cultivarlo.
Nos la contó
en Chalma, Veracruz, un abuelo que tiene más de ochenta años
andando entre milpas.
Dicen que
antes, hace muchísimos años, los cazadores tenían que pedirle
permiso a su jefe para matar cualquier animal.
También se
dice que una vez, unos hombres fueron a cazar al campo y se
encontraron con unas aves que ellos nunca habían visto, ni los
toltecas las habían visto, ni los chichimecas, ni
los zapotecas, ni los aztecas, ni los mayas.
Eran unas aves
completamente desconocidas. Antes de intentar flecharlas, fueron a
ver al jefe.
-Señor
-le dijeron-, acabamos de ver una aves muy raras que no son de
aquí. ¿Las matamos?
-No,
déjenlas -dijo el jefe. Yo quiero conocerlas.
Y se fue a conocer aquellas aves.
Entonces dijo:
-Esas aves vienen del paraíso, de un lugar grande, y nos
traen alguna semilla.
Las aves estaban paradas, quietas. Pero de repente empezaron a
vomitar. Vomitaron el maicito, el prieto y el amarillo. Luego los
hombres cogieron aquella semilla y la sembraron con mucho cuidado,
porque "un grano no se siembra cuatro veces". A la primera tiene que
crecer bonito.
Cuando las
matas empezaron a florecer y a dar elotes, los hombres se
pusieron muy contentos. Pero después comenzaron a marchitarse, a
secarse, y ellos no sabían qué hacer. Entonces las abonaron y las
cuidaron para ver si volvían a espigar. Y nada.
Total, que se secaron las cañas y las matas cayeron al suelo,
y los hombres casi lloraban porque no sabían qué significaba aquello.
Entonces
agarraron una mazorca, la pelaron y vieron los granos, igualitos a
los que ellos habían sembrado.
Y desde
entonces, los hombres tuvieron el maíz.
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Página actualizada
en el 8 de mayo del 2008
fuente:
http://www.elbalero.gob.mx/tralala/html/home.html
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