banner_crisis.jpg (15720 bytes)


INTERVENCION DE LUIS ALFONSO DAVILA,

MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES DE LA REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA, ANTE LA VIGESIMA TERCERA Y VIGESIMA CUARTA REUNION DE CONSULTA DE MINISTROS DE RELACIONES EXTERIORES

(Washington. D.C. 21 de septiembre de 2001)

Señor Presidente, Señor Secretario General, Señores Cancilleres.

El impacto devastador que ha producido el terrorismo, en las conciencias de los seres humanos que habitamos el planeta tierra, aún se siente. Se sentirá siempre. Venimos aquí, con dolor en el alma. La sensibilidad humana se ha puesto a prueba. Todavía recuerdo los rostros estupefactos de los Cancilleres de los 34 países que conformamos la OEA, el fatídico 11 de septiembre, en los mismos momentos en que considerábamos la aprobación de la Carta Democrática Interamericana. Recuerdo el minuto de silencio en honor de los desaparecidos. Las conmovedoras palabras de mis colegas, los cancilleres, y las del Secretario de Estado, Colin Powell .

Venimos aquí a dar nuestro respaldo a la lucha contra el terrorismo.

Se ha solicitado el concurso de la Comunidad Internacional, en particular, de la comunidad hemisférica, para acometer una lucha ineludible contra el terrorismo; contra los responsables directos de esos actos y contra quienes los apoyan.

Y es que, aun cuando esta solicitud no hubiese sido hecha, los líderes del continente, inspirados en el respeto irrestricto a los derechos humanos, estamos éticamente obligados a brindarla. El terrorismo es la negación más absoluta de los Derechos Humanos. Los países que formamos parte de la OEA estamos dispuestos a ofrecer el respaldo que sea posible a esta ineludible empresa…Cuéntese con Venezuela.

Señor Presidente, Señores Cancilleres

El Presidente Hugo Chávez Frías se ha pronunciado de la manera más rotunda: "Es necesario que nos acordemos todos para la lucha contra el terrorismo y para que estos hechos no queden impunes". Y no podría ser de otra manera, ya que nuestro pueblo y nuestro gobierno tienen una larga tradición que les vincula a un ideario humanista, cuya esencia filosófica se encuentra en el pensamiento de nuestro Libertador Simón Bolívar. Condenar el terrorismo es pronunciarse a favor de la paz. Es condenar la violencia, cuya expresión más tenebrosa es el terrorismo. Lo ocurrido en Estados Unidos va más allá de lo común. Es macroterrorismo. La respuesta frente a él, por tanto, debe ser multilateral. La OEA y el TIAR deben cumplir la responsabilidad que les corresponde. Esta no puede ser eludida.

El macrocrimen cometido no es exclusivamente un ataque contra el pueblo norteamericano y sus instituciones fundamentales. De múltiples formas es, también, un ataque contra todos los pueblos que aman la paz. Nacionales de casi todos los países que conforman esta organización hemisférica, se encuentran entre las víctimas. Hay venezolanos dentro de ellas. El Presidente Chávez condenó los diabólicos ataques y ofreció a Estados Unidos, la solidaridad que Venezuela puede dar en estas terribles y dolorosas circunstancias. Estamos proporcionando parte de los recursos energéticos que Estados Unidos demanda. El Presidente ha dado instrucciones precisas para que CITGO, filial de Petróleos de Venezuela, garantice sus combustibles. En la OPEP hemos contribuido a que no se desate una espiral de precios petroleros que pueda afectar, aun más, la economía de este país y del mundo.

Señor Presidente

En la Cuarta Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, realizada en Manaos, Brasil, del 16 al 21 de octubre del pasado año, Venezuela expresó la necesidad de "crear un nuevo régimen de seguridad colectiva que sustituya el TIAR y respete las peculiaridades de cada región en el Continente".

Hemos apoyado la convocatoria del TIAR, a pesar de que tenemos ante este instrumento, severas críticas. Para ser ciertos, el TIAR es un instrumento desactualizado.

Hemos expresado, con claridad, que se requiere un nuevo y renovado Sistema de Seguridad Hemisférica. La seguridad no tiene hoy, solamente, una dimensión militar. La seguridad no está sometida, en el nuevo contexto histórico, a las coordenadas de la guerra fría. Las amenazas contra la seguridad son, incluso, inéditas. Precisamente, lo que ocurrió el 11 de Septiembre demuestra que no se cuenta con un verdadero sistema de seguridad colectiva. Que no existen, todavía, las herramientas regionales eficientes y preventivas para encarar sus consecuencias. Así mismo, no forman parte del TIAR, todos los 34 países que integran la OEA.

