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PROGRAMA INTERAMERICANO SOBRE LA PROMOCIÓN DE LOS DERECHOS
HUMANOS DE LA MUJER Y LA EQUIDAD E IGUALDAD DE GÉNERO Preparativos
para SEPIA III – Género y Educación
Propuestas para la Integración de la Perspectiva de Género en la Educación presentadas
a la III Reunión de Ministros de Educación 1.
Los avances y desafíos en la educación Hasta
algunas décadas atrás, las principales demandas de educación, desde una
perspectiva de género, se centraban en la superación de la brecha
educativa entre hombres y mujeres. Las tasas de analfabetismo entre los
sexos presentaban grandes disparidades en casi todos los países de la
región, en particular, las de las mujeres rurales y de mayor edad.
Asimismo, la cobertura de los sistemas educativos hacia las niñas
en los niveles básico y secundario era significativamente inferior a los
de sus pares masculinos. Actualmente,
en la mayoría de los países del hemisferio, estas brechas se han ido
superando. El acceso a la educación básica y secundaria es prácticamente
igual para niñas y niños. En la educación superior, en varios países
se registran porcentajes elevados de mujeres y la brecha de analfabetismo,
ha disminuido considerablemente. Este
avance se da en el contexto de un aumento de la escolaridad de toda la
población. En América
Latina, en los años 90, la población en edad de trabajar (personas de 15
años o más), se expandió a una tasa de 3.1%, en tanto que el número de
profesionales y técnicos (entre 25 y 59 años de edad)
creció a un ritmo anual de 7.5%, tasa que fue mayor para las
mujeres (8.7%) que para los hombres (6.4%).[1]
No obstante estos importantes logros, el retraso educativo acumulado en
las décadas pasadas, explica que alrededor del 80% de la población entre
25 y 59 años, para el año 2000, no había alcanzado una educación técnica
o profesional. Por
otra parte, a pesar del aumento significativo en la educación preescolar,
la cobertura de la educación básica y la expansión registrada en la
matrícula secundaria, la retención del sistema educativo es baja, en
especial entre los sectores de menores ingresos, lo que da como resultado
una deficiente formación de niños y jóvenes para insertarse
adecuadamente en el mercado laboral, operando como un mecanismo de
reproducción de la pobreza. Para
las mujeres, tales deficiencias se agudizan, debido a la persistencia de
mecanismos de discriminación en el mercado laboral, que inciden en
una inserción de mayor precariedad, tales como las mayores dificultades
de conjugar el trabajo doméstico con el trabajo asalariado, las menores
opciones ocupacionales derivadas de la segmentación por sexo de los
empleos y los diferenciales de ingreso entre hombres y mujeres. En este
escenario, la educación para las mujeres representa un mecanismo de
movilidad social fundamental, a la vez que desarrolla su autonomía y la
transmisión del valor de la educación a sus hijos. Esta situación plantea grandes desafíos a las reformas educativas que se están llevando a cabo en la mayor parte de los países de la región.
2. La inserción de propuestas de género en la educación en los
compromisos de las Cumbres de las Américas Las
Cumbres de las Américas han abordado la educación
como un tema de particular interés. Los Jefes de Estado y de
Gobierno participantes en la I Cumbre de las Américas de Miami, abogaron
por el acceso a la educación de calidad; la capacitación profesional y
educación de adultos; la capacitación técnica, profesional y
magisterial; un mayor acceso a la educación superior y el fortalecimiento
de su calidad; el acceso
universal de las mujeres a la educación; estrategias para superar las
deficiencias nutricionales; la descentralización y la participación
comunitaria. En
la II Cumbre de las Américas, los Gobiernos se propusieron realizar políticas
educativas compensatorias para los grupos más vulnerables; evaluar la
calidad de la educación a través de indicadores; desarrollar programas
de valorización y profesionalización de docentes y administradores de la
educación y capacitación para los trabajadores, considerando la adopción
de nuevas tecnologías Asimismo, reconocen la necesidad de incorporar en
la educación los principios democráticos, los derechos humanos, la visión
de género, la paz, la convivencia tolerante, el respeto al medioambiente
y los recursos naturales. Identifican como ejes para las reformas que se
implementen en materia educativa, la equidad, la calidad, pertinencia y la
eficiencia en la educación. En
la III Cumbre de las Américas, se reconoce el valor de la ciudadanía
educada en el paso hacia sociedades más democráticas, el crecimiento
económico y la equidad social. De este reconocimiento surgen acuerdos
para formular una serie de políticas para mejorar el acceso hacia una
educación de calidad a través
de la capacitación de los docentes, la educación en los valores cívicos
y el uso de las tecnologías de información en las aulas, a fin de
contribuir a reducir las desigualdades de ingresos del Hemisferio. Los
mandatos de la III Cumbre giran
en torno a cinco ejes temáticos: 1) la calidad y la equidad; 2) la gestión
y la descentralización, la participación social y la formación docente;
3) la capacitación, la educación secundaria y la certificación de
competencias laborales; 4) la educación superior, ciencia y tecnología y
la movilidad académica; 5) las nuevas tecnologías al servicio de la
educación. Con
el fin de dar seguimiento a los mandatos de la III Cumbre de las Américas,
se constituyó, con carácter de foro político, la Reunión de Ministros
de Educación, cuyo objetivo es establecer lineamientos, programas y
estrategias de cooperación horizontal
en base a los planteamientos de los Jefes de Estado y de Gobierno.
En este contexto, en
Septiembre de 2001 se realizó en Punta del Este la Segunda Reunión de
Ministros de Educación en el marco del Consejo Interamericano para el
Desarrollo Integral (CIDI). En ella, las Ministras y Ministros reconocen
los avances en relación a la
educación y reafirman su
compromiso a desarrollar e implementar proyectos en torno a los cinco ejes
definidos: a) la calidad y la equidad en la educación; b) mejoramiento de
la gestión y la descentralización del
sistema educativo, la participación
social y la formación
docente; c) capacitación
para los jóvenes, la educación secundaria y la certificación de
competencias laborales; d) fortalecimiento de la educación superior,
ciencia y tecnología y la movilidad académica; e) promoción de las
nuevas tecnologías al servicio de la educación. a.
Calidad
y equidad en la educación La
calidad y equidad en la educación son principios inseparables para el
mejoramiento de las condiciones de vida de la población, en particular de
los sectores más pobres. Sólo en la medida en que haya una calidad para
todos se logra la equidad. En tal sentido, las niñas y las mujeres, aún
cuando se mencionan entre los grupos vulnerables, sujetos de atención
prioritaria, deben ser incorporadas en acciones específicas,
especialmente de las de los sectores rurales que
presentan un déficit aún en varios países del hemisferio, a fin
de eliminar las inequidades existentes tanto en el acceso a la educación,
como en la discriminación en la práctica docente. Este principio es aún
más relevante al considerar el efecto multiplicador de la educación de
las madres, tanto en la asistencia y permanencia en el sistema educativo
de los hijos, como en las mejorías de las condiciones de salud de la
familia y, en particular, en la superación de la pobreza de los hogares más
desposeídos de la región, además de
incidir en otros aspectos del desarrollo social, tales como la
mortalidad materna e infantil, la salud, nutrición y educación de las
nuevas generaciones, el control demográfico y ambiental,
la integración social y la construcción de
ciudadanía. b.
Mejoramiento
de la gestión y la descentralización del
sistema educativo, la participación
social y la formación
docente La
gestión escolar junto a los procesos de descentralización de los
sistemas educativos, ha mostrado ser un mecanismo eficiente para el
fortalecimiento de las estrategias de participación social en la tarea
educativa. Los procesos de descentralización que se han llevado a cabo en
el hemisferio, han mostrado el gran potencial de la participación de las
mujeres en las instancias descentralizadas, donde han desarrollado papeles
de liderazgo en el espacio local. Por
una parte, la participación de las mujeres en la gestión del sistema
educativo desde el nivel comunitario se presenta como una fuente de
formación de nuevas líderes, potenciando su participación y la
posibilidad de dar solución positiva a los diferentes problemas
relacionados con la educación, así como de relacionamiento con otras
instancias locales en las cuales han pasado a tener un activo papel,
facilitando la integración de la educación con otros ámbitos
complementarios. Por otra parte, la
tradicional mayor participación
de mujeres que de hombres en los asuntos concernientes a la educación de
los hijos, ya que asumen este rol en forma prácticamente exclusiva, da
como resultado un fortalecimiento de los roles de género, por los cuales
la educación de los hijos se asigna como una responsabilidad de la madre.