Aun así, hemos acudido a la reunión del TIAR, lo cual demuestra la voluntad política que tiene mi gobierno de contribuir hasta donde nos lo permitan nuestras capacidades.

Y es que para luchar contra el terrorismo, ninguna oportunidad debe ser desaprovechada.

Señor Presidente

La naturaleza del terrorismo que hemos visto a través de las cámaras de televisión, ha cambiado las expresiones de actuación del terrorismo clásico: focal, episódico, a escala reducida, más no incruento.

Se debería reformular la tipificación que hasta ahora se ha hecho del terrorismo, considerado como delito común.

Pero ese fenómeno constituye, como se ha visto, una agresión difusa, multiforme, que trasciende fronteras y nacionalidades. Son amenazas imposibles de enfrentar, mucho más si se tiene en cuenta que los esquemas de conflicto tienden a abordarse siempre con el criterio de la guerra anterior. Tipificar el terrorismo como un "delito común grave"; como se lo hace en las Resoluciones de la Primera Conferencia Especializada sobre Terrorismo, realizada en Lima, Perú, en Abril de 1996, pudiera resultar inexacto. El carácter, las dimensiones y el alcance global que han tenido los acontecimientos nefastos del 11 de Septiembre, comprometen el orden democrático de los Estados, e inciden en otros ámbitos. Citemos apenas, el bursátil, y sus repercusiones en la dinámica de las finanzas internacionales. Este terrorismo de última generación tiene, además, un pavoroso impacto en el estatuto psicosocial de las comunidades del mundo: globalización del terror e inseguridad colectiva.

Señor Presidente

No queremos desaprovechar esta oportunidad para hacer algunas reflexiones sobre los escenarios que se le presentan hoy a los líderes del mundo. La opción a favor de la paz no debe ser nunca clausurada. La respuesta a los desafíos del terrorismo, nunca debe contrariar los principios y normas del derecho internacional.

Venezuela quiere dejar constancia de que nada de lo contenido en las Resoluciones que hoy aprobamos, puede ser interpretado como una autorización para ejecutar acciones que se aparten del derecho internacional vigente, en especial, de las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas, de la Carta de la Organización de los Estados Americanos o del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca. A este último respecto, debe subrayarse la importancia de lo contenido en los artículos 5 y 20 de este Tratado.

Venezuela entiende la solidaridad y la cooperación que estamos asumiendo, con nuestra presencia soberana en este foro porque ella está fundada en la obligación que tenemos todos los Estados miembros de la OEA de respetar – sin equívocos - los instrumentos jurídicos internacionales e interamericanos.

Señor Presidente

El diálogo entre civilizaciones es el más fascinante desafío de nuestro tiempo.

Tolerancia y diálogo entre grupos humanos que pueblan espacios diversos de la tierra, es una necesidad absoluta. Desafortunadamente los hechos ocurridos pudieran alimentar la intolerancia contra grupos humanos, que profesan otros credos distintos a los de inspiración cultural judeo-cristiana.

Hay una matriz de opinión, - muy lamentable es admitirlo - según la cual lo árabe-islámico, lo musulmán, son hostiles per se a las tradiciones occidentales. De manera, a veces subliminal, se estigmatiza estas culturas. La hostilidad frente a ellas pudiera expandirse a la luz de lo ocurrido. Injustificable la dinámica que aúpa la confrontación entre civilizaciones. Venezuela es un país multiétnico y multicultural. De alguna manera los 34 países que conformamos la OEA lo somos. El respeto a la diversidad cultural es la clave para una verdadera coexistencia humana. Predicamentos a favor de la paz y de la tolerancia no constituyen impertinencias, aún en estos tiempos. La paz es un valor supremo de la civilización. La búsqueda de ella no debe ser nunca puesta de lado. Y como quien les habla, Señor Presidente, Señores Cancilleres, profesa la fe católica, quiere invocar las recientes palabras de Su Santidad Juan Pablo II:

 

"El corazón del hombre es un abismo del que brotan a veces planes de inaudita atrocidad, capaces de destruir en unos instantes la vida serena y laboriosa de un pueblo".

Gracias.


© 2001. Page built by: Department of Public Information