Por tal motivo, este campo se presenta como un terreno fértil para
detonar mecanismos que permitan un mayor involucramiento de la familia –madres
y padres- en la gestión educativa, influyendo de esta manera sobre
procesos de formación de estos actores, promoviendo la igualdad tanto de
hombres como de mujeres en los asuntos domésticos, entre los cuales se
incluye la educación. El
desafío de crear ambientes educativos concebidos como comunidades de
aprendizaje, se extiende naturalmente a los docentes, quienes en este
escenario tienen la responsabilidad de promover valores democráticos, la
equidad y la tolerancia en contraposición al autoritarismo y a las
jerarquías rígidas. Para ello, es preciso incorporar en la formación de
los docentes, los principios que promuevan estos valores, en particular,
la no discriminación por razones de género en todas las instancias del
sistema educativo. c.
Capacitación
para los jóvenes, la educación secundaria y la certificación de
competencias laborales
Además,
es sabido que las mujeres adquieren en su práctica diaria una gran
variedad de oficios que han aprendido empíricamente, cuya certificación
debe constituir parte del proceso de aprendizaje. d.
Fortalecimiento
de la educación superior, ciencia y tecnología y la movilidad académica La
educación superior sigue siendo un nivel que alcanza un porcentaje muy
reducido de quienes comienzan los niveles básico y secundario. El
porcentaje de quienes llegan a la educación superior es muy reducido y en
general, tiene una estrecha relación con el nivel socioeconómico de los
hogares de procedencia de alumnos y alumnas. Desde una perspectiva de género,
si bien en las últimas décadas, ha tendido a disminuir
la brecha entre la matrícula femenina y la masculina en este nivel,
sigue presente la segmentación de las carreras universitarias, por las
cuales algunas concentran a un alto porcentaje de mujeres y en otras son
una minoría. Dentro de las propuestas para el replanteamiento de la
educación superior, no pueden estar ausentes aquellas dirigidas a ampliar
las opciones de carrera de hombres y
mujeres, estimulando a unos y otras
a incursionar en carreras de las cuales han estado ausentes. Existe
por tanto aún una discriminación socioeconómica y de género en el
acceso a este nivel de educación, para el cual es preciso encontrar
mecanismos eficaces que
permitan conjugar la equidad con la calidad en este nivel de instrucción.
e.
Promoción de
las nuevas tecnologías al servicio de la educación Los rápidos cambios e innovaciones basadas en la tecnología, la conectividad y la comunicación deben ser puestos al servicio de la educación, sobre todo para romper la brecha de calidad en la educación de los sectores más aislados y vulnerables. Tradicionalmente, las mujeres han estado menos ligadas al uso de la tecnología, en función de la distribución de roles de acuerdo al sexo. El esfuerzo por la utilización de las tecnologías en la educación, debe prestar una atención especial a acercar a las niñas y jóvenes al uso de las innovaciones, evitando la orientación sexistas en su uso.
3. La perspectiva de género en la educación El
Programa Bienal de Trabajo 2002-2004 de la CIM, en sus Áreas de acción
prioritarias establece que “la educación con perspectiva de
género es el medio para formar nuevos valores y cambios de actitudes. Es
el elemento indispensable para garantizar el ejercicio pleno de los
derechos de la mujer, con el fin de lograr su incorporación en la
actividad política en todos los niveles, el ingreso y permanencia en el
mercado de trabajo, y el mejoramiento de su calidad de vida. En el área
de la educación, la CIM propone desarrollar actividades dirigidas a
producir e inducir cambios socioculturales y eliminar estereotipos de los
papeles domésticos y laborales, a fin de crear conciencia de que hombres
y mujeres deben compartir las labores del ámbito público y privado.
Prestará atención en general, a la educación de la mujer en todos sus
ciclos de vida, y dará especial atención a programas de capacitación
para grupos rezagados de educación, como las minorías, la población
rural, la población urbana marginada, los grupos indígenas y otros
grupos étnicos.”[2] El
Programa Interamericano sobre la Promoción de los Derechos Humanos de la
Mujer y la Equidad e Igualdad de Género en su objetivo específico 5.
insta a los Estados Miembros de la OEA a promover la equidad e igualdad de
género y los derechos humanos de la mujer, entre otros, mediante el logro
de su acceso pleno e igualitario a “todos los niveles del proceso
educativo, así como a las diversas disciplinas de estudio”. Este
llamado se reafirma (objetivo específico 8) con “la eliminación de
patrones culturales y estereotipos que denigran la imagen de la mujer, en
particular en los materiales educativos...”[3].
El mismo Programa, entre las acciones a desarrollar por la Secretaría
General de la OEA, llama a adoptar las medidas necesarias para promover
entre los organismos del sistema interamericano la incorporación de esta
perspectiva en sus trabajos. En
este contexto, la propuesta de la CIM para incorporar la perspectiva de género
en la III Reunión de Ministros de Educación,
se basa en la premisa de que ésta, además de ser un mecanismo de
movilidad social, integración y superación de la pobreza,
es un ámbito privilegiado para promover cambios culturales que
faciliten el logro de la equidad de género. Si bien el acceso igualitario
de las mujeres a todos los niveles de la educación, es un avance
fundamental, existen otros factores que se relacionan con el potencial que
significa la formación de niñas y niños en valores de equidad,
tolerancia, respeto a la diversidad y formación ciudadana. La
educación con perspectiva de género, se concibe como la formación de niñas
y niños desde su más temprana edad en principios de equidad entre los
sexos, que abren el camino a
la superación de las mayores barreras basadas en la inequidad de género,
entre otras, el acceso
igualitario al mercado de trabajo; induce procesos de cambio cultural
tanto en hombres como en mujeres, tales
como la paternidad
responsable, la repartición igualitaria de las labores domésticas; además,
crea las condiciones para el empoderamiento de las mujeres y, por ende,
la construcción de una sociedad
más justa y equitativa. Por
otra parte, el aumento en los niveles de instrucción de las mujeres,
tiene una relación directa con las posibilidades de lograr mejores
ingresos en el hogar, incide en la salud de ellas y de su familia, y, como
se verá más adelante, es un factor de disminución de la tasa de deserción
de sus hijos. No
obstante, para lograr la integración de la perspectiva de género en la
educación, se requiere de cambios que van desde el ámbito legislativo,
hasta la gestión de la educación, pasando por las modificaciones de las
propias conductas de los docentes, la revisión de los mensajes sexistas
transmitidos en los textos escolares y la orientación vocacional
igualitaria hacia niños y niñas, entre otros aspectos. 4.
Hacia la equidad de género en la educación Desde
un análisis de género, sin lugar a dudas, la igualdad de oportunidades
para niñas y niños en el
acceso a los diferentes niveles del sistema educativo es fundamental. Sin
embargo, existen otros factores, cuya mantención o cambio da como
resultado la perpetuación o eliminación de las inequidades de género en
diferentes aspectos de la vida de las personas. Comenzando
por el nivel preescolar, en el cual en los países de la región
se ha registrado un aumento de la matrícula, ésta ha sido
motivada por la necesidad del sistema educativo de mejorar la preparación
de niños y niñas al nivel básico, lo que es una razón valedera y de
gran impacto; sin embargo, la oferta es insuficiente considerando la
incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral. La ya escasa
cobertura de los servicios de cuidado infantil en guarderías, se prolonga
al nivel preescolar, constituyendo una barrera de entrada de la fuerza de
trabajo femenina al mercado laboral, en tanto sigue manteniendo casi
exclusivamente la responsabilidad por el cuidado de los hijos. En este
sentido “la matrícula del nivel ha crecido respondiendo a la lógica
interna del sistema, más que a la demanda originada por la incorporación
de las mujeres al mercado laboral, quedando entonces un largo camino por
recorrer” [4] El
nivel básico y secundario ha aumentado en una gran medida con una matrícula
promedio entre los países del hemisferio de 90% para el primero y
de un 50% para el segundo, en el cual en varios de los
países de la región predominan las mujeres. No obstante, el número
de jóvenes que llegan a término disminuye sustantivamente. La
deserción escolar, uno de los problemas que afecta con más seriedad a
los sistemas educativos, desagregada por sexo, reproduce los patrones
sexistas que se dan en la sociedad. Los
resultados de las encuestas de hogares que se realizan periódicamente en
los países de la región, que hacen alusión a las causas del abandono
escolar antes de completar la secundaria, revelan que éstas difieren
sensiblemente entre los sexos: los hombres
desertan mayoritariamente por
motivo de trabajo o búsqueda de empleo y las mujeres por problemas
familiares, que incluye embarazo o maternidad y quehaceres del hogar.
Estas
cifras de deserción escolar muestran la persistencia de patrones de género,
que afectan la decisión de los jóvenes de abandonar los estudios,
consistente con la socialización de género, por la cual ellos asumen su
rol de proveedor y las jóvenes su rol doméstico. El
embarazo precoz, fenómeno que ha ido cobrando mayor fuerza en las últimas
décadas es una causa relevante en el abandono de la educación por parte
de las niñas. Sus repercusiones sobre la vida de las jóvenes son múltiples,
ya que disminuye sus posibilidades de proseguir sus estudios, con la
consiguiente dificultad para encontrar empleos de calidad que les permita
su subsistencia y la de sus hijos. Una adecuada educación sexual
impartida desde el ciclo básico promovería un descenso de la maternidad
adolescente y el ejercicio de la paternidad responsable. Entre
los factores que influyen en la deserción escolar la pobreza de los
hogares tiene una gran influencia; pero también es un elemento de gran
importancia la baja educación de la madre: entre los jóvenes cuya madre
tiene baja educación (5 ó menos años de estudio), en el sector urbano,
más del 40% han desertado y
55% en las zonas rurales. En contraposición, aquellos cuya madre ha
completado al menos la educación primaria, este porcentaje desciende al
15% en las zonas urbanas y 34 % en las rurales. En tales circunstancias,
el énfasis sobre el aumento de la cobertura educativa de las niñas y la
disminución de su deserción escolar, tiene efectos a largo plazo que se
proyectan en las generaciones sucesivas. Con
respecto a la educación superior, en promedio, las mujeres han alcanzado
una cobertura similar y en varios países del hemisferio, superior a la de
sus pares masculinos, pero existe una fuerte segmentación de las carreras
según sexo. La matrícula femenina en carreras científicas sigue siendo
muy inferior a la masculina. Un
alto porcentaje de las jóvenes siguen carreras que reproducen
los roles femeninos, tales como las relacionadas con la educación
y salud, las que son
precisamente las de menor status y niveles de ingreso. En las opciones de
los jóvenes está implícita la formación que los docentes imparten a
alumnos y alumnas desde el nivel básico. Se les da una mayor atención a
los niños en las áreas científicas que a las niñas; en el ciclo
secundario, la orientación vocacional dirige a muchachos y muchachas
hacia intereses preestablecidos de acuerdo a su sexo. De este modo, el
currículo oculto, que hace
distinciones entre el tratamiento y orientación entre niños y niñas, va
definiendo las preferencias de cada uno. Juegan
también en este aspecto un papel importante, las imágenes que se
proyectan en los textos escolares. Aunque en algunos países se ha dado
comienzo a la revisión desde una perspectiva de género de los textos
escolares, en el marco de las reformas educativas que se implementan,
persisten en muchos aún, las imágenes estereotipadas de hombres y
mujeres de acuerdo a sus roles de género, o bien la imagen femenina tiene
menor importancia que la masculina. De
este modo, la orientación vocacional
sexista desde la escuela, deja fuera del mercado laboral relacionado con la ciencia y la tecnología a un gran
contingente de mujeres, marginándolas de las actividades
productivas de punta que son las de mayor oferta de acuerdo a las
transformaciones de los mercados, producto de la integración económica y
la globalización. En
resumen, el avance en el acceso de las mujeres a la educación formal, no
guarda relación con los beneficios que pueden esperar, por cuanto
persisten inequidades de género que se manifiestan en general, en una
baja correlación entre la mejoría de sus niveles de vida y en
particular, en la mantención de las dificultades para acceder a empleos
calificados, en correspondencia con los mayores niveles educativos
logrados. Las principales barreras que se presentan para romper esta
desarticulación entre educación y el logro de mejores condiciones de
vida, se relacionan con diversos factores: o
La desigual distribución de responsabilidades
familiares, que atribuyen a las mujeres la exclusiva responsabilidad del
hogar, exacerbado por la multiplicidad de roles que desempeña y la
carencia de servicios de
apoyo doméstico inciden
negativamente en sus oportunidades profesionales. o
El lenguaje
sexista que invisibiliza la experiencia y la participación de la mujer en
la sociedad, así como en las
prácticas y metodologías docentes, lo que constituye una de las
manifestaciones más sutiles pero eficaces de la discriminación indirecta.
Todo ello refuerza la división de tareas por género,
afectando sus opciones en la elección de sus profesiones. o
La escasa correspondencia entre la oferta de formación
y la demanda del mercado afecta particularmente
a las mujeres, por cuanto requieren de apoyos especiales que rompan las
concepciones de género internalizadas para acceder a las áreas de actividad innovadoras o con
mayores y mejores posibilidades de empleo. La
capacitación, considerada como la educación
no formal es una alternativa de desarrollo de capacidades para las
personas que no han logrado el término de la educación formal o que
quieren obtener una especialización que les permita mejorar sus
oportunidades de empleo. En
este ámbito se detectan también carencias en relación a un sistema de
capacitación que dé cuenta de la realidad de las mujeres. En primer
lugar, se observa una falta de flexibilidad en la estructura de los cursos, para
cuyo ingreso se demandan elevados requisitos; muchos de ellos son de
larga duración o se realizan en horarios incompatibles con las
responsabilidades familiares. A ello se suma la ausencia de servicios de
apoyo para el cuidado de los hijos, todo lo cual se erige como una barrera
para el ingreso, o bien al abandono
antes de culminar la capacitación. A
partir de lo señalado, se proponen las siguientes líneas de acción a
fin de asegurar el acceso pleno y la permanencia de las mujeres en el
sistema educativo, así como la promoción y la incorporación de la
equidad de género en la práctica pedagógica. 5.
Propuestas para la incorporación de la perspectiva de género en
la educación 1.
Legislación o
Revisar la normativa vigente
y efectuar los cambios necesarios a fin de eliminar las barreras
legales –donde existan- que impiden el acceso a la educación en
igualdad de oportunidades para hombres y mujeres. 2.
Coordinación
interinstitucional o
En
el marco del fortalecimiento institucional de los Ministerios de Educación,
establecer alianzas interinstitucionales entre los mecanismos nacionales
para la igualdad de la mujer y los Ministerios de Educación a fin de diseñar
e implementar programas de sensibilización
y capacitación desde
una perspectiva de género, a los encargados de la formulación de
programas y políticas de educación, asegurando su asignación
presupuestaria. o
Diseñar e implementar
programas conjuntos con los mecanismos nacionales para la igualdad de la
mujer, que se instalen en los
Ministerios de Educación como programas permanentes, dirigidos al personal docente en
la perspectiva de género, educación
sexual, equidad, desarrollo y formación integral con programas y
metodologías continuas que aseguren la aplicación
en su práctica docente. o
Proponer el diseño de indicadores de seguimiento de la inserción de la perspectiva de género en las políticas
educativas, en coordinación con las oficinas nacionales de estadística
de los países. o
Fortalecer
la ccoordinación
entre el sistema formativo y
el sector productivo para determinar las necesidades y actualización de los perfiles ocupacionales, alimentar el sistema de información
sobre demanda y oferta laboral, definir las posibilidades de empleo
femenino existentes. 3.
Revisión del currículo
educativo desde un análisis de género o
Eliminar las diferencias
existentes en el currículo educativo sobre actividades diferenciadas para
uno u otro sexo, estimulado los aprendizajes de niños y niñas en tareas
atribuibles a ambos sexos. o
Eliminar los requisitos que
impiden por razones de sexo, la participación de alumnos y alumnas en
asignaturas complementarias diferenciales. o
Revisar los textos escolares
a fin de eliminar los mensajes que reproducen estereotipos sexistas o que
no proporcionen una imagen equilibrada de las capacidades y funciones de
hombres y mujeres, así como el uso de un lenguaje discriminatorio. o
Introducir en el currículo
regular de todos los niveles educativos la educación sexual. o
Revisar los desarrollos curriculares en la
capacitación para asegurar su pertinencia y actualización
respecto a las competencias requeridas, para que no repitan y
consoliden estereotipos de género, en especial respecto a la
segmentaciones de tareas y ocupaciones. 4.
Formación docente o
Identificar y eliminar estereotipos en las prácticas
docentes, tales como la transmisión de mensajes que promuevan la
inequidad de género, el uso diferenciado del espacio para hombres y
mujeres, la descalificación o ignorancia de necesidades e intereses de
las alumnas. o
Sensibilizar y capacitar
al personal docente sobre la importancia de estimular el interés
de las niñas por la ciencia y tecnología. o
Sensibilizar y capacitar a
los(as) profesionales que imparten orientación vocacional sobre la
importancia de que las niñas
y adolescentes elijan carreras y oficios de mayor diversidad y no
orientarlas hacia aquellos tradicionalmente femeninos. 5.
La comunidad educativa o
Sensibilizar a la comunidad educativa, en especial
de los grupos más postergados, con énfasis en los sectores rurales,
acerca de la importancia de la permanencia en la
educación de niños y niñas, la igualdad de oportunidades entre
los sexos y la distribución equitativa de responsabilidades en el hogar,
así como en las diversas actividades económicas y sociales. o
Promover la participación de padres y madres en la
gestión educativa, en especial en los ámbitos descentralizados, a fin de
lograr dar respuesta a las características específicas de las
comunidades educativas. 6.
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